Beijing | Las autoridades de la provincia de Shandong parecen no haber reparado en gastos para confinar a Chen Guangcheng -un disidente que estuvo preso, fue liberado, pero las autoridades no lo dejan salir de su casa- y a su familia, destinando millones de dólares para pagar cámaras de vigilancia, instrumentos para bloquear la señal de teléfonos celulares y equipos de docenas de hombres que vigilan todas las entradas del pequeño poblado en que vive, según cifras dadas a conocer por su esposa.
No se sabe quién logró pasar el video donde cuenta su historia, pero Ayuda China, una asociación cristiana de Texas que lo puso en línea la semana pasada, lo atribuyó a una "fuente gubernamental simpatizante". En el documento, la esposa de Chen, Yuan Weijing, describe tristemente las restricciones de su existencia. Los vigilantes observan por las ventanas o entran en la casa sorpresivamente; por las noches, una barra de hierro mantiene a la familia encerrada adentro de la casa.
Sus ancianos padres y su hijo no pueden visitarlos, su hija joven no puede asistir a la escuela y su esposo, que sufre de diarrea crónica, se ha visto impedido de consultar a un médico.
Grupos de derechos humanos afirman que la pareja fue golpeada duramente cuando el video se hizo público. En él, Chen revela que funcionarios le dijeron que su objetivo era provocarlo para que cruzara ciertos límites invisibles y les diera el pretexto legal para devolverlo a prisión. "Si ellos simplemente dicen que soy culpable, entonces soy culpable", afirmó. The New York Times