Dra. Belegotti, Dra. Ceroni, Lic. Paciuk
Unidad de Psicología Especializada de UCM
La depresión como reacción psicológica a acontecimientos negativos es con alta frecuencia motivo de consulta médica; ya sea por sí misma o porque determina una variada sintomatología sin sustrato orgánico.
Algunos psiquiatras dudan en vincular depresión y suicidio aduciendo que el enfermo deprimido carece del impulso necesario para atentar contra su vida. Sin embargo, el acelerado y estrecho paralelismo estadístico entre ambas entidades estimula a investigar más la relación que existe entre ellas.
El término "depresión" se generalizó a través de la población que lo aplica sin un significado técnico. Se utiliza para estados de ánimo que no constituyen una patología psíquica sino una respuesta afectivo-emocional normal.
¿QUE ES? La depresión no es sólo sinónimo de desgano o de indiferencia. Como enfermedad implica algo más que lo que vulgarmente se conoce como "un bajón" o "la depre" como estado percibido como falta de motivación para actuar. Las características clínicas de la depresión-enfermedad permiten distinguirla de esos estados de ánimo banales, normales y transitorios. La enfermedad depresiva tiene dos condiciones especiales que son la intensidad de sus manifestaciones y la prolongación en el tiempo.
Existen reacciones emocionales fisiológicas como por ejemplo, el estado psicológico que sigue al fallecimiento de un ser querido, a un problema laboral serio, a una separación o a un quebranto de la salud física. En estas situaciones lo enfermizo consistiría en la ausencia de un estado de tristeza o de desánimo; lo patológico sería sentir alegría y festejar por haber sido despedido del empleo dos años antes de jubilarse. Esta alegría, y no la depresión, sería lo patológico pues implicaría un grave trastorno en el desapego afectivo de realidades, como la familia y el trabajo, a las que nos encontramos normalmente integrados. La enfermedad depresiva no debe confundirse con el proceso reactivo fisiológico que tiene lugar ante la adversidad o la pérdida.
Una característica principal de la depresión como fenómeno morboso es la prolongación excesiva de los síntomas que la desencadenaron. Resulta un ejemplo claro de ello el llamado duelo patológico que consiste en la prolongación excesiva, patológica, del estado de ánimo que normalmente sigue al fallecimiento de un ser querido. La tendencia a la cronicidad es la que plantea el diagnóstico de enfermedad.
En otros casos, aún en etapas tempranas de la reacción de tristeza, la intensidad de sus manifestaciones pueden también sugerir el inicio de un proceso morboso. Ello ocurre, por ejemplo, cuando se comprueba un descuido importante de las obligaciones familiares y laborales del paciente. Puede llegar, incluso, al descuido personal que le lleva a no alimentarse y a no higienizarse adecuadamente.
Aunque existen diversos grados de gravedad en el síndrome depresivo, aún en sus expresiones más leves se considera como un grave problema de salud pública, pues además de afectar al enfermo causa perjuicios al grupo familiar y a toda la sociedad comprometiendo la capacidad laboral y requiriendo múltiples esfuerzos sanitarios para su tratamiento.
SEÑALES. En ocasiones puede hacerse difícil distinguir los síntomas del estado fisiológico normal de tristeza, de los que expresan una verdadera enfermedad. Hay autores como Kraepelin que refiere que no es posible establecer diferencias radicales entre ambos tipos de tristeza, pero reconoce la necesidad de distinguir entre lo que llama "el comprensible mal humor o tristeza de la salud" y la "tristeza de la depresión" como expresión morbosa.
La tristeza de la salud se considera un sentimiento inherente a la naturaleza humana experimentado como una respuesta de tipo afectivo - emocional, transitoria y reversible, ante una experiencia negativa o penosa.
La tristeza de la depresión se caracteriza, fundamentalmente, por la permanencia y estabilidad de un estado de ánimo que el propio paciente percibe como diferente a la tristeza normal. Se caracteriza por una falta radical de esperanzas al no encontrarse objetivos que motiven la acción, en un estado que se prolonga y adquiere carácter de cronicidad. El paciente es capaz de percibir una falta de relación proporcionada con la experiencia negativa que ha sufrido, y suele tener conciencia de que se trata de una respuesta exagerada.
La enfermedad en ocasiones se asocia con irritabilidad y falta de capacidad para disfrutar de actividades habitualmente placenteras. Puede alterar el apetito, en general disminuyéndolo; otras veces aumentándolo para comer de más y aumentar de peso. El sueño también se altera. Lo más frecuente es el insomnio, con despertar precoz en las primeras horas de la madrugada. En ocasiones existe somnolencia diurna continua.
El síntoma central es la fatigabilidad o adinamia, expresada como pérdida de energía o cansancio, y tendencia a permanecer en cama. Ello determina un círculo vicioso que alimenta sentimientos de inutilidad y baja autoestima. A este ciclo morboso se asocia disminución de memoria y de la capacidad para concentrarse y para tomar decisiones. Suele experimentarse una sensación de culpa que lleva a los autoreproches y pensamientos de muerte e ideación suicida.
Factores desencadenantes
Se describieron factores biológicos alterados en la neurotransmisión cerebral y factores psicológicos de vulnerabilidad psicológica (algunos hereditarios). A ellos se suman factores sociales (como agentes estresantes exógenos) considerados con valor de desencadenantes. Los tres parámetros interactúan en proporción variable en cada individuo y para cada momento de su vida.
Desde el punto de vista psicológico la vulnerabilidad se expresa como una falta de capacidad de esperanza. El enfermo se encuentra sin capacidad para buscar objetivos, rodeado por un futuro que se le presenta como un horizonte clausurado e inmodificable. Las ideas de autoeliminación se presentan aquí como una alternativa que pretende poner fin a la falta de novedad, a la falta de estímulo en la búsqueda de objetivos que signifiquen esperanza.
Cuando existen trastornos psiquiátricos previos y/o asociación con consumo de drogas y alcohol, se comprueba que existe un aumento en los riesgos de autoeliminación.