PUERTO PRÍNCIPE | EL PAÍS DE
MADRID, ANSA Y AP
La impaciencia crece en Haití, donde una veintena de hombres intentó capturar un cargamento de alimentos destinado a las víctimas del sismo. Al mismo tiempo, aparecieron los padres de algunos de los niños que una organización intentó secuestrar.
Una veintena de hombres armados bloquearon un camino y trataron de secuestrar ayer un cargamento de alimentos para las víctimas del terremoto, pero fueron rechazados a tiros por la policía. El ataque al convoy que llevaba provisiones desde un aeropuerto en la ciudad sureña de Jeremie puso de relieve una situación que ONU califica de "potencialmente volátil" a medida que crece la impaciencia ante la lentitud de la ayuda desde el terremoto del 12 de enero.
La mayoría de las víctimas del sismo siguen viviendo en carpas hechas con sábanas y palos y los socorristas reconocen que no han llevado alimentos a la mayoría de los necesitados. En muchos campamentos se monta guardia durante la noche para impedir los asaltos de gente en busca de alimentos.
La policía haitiana ha acrecentado sus patrullas y acompaña a la ONU que vigila la distribución de alimentos.
Los muertos ya llegan a 200 mil, dijo el primer ministro Jean Max Bellerive, quien admitió que el gobierno "no puede aportar resultados".
Mientras los haitianos lloran a familiares y amigos, la furia por la lentitud de la respuesta oficial al alimenta los rencores políticos. Un acto colectivo de homenaje en torno de una fosa común se transformó en uno de los primeros mítines políticos desde el desastre, para denunciar al presidente René Preval y reclamar la vuelta del depuesto Jean-Bertrand Aristide.
NIÑOS. El sábado, 10 estadounidenses pertenecientes a una organización baustista llamada Refugio para Menores Nueva Vida fueron interceptados por la policía de Haití en la frontera con República Dominicana cuando intentaban sacar del país a 33 niños haitianos supuestamente huérfanos. La policía los envió a la cárcel acusados de participar en una trama de adopción ilegal y a los niños a las dependencias de la organización SOS Aldeas Infantiles.
"Los críos llegaron exhaustos. Una niñita de dos meses tenía casi 40 grados de fiebre. Y otra niña de unos ocho años no hacía más que llorar diciendo que ella no era huérfana y que tenía madre. La policía nos dijo de forma extraoficial que esa organización iba a cobrar hasta 10.000 dólares (unos 7.200 euros) por cada adopción. Uno de nuestros colaboradores, de 25 años, se echó a llorar cuando los vio venir porque nos dijo que a su hermano también los secuestraron hace años de forma muy parecida", dijo Edgar Orantes, coordinador de Emergencias de Aldeas Infantiles.
De momento, la madre de la niña que lloraba no podrá recuperarla. Otros tres padres han reclamado a cinco niños desde el sábado. Y Aldeas Infantiles les ha contestado a todos lo mismo: los 33 niños permanecerán bajo la tutela del Gobierno y al amparo de la ONG.
"Habrá que averiguar por qué los supuestos padres biológicos se desprendieron de los chiquillos", indica Orantes.
Una de las detenidas negó que intentase traficar con los niños, pero en Aldeas Infantiles no creen en las buenas intenciones de la organización y el Gobierno haitiano tampoco.