Kiev - Un año después de la "revolución naranja" que lo llevó al poder, el presidente de Ucrania, Viktor Yushchenko, es testigo del declive de su popularidad y de la ralentización del crecimiento económico en un país que se acostumbra a la libertad y empieza a posicionarse en Europa.
"Estoy convencido de que no perdimos la oportunidad" de transformar Ucrania, pero el procedimiento es dolorosamente largo, dijo recientemente el ministro del Interior, Yuri Lutsenko, uno de los pilares de la revolución del invierno boreal de 2004.
Larebelión pacífica que ocupó las portadas de todo el mundo y permitió la elección de Yushchenko, antes en la oposición, no estuvo acompañada por milagros económicos o sociales, algo que decepciona a la población.
Un año después de ese hito, un gran número de ucranianos siguen viviendo en la pobreza y subsiste la corrupción.
Existe una "grave ruptura entre las obligaciones morales del nuevo poder y la forma como los hombres políticos se comportan", destaca el politólogo Vadim Karasiov. "La corrupción persiste; no se ha producido la separación del poder y el mundo empresarial", sostuvo.
Llena de contradicciones, la política económica del gobierno que prometía revisar las privatizaciones realizadas por el antiguo régimen desalentó a los círculos de negocios.
El resultado es consecuente: el crecimiento económico fue de 2,8% en los primeros 10 meses del año, contra 12,3% en el mismo período de 2004, y las inversiones extranjeras directas bajaron un 14% en el primer semestre con respecto al igual período del año anterior.
Uno de los errores más graves fue "la reprivatización y el debate sobre la reprivatización. Eso detuvo la economía", sostuvo Anders Aslund, especialista de las ex repúblicas soviéticas de la fundación Carnegie.
Finalmente, el equipo de gobierno se enfrascó en acusaciones mutuas de corrupción que terminaron en setiembre con la expulsión del gobierno de Julia Timochenko, uno de los símbolos de la revolución, y la ruptura de esta dirigente con Yushchenko, cuando se acercan las elecciones legislativas de marzo de 2006.
La avalancha de problemas y la falta aparente de voluntad política para resolverlos afectaron la imagen de "héroe de la revolución" de Yushchenko, cuya popularidad cayó de 72,8% de opiniones favorables en abril a 50% en octubre. El presidente nunca admitió una responsabilidad personal en la crisis.
Sin embargo, la revolución impulsó a esta ex república soviética de 48 millones de habitantes hacia otro mundo.
"Es absurdo evocar una traición de la revolución, tenemos aquello por lo que luchamos, una prensa y una oposición libres", el resto vendrá después, sostiene Vira Nanivska, directora del Centro Internacional de Investigaciones Estratégicas en Kiev.
"Ahora no se puede forzar a alguien a votar por tal o cual candidato", afirma por su parte el diputado Valentin Landyk, del Partido de las Regiones (oposición).
Y la prioridad número uno de Yushchenko, la adhesión de su país a la Unión Europea (UE), parece avanzar.
Ucrania debe obtener próximamente el estatuto de economía de mercado ante la UE e iniciar las negociaciones con Bruselas con vistas a liberalizar el régimen de visas para sus ciudadanos.
En un intento por calmar a los inversionistas, el nuevo gobierno del primer ministro Yuri Ekhanurov prometió poner fin a las "reprivatizaciones" y organizó con éxito la venta en subasta de la mayor fábrica de acero del país, Krivorijstal, adquirida por la cifra récord de 4.800 millones de dólares por el número uno mundial del acero, Mittal Steel.
"Hay serias señales (...) de un saneamiento general, político y económico", destaca el analista Karasiov.
AFP