GUSTAVO TRINIDAD
Amanece, la última estrella es testigo celestial de lo que pasa. La murga va a cantar junto a cientos de hinchas en un escenario de hormigón al fondo del Sindicato del Vidrio que desborda de gente hasta la calle. El director, Andrés Atai, debe dar la indicación de comenzar pero no puede. El llanto asoma a los ojos y la emoción le quiebra la voz. Lo intenta una y otra vez, siempre con el mismo resultado, no es un sentimiento que pueda dominar. Se lleva las manos a la cara y sigue llorando.
Esas lágrimas contienen la grandeza de la que es capaz el artista. Un acto de entrega, un esfuerzo supremo sin fines utilitarios. Un acto de amor que transforma en belleza el sentido de la vida, algo que solo el hombre puede hacer. Un pequeño organismo fugaz en medio del universo pero capaz de prodigar un amor que de alguna manera lo vuelve eterno.
Las lágrimas de Atai, director de Diablos Verdes, no son las únicas por supuesto, están en todos los que participaron arriba y abajo del tablado y mantienen muy viva esa fiesta inefable que damos en llamar carnaval.
Finalmente la murga cantó junto a todo el barrio y cantando salió a la calle bajo un cielo rojo que despertaba. No faltó nadie, la murga iba creciendo, durante la marcha más gente se sumaba. Algunos parecía que recién se habían levantado de la cama, seguros de que era mejor vivirlo que escuchar su relato. Niños, ancianos y jóvenes, cantaban los versos de la murga y caminaban escoltando la batería. "Murga es pueblo", gritó alguien y el comentario no podía ser más justo.
EN LA NOCHE. El carnaval se terminó y como de costumbre los resultado se fueron dando a conocer durante la madrugada de hoy. El primero en conocerse fue a las dos de la mañana para los parodistas Zíngaros y el último llegó con justicia para la murga Diablos Verdes a las seis de la mañana.
Antes la felicidad había llegado para la comparsa Cuareim 1080, que este año arrasó con cuanto premio pudo, basta recordar que fue la premiada de los dos desfiles de carnaval, la inauguración por 18 de Julio y Las Llamadas.
Los maragatos Sociedad Anónima sumaron dos años consecutivos llevándose la máxima distinción en su categoría de humoristas. En revista el galardón llegó para Talismán un grupo que salió por vez primera pero con gente de mucha experiencia en la materia. Como de costumbre hubo quejas y desacuerdos con las decisiones del jurado pero esto ya forma parte del folklore de la entrega de premios.
EL ESFUERZO. Curuaguaty está en el corazón del barrio Sur y es una pequeña calle empedrada cargada de la mejor historia del tambor. Ayer era difícil caminar por ella sin tropezar con alguien, la comparsa Cuareim 1080 había ganado el primer premio. Su director "Cachila" Silva de 55 años, hijo del mítico Juan Angel Silva, no paraba de abrazarse con todo el mundo. Las risas se mezclaban con el llanto.
Consultado acerca de lo difícil que era definir en palabras ese momento Silva expresó que no era difícil y que el secreto está en el esfuerzo del trabajo. "Estamos en algo que hicimos con mucho trabajo, sin descanso, buscando que cada cosa fuera lo mejor que podíamos dar y a la vez mantener una tranquilidad con nuestra conciencia. Soy de los que piensan que el sacrificio siempre da sus frutos y está es una prueba para mí", expresó Silva que además aseguró que ya hoy estaría trabajando para superar lo alcanzado.
LA NUEVA. Un fallo inesperado para muchos fue el primer premio otorgado a la revista Talismán. Un proyecto que abortó la pasada temporada pero este año dio el batacazo. "Tuvimos un periodismo adverso que por ser un grupo nuevo privilegiaban a los grupos más antiguos en sus comentarios pero lo que es justo se tiene que lograr", afirmó su director Luis Olivera.
"Este año estuve vacilando si participar o no en el carnaval pero pensé que valía la pena un nuevo esfuerzo", expresó Olivera, que es creador de la música y trabajó junto Víctor Lopreti una "leyenda viva del carnaval con 70 años", responsable de los arreglos corales.
Así fue que le propuso la idea a Angela Farias, quien hizo los textos, la puesta en escena y el diseño de vestuario. "En realidad hay una gran cantidad de personalidades que apuntalan esta revista joven pero con experiencia".
Luis Olivera cumplió 27 años de carnavalero. En todo este tiempo ha pasado por cuatro de las categorías: parodistas, revista, humorista y lubolos. Pero lógicamente lo que más le gusta y conoce es la revista.
La característica que diferencia a Talismán, según Olivera es su propia gente. "Hay gente que aunque tienen muchos carnavales encima se mezclan con una sabia nueva, un cuerpo de baile muy juvenil integrado todo por estudiantes de valé y gente de teatro de muchos años como Mary Da Cuña y Gastón Da Cruz, en esa combinación creo que está la diferencia". Esto no para acá aseguró Olivera que esperaba el premio.
Como en el escenario del Teatro de Verano el telón se cierra para esta temporada pero detrás de él miles personas empezaron ya hoy a trabajar para el próximo carnaval. La despedida de la murga siempre lleva la promesa de una vuelta: "carnaval volverá otra vez a encender tu alegría" dicen los Diablos Verdes en la retirada, que así sea.