LOS PRIMEROS EXÁMENES

Bolsonaro, el peor evaluado y con expectativas en baja

En estos tres meses de gestión, el presidente muestra signos de desgaste.

Jair Bolsonaro junto con su esposa Michelle Bolsonaro. Foto: Reuters
Jair Bolsonaro junto con su esposa Michelle Bolsonaro. Foto: Reuters

El triunfo de Jair Bolsonaro significó un fuerte cimbronazo político en Brasil. El actual presidente asumió el 1 de enero con la promesa de grandes cambios, tras los 13 años de gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) y los dos últimos de Michel Temer, el exvicepresidente de la destituida Dilma Rousseff.  

Bolsonaro acaba de cumplir sus primeros tres meses en el gobierno, y la expectativa que se había creado en torno a su gestión ha bajado a niveles históricos. Es que Bolsonaro tiene la peor evaluación en los tres primeros meses de un mandatario desde la recuperación de la democracia en Brasil en 1985, según una encuesta divulgada ayer domingo.

El sondeo de Datafolha reveló un país dividido en tercios: el 30% de los brasileños considera que el gobierno de Bolsonaro es “malo o pésimo”, un 32% dice que es “bueno o excelente” y un 33% “regular”. Sin embargo, un 59% de los entrevistados tiene la expectativa de que hará una gestión “buena o excelente”. Antes de asumir, ese porcentaje era del 65%, según Datafolha.

La encuestadora, que entrevistó a 2.086 personas de más de 16 años entre el 2 y 3 de abril, dice que el índice de reprobación de Bolsonaro es el mayor de los últimos presidentes. Rousseff registró un 7% en 2011, mientras que su mentor Luiz Inácio Lula da Silva obtuvo un 10% en 2003. En su primer mandato, en 1995, Fernando Henrique Cardoso, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), registró un 16%. En 1990, Fernando Collor, tuvo un 19%. Collor terminó renunciando en 1992 en medio de denuncias de corrupción.

Meses de desgaste.

“No voy a perder el tiempo en comentar una encuesta de Datafolha, que dijo que iba a perder contra todo el mundo en la segunda vuelta” de octubre, dijo el mandatario al diario Folha de San Pablo. En Twitter, Bolsonaro ironizó con un apartado de la encuesta que revela que un 58% lo considera “muy inteligente”, frente al 69% y 85% que obtienen Lula y Rousseff respectivamente.

El sondeo de Datafolha confirma el desgaste del gobierno de Bolsonaro que ya había marcado Ibope el pasado 21 de marzo, que reveló que la aprobación del mandatario cayó 16 puntos, de 67% a 51%, en estos primeros tres meses, mientras que la desaprobación subió de 21% a 38%.

Bolsonaro, un exmilitar de 64 años que el próximo miércoles cumple cien días en el poder, fue electo en octubre de 2018 con el 55% de los votos válidos, frente a 45% para Fernando Haddad, del PT.

Pero su gestión se ha visto muy agitada en los primeros tres meses por varios episodios, entre ellos la revelación de que el oficialista Partido Social Liberal (PSL) recurrió a candidatos “fantasma” para recibir fondos electorales y las sospechas de irregularidades financieras de su primogénito, el senador Flávio Bolsonaro. También la falta de resultados económicos, las dudas sobre si conseguirá aprobar la vital reforma de las jubilaciones en el Congreso, y las pugnas entre distintos grupos de su gobierno pueden haber pesado en el desgaste.

De acuerdo a Datafolha, la aprobación de Bolsonaro es mayor entre los hombres (38%) que entre las mujeres (28%).

Por el nivel de estudios y estratos socieconómicos, la encuesta reveló que existe una polarización entre la franja de los que tienen estudios profesionales y son más ricos, donde un 37% y 35%, respectivamente, rechazan su gestión, y un 41% y 43%, respectivamente, la aprueban.

Entre los brasileños que tienen menores ingresos, solo un 26% considera como excelente o bueno su gestión.

Las promesas.

Desde que tomó las riendas de Brasil el 1 de enero, Bolsonaro sumó a sus promesas de campaña una serie de metas para los primeros 100 días de gobierno.

Bolsonaro reservó sus primeros viajes a Estados Unidos, Chile e Israel, como marca de la ruptura con la diplomacia de los gobiernos del PT, centrada en el acercamiento Sur-Sur.

En Estados Unidos, cerró con Donald Trump un acuerdo para lanzar cohetes norteamericanos desde la base de Alcántara, en el norte del país. Brasil eliminó además la exigencia de visas para estadounidenses, canadienses, japoneses y australianos, sin reciprocidad.

Bolsonaro había prometido trasladar la embajada de Brasil en Israel de Tel Aviv a Jerusalén, pero terminó instalando una oficina de negocios en la Ciudad Santa, ante las presiones del poderoso lobby agrícola, temeroso de perder mercados en los países árabes.

Bolsonaro prometió privatizaciones y concesiones, así como recortes presupuestarios para sanear las cuentas públicas. Las primeras licitaciones fueron exitosas, pero el proyecto de reforma de las jubilaciones tiene un despegue difícil.

La lucha contra la criminalidad y la corrupción fueron dos de las principales banderas de la campaña de Bolsonaro. El jefe de Estado firmó en enero una ordenanza que facilita la tenencia de armas y espera flexibilizar también el porte.

El ministro de Justicia, Sergio Moro, presentó un proyecto de ley para combatir en conjunto la corrupción, el crimen organizado y los delitos violentos. Sin embargo, la denominada ley anticrimen ha sido también un tema polémico entre el Ejecutivo y los parlamentarios.

La revisión de los manuales escolares, que a ojos de Bolsonaro propagan visiones marxistas y la “ideología de género”, fue otro de los caballos de batalla del candidato victorioso.

Mayoría no conmemora el golpe

La mayoría de los brasileños se opone a conmemorar el golpe de Estado. De acuerdo con un sondeo realizado por la firma Datafolha, el 57% de los brasileños consideran que el 31 de marzo de 1964 debe ser una fecha despreciada, mientras que un 36% está de acuerdo en conmemorarla, entre ellos, el presidente Jair Bolsonaro.

Un 7% de los entrevistados no opinaron. El domingo 31 de marzo se cumplieron 55 años del golpe que derrocó al presidente Joao Goulart, fecha que estuvo precedida de polémicas generadas por la decisión de Bolsonaro de “conmemorar” la fecha, algo inédito desde que el país recuperó la democracia en 1985.

Lula: “Puedo dormir con la conciencia tranquila”
El expresidente dijo que hay contra él una “persecución política”
Luiz Inácio “Lula” Da Silva. Foto: EFE

El expresidente Luiz Inácio Lula da Silva dijo que tiene la consciencia tranquila, en un artículo firmado por él y publicado ayer domingo por el periódico Folha de Sao Paulo, coincidiendo con su primer año en prisión.

En el artículo Lula señaló al presidente Jair Bolsonaro como el principal beneficiado de la “persecución política” en su contra. “Hace un año que estoy preso injustamente, acusado y condenado por un crimen que nunca existió. Cada día que pasé aquí hizo aumentar mi indignación, pero mantengo la fe en un juicio justo en que la verdad va a prevalecer. Puedo dormir con la conciencia tranquila de mi inocencia”, señaló Lula.

El exmandatario de 73 años, fue puesto tras las rejas el 7 de abril del año pasado por el juez Sergio Moro, quien entonces lideraba los procesos de la operación Lava Jato y que ahora es el ministro de Justicia y Seguridad Pública de Bolsonaro.

Lula fue preso acusado de recibir de la constructora OAS, a manera de soborno, un apartamento a cambio de beneficios contractuales con la estatal petrolera Petrobras.

Lula culpó además a la Corte Suprema de haberle negado un hábeas corpus presionada por “los medios, del mercado y hasta de las Fuerzas Armadas, como confirmó recientemente Jair Bolsonaro, el mayor beneficiario de aquella persecución”.

“Nada han encontrado para incriminarme: ni conversaciones de bandidos, ni maletas de dinero, ni cuentas en el exterior. A pesar de todo, fui condenado en un plazo récord”, dijo.

El expresidente se mostró preocupado con la situación de Brasil y señaló que en el país “los derechos del pueblo y de la ciudadanía han sido revocados” y se entregó “la soberanía nacional” a los extranjeros. Lula señaló que todo comenzó con el “golpe” que dieron a la expresidenta Dilma Roussseff durante su segundo mandato, y que según él fue un acto realizado en contra del modelo de desarrollo creado por el PT.

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