Asesina y aterroriza, pese a pocos recursos

Perdieron a su líder, sus puertos, sus puestos de control y su territorio. También perdieron a miles de hombres y gran parte del dinero. Carecen de transportes blindados como Boko Haram, de campos de amapolas como el Talibán, y de pozos petroleros como el Estado Islámico.

En la escala jerárquica de los principales grupos terrroristas del mundo, Al Shabab, opera desde su central en Somalia, con un presupuesto mínimo. Sin embargo, el ataque que perpetró contra una universidad en Kenia —país situado en el Este de África, con costa en el Océano Índico— mostró que se ha convertido en eficiente en una actividad terrible: los asesinatos masivos de bajo costo material.

En los últimos dos años, equipos de jóvenes pistoleros de Al Shabab han asestado golpes a lo largo de Kenia, contra un centro comercial, ómnibus y un pueblo costero, y hace diez días, contra una universidad, donde cuatro extremistas con armas de asalto asesinaron a 142 estudiantes.

En total, han masacrado a cientos de personas en una Kenia estremecida —un país que es una potencia económica y un pilar de estabilidad en el Este de África—, enviando unos pocos hombres con un puñado de armas livianas.

Pese a un gran esfuerzo militar internacional en los últimos años para retomar Somalia y expulsar a Al Shabab de sus bastiones, especialmente los puertos de la costa somalí, los combatientes de ese grupo han demostrado ser resilientes.

Al Shabab mostró con sus últimos ataques que no es cuestión de tener territorio. Los analistas dicen que tienen una existencia agotadora, moviéndose entre aldeas desoladas y viviendo de la tierra en uno de los terrenos más pobres del planeta. Todas las teorías de cómo frenarlos no han dado resultado.

Los combatientes de Al Shabab, en otro tiempo, aspiraron a mandar en Somalia y casi lo lograron. Entre 2007 y 2010 se afianzaron allí y llegaron a controlar más territorio que cualquier otra franquicia de Al Qaeda. Pero, cometieron el error de la soberbia y de creer que podían derrotar a una fuerza mejor armada de la Unión Africana. Perdieron cientos de combatientes en batallas callejeras en la capital, Mogadiscio, en 2010. Muchos abandonaron las filas. Los analistas estiman que su fuerza se ha reducido de 7.000 a 3.000 combatientes.

Al Shabab da golpes sangrientos en África y nadie logra frenarlo

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