Los gobiernos de Brasil e Italia están involucrados en una fuerte disputa diplomática por la extradición de ex militante de extrema izquierda.
En su último día de mandato Luiz Inácio Lula da Silva decidó no extraditar a Italia a Cesare Battisti, un ex militante de extrema izquierda, condenado por asesinato y considerado como un "terrorista" por Roma.
Esto enfureció al premiere italiano Silvio Berlusconi, quien prometió el viernes continuar la "batalla" para obtener la extradición del ex militante de extrema izquierda Cesare Battisti, después que la cancillería anunciase que llamará a consultas al embajador italiano en Brasil.
"Declaro mi compromiso de continuar la batalla hasta que Battisti sea entregado a la justicia italiana. Este asunto no está cerrado: Italia no se rinde", aseguró Berlusconi en un comunicado.
"Expreso mi profunda amargura y mi pesar respecto a la decisión del presidente Lula de rechazar la extradición de Cesare Battisti pese a las peticiones insistentes (...) de Italia. Se trata de una decisión contraria al más elemental sentido de justicia", concluyó Berlusconi.
Italia anunció que llamará a consultas a su embajador en Brasilia, Gherardo La Francesca, así como la entrega por parte del diplomático de un mensaje a la nueva presidenta brasileña Dilma Roussef para que reconsidere la decisión de Lula.
Este mensaje, según el ministro de Relaciones Exteriores Franco Frattini, dejará "constancia de la firme determinación del gobierno italiano de recurrir a todas las vías legales posibles" e instará a Rousseff a que revise la decisión de Lula "y se ajuste a la sentencia del Tribunal Supremo brasileño".
Incluso el siempre discreto presidente italiano Giorgio Napolitano, un ex militante del Partido Comunista, dejó constancia de su "estupor y profunda amargura por la decisión (...) de conceder el estatuto de refugiado político al terrorista Cesare Bettisti".
Para Napolitano, la decisión de Lula "no toma de ninguna manera en consideración la sangre vertida y el dolor de las familias de las víctimas".
El ministro italiano de Defensa, Ignacio La Russa, manifestó que la negativa de Brasil es "injusta y una seria ofensa", y prometió todo lo posible para revertir la decisión.
"No quedará piedra sin remover en el frente legal... hasta que Brasil se retracte de esta decisión, que afortunadamente no es definitiva", agregó.
En una entrevista con el canal Sky TG24, La Russa agregó que "el hecho de que Lula esperase hasta el último día de su mandato muestra una falta de coraje".
Este conflicto diplomático será el primer desafío a resolver por la nueva presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, cuando tome posesión del cargo este sábado.
Battisti, que fue miembro del pequeño grupo italiano de ultraizquierda Proletarios Armados por el Comunismo (PAC) que mató a varias personas en la década de los 70, siempre clamó su inocencia por las acusaciones de asesinato y aseguró ser víctima de una "persecución política" en Italia.
En 1993 la justicia italiana lo procesó en ausencia por cuatro asesinatos atribuidos al PAC y perpetrados en 1978 y 1979, teniendo como testigo de acusación al líder de ese grupo que obtuvo beneficios por colaboración con la justicia. Battisti fue condenado a cuatro cadenas perpetuas, una por cada muerte.
Los familiares de las víctimas asesinadas por el PAC reaccionaron con enojo y frustración a la decisión de Lula.
Alessandro Santoro, cuyo padre fue asesinado en Udine (norte) en 1978, aseguró haberse quedado "sin palabras", aunque calificó la decisión como "un escándalo".
"Con esta decisión el presidente Lula se ha revelado como un cómplice de Battisti, ¡Un cómplice de asesinato!", clamó Adriano Sabbadin, hijo de otro asesinado en 1979.
"Mi familia y yo hubiésemos sido felices con que (Battisti) mostrase arrepentimiento, pero eso nunca ocurrió", añadió Sabbadin.
Alberto Torregiani, hijo de un joyero asesinado en Milán en 1979 por un comando del PAC, manifestó que el tiempo de la diplomacia se acabó: "Desde ahora usaremos el puño de hierro", dijo.
Todos los partidos italianos condenaron la decisión de Lula. La Liga Norte (extrema derecha), incluso, llamó a un "boicot total" a Brasil.
AFP