Uruguayos viven en situación de tensión tras ataque de rebeldes

Congo. Milicianos locales jaquean a cascos azules, que protegen a civiles

 20120406 600x306

La situación de los cascos azules en el Congo se mantiene tensa pero estable. Los episodios de Kimua y el Sinaí dejan en claro que las misiones de paz de ONU no siempre son solamente una chance para mejorar la economía familiar.

"Calma tensa". Así define el Ejército la situación actual en Kimua, localidad del este del Congo donde el miércoles 4 los cascos azules uruguayos debieron soportar fuego cruzado debido a un combate entre las fuerzas de defensa del país y otro grupo armado, presumiblemente la milicia que se conoce como Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR).

El combate hizo que unos 200 civiles ingresaran al campo de refugiados dentro de la base "Charrúa" buscando la protección de los militares compatriotas. "La base uruguaya no fue atacada por fuego directo pero quedó entre el fuego cruzado de ambos bandos", explicó a El País el coronel Mario Stevenazzi, vocero del Ejército.

Las acciones cesaron aproximadamente a las 22 horas de ese día y luego los efectivos de la compañía "Alfa" perteneciente al Batallón "Uruguay IV" realizaron patrullas de reconocimiento para verificar la situación en la zona, así como mantener la presencia de la misión de Naciones Unidas en el área para proteger a la población civil de posibles violaciones a los derechos humanos, que es lo que suele ocurrir cuando hay milicianos rebeldes en la zona.

"La situación es aún tensa y continúa siendo monitoreada por el Centro Coordinador de Operaciones de Paz del Ejército", agregó el vocero, que precisó que los efectivos del Ejército allí desplegados se encuentran en buenas condiciones.

CASOS DISTINTOS. Uruguay tiene desplegados en distintas misiones de ONU a casi 3.000 efectivos de las tres fuerzas, y a pesar de que no en todos los casos hay situaciones de combate, con frecuencia ocurren. Eso muestra que participar en misiones de paz no es solo para conocer otras realidades profesionales y hacer una diferencia económica. Pese a esto, cerca del 75% del personal militar de todas las jerarquías ha participado al menos una vez en una misión fuera del país.

Salvo en Congo, el resto de los efectivos uruguayos participa en regiones menos convulsionadas. En Haití, Uruguay tiene unos 1.100 hombres. Allí los cascos azules tienen como oponente principal a las bandas de narcotraficantes y contrabandistas que hacen estragos en la castigada sociedad local. Aunque la situación no está exenta de riesgos, no suele haber enfrentamientos porque la presencia del militar patrullando calles o puertos tiene efectos disuasivos.

Y en la península del Sinaí, el agrupamiento de transporte que el Ejército tiene en una base de la zona noroeste rara vez es testigo de acciones militares. Son apenas 33 hombres pero hace poco vivieron una extraña situación cuando una banda de beduinos sitió el lugar por casi una semana. No hubo intercambio de fuego, y debió intervenir el embajador uruguayo en Egipto. Pero en el Congo -donde hay unos 1.200 militares compatriotas- la situación es distinta por la inestabilidad que se vive. Los momentos más riesgosos recientes fueron en enero, cuando hubo elecciones nacionales. Al parecer, cualquier elemento sirve a las milicias para mostrar su poder y asolar las aldeas civiles de las zonas más remotas, como Kimua.

Kimua es una localidad muy próxima a la frontera con Ruanda, hacia donde escapan los rebeldes luego de las incursiones armadas en las que no solo combaten sino que además saquean.

Allí, y precisamente debido a la presencia de grupos armados enfrentados, la ONU decidió enviar a los efectivos uruguayos. La base "Charrúa" se encuentra a dos horas por helicóptero de la ciudad de Goma, donde se concentra el grueso de los cascos azules. Fue instalada precisamente en territorio dominado por el FDLR.

La base está en medio de la selva africana y solamente se llega a ella por vía aérea. Fue instalada en abril de 2011 luego de los permanentes combates que ponían en riesgo a la población civil de varias aldeas, en ocasiones el objetivo de los milicianos.

Como ocurrió esta vez, los pobladores locales suelen "invadir" la base buscando protección cuando tienen noticias de la cercana presencia de los milicianos, tanto de las etnias hutu como de la tutsi.

HISTORIA ANTIGUA. El este del Congo es el territorio donde se entrecruza la acción de varias milicias desde hace años.

Uno de los principales es el FDLR, grupo extremista conformado por milicianos hutu, a quienes se les acusa de dirigir el genocidio de medio millón de tutsis en Ruanda, en 1994.

Los rebeldes se emplazaron en la selva después de ser perseguidos y echados de Ruanda ese mismo año, y establecieron bases en áreas remotas. Se les acusa de arrasar aldeas y aterrorizar a la población local.

Su presencia en esa zona del Congo ha dado lugar a la aparición de milicias contrarias, como las fuerzas de Laurent Nkunda, un caudillo tutsi cuyo prestigio deriva de su pretensión de defender a los aldeanos del FDLR.

Los dos grupos armados y varias milicias menores se disputan una zona boscosa, y el conflicto ha provocado un éxodo masivo de aldeanos.

El Ejército congolés es poco menos que una milicia. Es una fuerza poco profesional, mal entrenada y escasamente capacitada. Por eso, la forma que encontraron para hacer frente a milicias como el FDLR es apoyar la creación de fuerzas de autodefensa con la población local. Con armamento y preparación del Ejército local, en Kimua comenzó a funcionar uno de estos grupos y fue el miércoles cuando se midieron con el FDLR.

El riesgo por una mejora salarial

Muchos militares se anotan como voluntarios para las misiones de Naciones Unidas por una razón económica, además de profesional. La primera suele pesar más que la segunda. Las operaciones de paz son uno de los medios utilizados por las Naciones Unidas para mantener la paz y la seguridad internacionales. Dichas misiones están integradas por fuerzas internacionales bajo el mando de Naciones Unidas y contribuyen a apoyar la vigilancia y resolver conflictos entre países hostiles y/o entre comunidades hostiles dentro de un mismo país. El efectivo de las Fuerzas Armadas que participa recibe un suplemento de su salario mensual por integrar la misión, a lo cual se debe agregar un viático que paga Naciones Unidas en el área de misión. Para un soldado, la jerarquía menor en la escala, son aproximadamente US$ 1.000 más por mes. Las misiones, generalmente, se prolongan durante nueve meses.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar