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José Ignacio: la historia del pueblo pesquero que se convirtió en una vidriera al mundo

En la década de los 90 creció hasta convertirse en un balneario exclusivo. Mientras que en invierno residen menos de 100 personas, durante algunos días de verano el balneario es visitado por 4.000 turistas.

José Ignacio en sus comienzos. Foto: Eduardo Strauch, extraída de "Memorias con olor a mar"
Foto: E. Strauch. Extraída de "Memorias con olor a mar". VEA EL VIDEO 

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José Ignacio oscila como un péndulo. Para Luciana Núñez, el proceso que transita entre las distintas estaciones del año se asemeja al ciclo de la naturaleza: más introspectivo en invierno y más extrovertido en verano. O lo que es lo mismo, un pueblo de pescadores que no alcanza los cien habitantes en los meses fríos mientras que es una vidriera al mundo durante la época estival.  

Sin embargo, dice Núñez —maestra, residente del lugar hace más de diez años, autora del libro "Memorias con olor a mar" — el balneario logra mantener su esencia a pesar del barullo del verano: un pueblo tranquilo, austero, que deja ver las estrellas en la noche. 

José Ignacio nació pesquero. Sus primeros habitantes, hace más de 60 años, cultivaban durante el invierno y en verano se acercaban a la costa a hacer la zafra de la pesca. De hecho, los primeros turistas que llegaban desde Maldonado en carretas tiradas por bueyes visitaban el lugar con el objetivo de pescar. 

José Ignacio busca preservar su esencia de pueblo pesquero. Foto: Faustina Bartaburu/ Mateo Vázquez
José Ignacio busca preservar su esencia de pueblo pesquero. Foto: Faustina Bartaburu/ Mateo Vázquez

Hoy es un lugar de lujo. Así lo describen varios portales internacionales, así lo demuestran sus precios. En especial, a la hora de alojarse, con estadías que pueden alcanzar los USD 3.000 por noche. 

Para el alcalde del Municipio de Garzón, Fernando Suárez, José Ignacio es un balneario para todos. "Hay determinados lugares que son exclusivos, pero hay posibilidades para todos. En algunas cabezas se entendía que era un lugar privado pero no es así, es un lugar público que se fue tornando exclusivo". 

Sentido de comunidad

La tierra fue uno de los bienes que más se valorizó. Según explica Núñez, eso llevó a que varios locales vendieran la suya y emigraran a otro lugar. Así, la autora menciona a "los Machado" o "los Aispurú" como algunas de las pocas familias que permanecieron en el lugar y destaca el sentido de comunidad que logra permanecer a pesar de los más de 4.000 turistas que visitan por día el lugar en temporada alta. 

Luciana Ñúñez escribió "Memorias con olor a mar". Su suegro fue el creador de Popei, uno de los primeros restaurantes del lugar.
Luciana Ñúñez escribió "Memorias con olor a mar". Su suegro fue el creador de Popei, uno de los primeros restaurantes del lugar. Foto: Faustina Bartaburu/ Mateo Vázquez

Luciana Núñez habla bajito. Y José Aispurú dice que en José Ignacio la gente no grita, que es esa una de las características que hace a su encanto. Aispurú, propietario de uno de los comercios más antiguos y recurridos de José Ignacio, la Carnicería Manolo, se enorgullece en decir que es hijo de un pescador. Él, al igual que algunos de sus hermanos, decidió permanecer en el lugar a pesar del "boom" que el balneario tuvo durante la década de los 90.

Aispurú se crio rodeado de argentinos que llegaban a su pueblo en busca de esa exclusividad, los rosarinos parecen haber sido quienes desembarcaron primero y con más fuerza. Para el alcalde, pese a que los argentinos siguen siendo quienes más visitan el balneario, José Ignacio se convirtió en un lugar cosmopolita. 

Alquilar una casa en José Ignacio puede llegar a costar hasta USD 3.000 por noche en temporada alta.
Alquilar una casa en José Ignacio puede llegar a costar hasta USD 3.000 por noche en temporada alta. Foto: Faustina Bartaburu/ Mateo Vázquez

La Juanita para residir

Durante la temporada baja las familias que permanecen en José Ignacio son pocas. Sin embargo, en La Juanita, un balneario contiguo residen entre 400 y 500 personas. Muchos de sus habitantes prestan servicios durante el verano a José Ignacio. 

Es 27 de diciembre, mediodía, hace mucho calor y en "Lo de Vivi" no cabe un alfiler. El autoservicio que Viviana Bello maneja abastece a turistas, locales de La Juanita y muchos obreros que trabajan en construcciones de la zona. 

"Jose Ignacio es más top, La Juanita más de la gente que trabaja ahí", así define Bello la diferencia entre los dos lugares. La comerciante cuenta que prefiere brindar una opción "más básica y no matar a los clientes con el precio". 

"Hace 50 o 60 años esto no era ni parecido a lo que es ahora entonces a algunos locales le molesta que no se respeten ciertas normas. Pero son unos meses y a los comerciantes nos sirve para hacer la diferencia", explica Bello. 

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