Ciudad Del Vaticano | El papa Benedicto XVI viajó ayer a la región central italiana de Abruzzo, devastada por el terremoto del 6 de abril, donde compartió el dolor con los damnificados, reclamó "casas sólidas" y lanzó un llamado a instituciones y empresas para que esa tierra "resurja". El Pontífice aseguró que la Iglesia no dejará solo a nadie en la reconstrucción y pidió que se levanten "casas sólidas", también por respeto a los muertos en el sismo. "Querría abrazaros con afecto uno por uno", dijo.
La primera etapa de su viaje fue Onna, un pueblo de 300 habitantes, 40 de los cuales perecieron en el terremoto, que se convirtió en uno de los lugares símbolo de la tragedia. "He seguido con aprensión las noticias, compartiendo vuestra preocupación y vuestras lágrimas", dijo el Pontífice, en su primer encuentro con los damnificados bajo una fuerte lluvia, y subrayó que la respuesta "no puede limitarse a la emergencia inicial, sino que debe convertirse en un proyecto estable y concreto en el tiempo".
Tras visitar Onna, el Papa se trasladó a la Basílica de Collemaggio y a la Casa del Estudiante, otros dos lugares símbolo del terremoto que acabó con la vida de 300 personas, y fue al cuartel de la Guardia de Finanzas de Coppito, donde se reunió con las autoridades civiles y religiosas y con cientos de personas. ANSA