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ENTREVISTA

Alejandro Corbacho: “En Argentina los valores democráticos están estirados”

“Muchos votarán al kirchnerismo, no importa lo que (sus dirigentes) hagan”, señaló a El País el director y profesor universitario argentino.

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Alejandro Corbacho.
Alejandro Corbacho, director y profesor de Ciencias Políticas de la Universidad UCEMA, Argentina.
Foto: Archivo

Alejandro Corbacho es una voz fuerte en análisis político-social en Argentina, consultado con frecuencia por distintos players en su país. Es director y docente de Ciencias Políticas de la Universidad del CEMA en Argentina, donde dirige también el Observatorio de Seguridad y Defensa de la institución. Asimismo es docente en la Escuela de Guerra Armada Argentina. Es master en Ciencias Políticas egresado de la Universidad de California del Norte y doctor en filosofía de la Universidad de Connecticut, EE.UU. Conversó con El País desde Buenos Aires.

-¿Cómo está el ambiente político-social en Argentina en estos meses previos a las elecciones presidenciales?

-La proximidad de las elecciones hace que los ánimos estén calmados, aunque no lo estén realmente. La posibilidad de elecciones evita o frena la posibilidad de algún conflicto fuerte en la calle. Esto lo vimos también hacia el final del gobierno del presidente Macri. Dada la situación de alta inflación que tenemos y de los hechos delictivos que ocurren a diario, que no pase nada, es importante.

Si miramos el modelo de Chile o el de Perú, eso no está ocurriendo. Los argentinos hemos aprendido, a partir de la experiencia del 2001 (“el corralito”), que echar a quien ocupa la presidencia es fácil, pero lo que viene después es complicado y puede ser peor. Entonces, el clima de hoy se ve mejor en ese sentido, porque hay expectativas de elecciones. El otro punto importante es la calle, los movimientos sociales son manejados por el peronismo, por lo que se refuerza la imagen de que ellos controlan.

-¿Piensa que hay calma por el hecho mismo de que habrá elecciones, no porque la gente piense que habrá cambio de gobierno?

- Es por el hecho de votar en sí. Desde la oposición piensan que esto puede cambiar, y desde el gobierno hay que entender lo que significa que hay un “gobierno bifronte”, de dos frentes. Es algo nuevo para nosotros. El kirchnerismo no se siente parte de este gobierno. Si bien ocupan cargos, obstruyen muchas decisiones y lograron desplegarse, ante un número importante de población, como que ellos no son responsables de la crisis, sino Alberto Fernández.

La oposición tiene que medir bien el impacto de la pobreza, la gente lo pasa muy mal. Y los valores democráticos están muy estirados y muy flexibles. Hay que tener cuidado con las expectativas de que luego de las elecciones las cosas van a cambiar. Por otro lado, el kirchnerismo piensa que si va con Cristina gana, pero el modelo del kirchnerismo es el modelo de Venezuela. La única diferencia es que no tiene el apoyo de los militares, y en este momento no tiene recursos económicos. Pero la calma que existe es por el horizonte de elecciones con alternativas, porque son elecciones libres. Acá no se vislumbra que las elecciones sean como las de Nicaragua o las de Venezuela. Esa es una diferencia muy grande que tenemos.

-¿A qué se refiere cuando afirma que los valores democráticos están muy estirados y muy flexibles?

- Sabemos que el kirchnerismo tiene una base electoral sólida y dura basada en la gente que recibe planes sociales. La ayuda social que no tiene contraprestación es una beca vitalicia. Cuando se definió era para aliviar el sufrimiento, pero ya vamos por la segunda generación de gente que recibe esa ayuda y esto quiere decir que nunca trabajaron, no formaron parte de una fuerza laboral y nadie los prepara. No hay aprendizaje en la ciudadanía, hay niños que nunca han visto a sus padres ir a trabajar. Y la situación es espantosa, hay gente revolviendo los tachos de basura, cartoneros, eso no es digno. Hace unas semanas se aprobó con bombos y platillos una moratoria impositiva por la cual 800 mil personas pueden incorporarse al sistema jubilatorio. Esa gente nunca hizo aportes o los hizo en forma insuficiente. Eso va a generar un agujero fenomenal para el siguiente gobierno. Pero lo que le importa a este gobierno es que estas personas que se ven beneficiadas, van a votar al partido que le entregó la ayuda. El problema es que en la Argentina hay mucho clientelismo, hay súbditos. A eso me refiero con valores estirados, flexibles, sin convicciones. Es preocupante el crecimiento de la Administración Pública, su colonización por parte de partidarios del gobierno y los planes sociales como están definidos. No todos tienen la visión de un país donde es tolerable la alternancia, donde la economía pueda ser libre.

-En América Latina, se está dando el fenómeno de que más que votar a candidatos con propuestas, muchos ciudadanos votan contra el gobierno, sea cual sea, para pasarle factura por los problemas. ¿Podría ocurrir eso en Argentina?

-Uno diría que le van a pasar factura al gobierno, pero volvemos al tema de que el gobierno está dividido. Se echan la culpa unos a otros y a gobiernos anteriores. Uno escucha hablar a la secretaria del kirchnerismo o a una ministra que critica al presidente como si ella no fuera parte del gobierno. Y además, el presidente no tiene capacidad de sacarlos. Según estudios de opinión pública, los ciudadanos no compran ese mensaje, entienden que son parte del problema. Pero el kirchnerismo en este momento tiene un piso electoral importantísimo. Se estima que entre el 25 %y 30 % de la gente que lo va a votar, no le importa lo que el gobierno haga. Si sigue el modelo de Venezuela, lo van a aceptar. Ahora, también los votantes en general quieren es cierta estabilidad económica, que no haya inflación, que no existan los grados de pobreza y miseria a los que llegó.

- Usted se especializa en temas de seguridad, ¿qué puede pasar en ese frente de ahora en más?

-Lo que quiero aclarar es que la proximidad de las elecciones actúa de contención social, pero la violencia social ha crecido, en el sentido de delincuencia, robos, asaltos y homicidios. El caso de la ciudad de Rosario es paradigmático, porque el narcotráfico se ha convertido en algo muy presente y problemático. En las zonas en las que el Estado se ha ido retirando, o donde no actúa, algún otro sí lo hace y se producen conflictos por el dominio de espacios. Eso va a seguir pasando. También sucede lo mismo en la economía. Por ejemplo, se habla de escasez de dólares, pero no se hacen inversiones que permitan la circulación de recursos como para generar mayor productividad en el país.

La grieta política y la pobreza creciente

“El mayor desafío en este momento es la famosa grieta argentina: hay dos grandes visiones opuestas de país. La oposición piensa en una economía de mercado con elementos de liberalismo, la idea de alternancia en el poder. Del otro lado, se apoya las elecciones, pero por ejemplo no reconoce realmente la división de poderes. En el kirchnerismo y el peronismo la tendencia es que el poder es total, y la separación de poderes es vista como una obstrucción que no debe existir. Eso se está viendo ahora en la batalla que está llevando adelante el gobierno argentino que le hace un juicio político a la Corte Suprema por sus fallos, lo cual es absolutamente inconstitucional”, dijo Corbacho desde Buenos Aires.

“En el caso argentino, la vicepresidenta de la República (Cristina Fernández) ha sido encontrada en juicios culpable por corrupción. Sin embargo, la idea es voltear a los jueces, al sistema judicial, porque no les gusta ese fallo, al que llegaron jueces que nombraron ellos mismos”.

“El gobierno llegó a decir que el Partido Comunista chino y el peronismo son iguales, lo que es absurdo porque, por ejemplo, en China no podemos hablar de sindicatos; son diferencias importantes. Ese es el desafío más importante de la política argentina: cómo logramos que las dos visiones de país converjan en algún punto para poder convivir, que es lo sostiene la democracia”.

“El otro desafío es que la clase política argentina, en estos 40 años (luego de la dictadura militar), ha destruido al país. Es un momento terrible de la historia, porque ahora tenemos democracia, pero con una enorme pobreza. En el mundo aparecieron figuras como Donald Trump, Jair Bolsonaro y otros candidatos en Europa que aprovechan el descontento social y llegan al poder con electorados enojados y no resuelven nada”.

“Habría que encontrar una fórmula para establecer un tipo de convivencia. Por supuesto que no es fácil, porque se juntan intereses particulares y personales muy grandes. Y el precio lo pagan todos los ciudadanos, porque terminan eligiendo a alguien que se presenta como un salvador, eso tiene un precio muy alto para la sociedad”.

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