Típica dieta criolla activa gen diabético

| Cientifícos hallan mutación genética por una dieta rica en grasas "trans". Afecta a uno de cada cinco compatriotas

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CARINA NOVARESE

Cada vez más adolescentes en Uruguay llegan a la consulta con problemas de obesidad que muchas veces se traducen en diabetes precoces. El 50% de los uruguayos sufren de algún tipo de sobrepeso, según la Encuesta Nacional Sobre Obesidad (ENSO).

Uno de cada cuatro niños también sufre sobrepeso y uno de cada diez es obeso de alto riesgo. La idea de realizar la investigación sobre las grasas de tipo trans y la dieta de los uruguayos surgió de la observación que realizó y realiza el endocrinólogo Raúl Pisabarro en su consulta; a ella llegan muchas personas con problemas de peso y pronto el médico advirtió una relación entre las grasas saturadas trans y la diabetes de tipo II.

Las primeras grasas son las que derivan de los productos animales, y sobre todo de los terrestres. Las grasas trans, por su parte, están presentes en buena parte de los alimentos que la vida moderna impuso sobre el ser humano. Entre otras cosas tienen este producto —que fue inventado por el hombre a raíz de la hidrogenación de los aceites vegetales— las galletitas dulces y saladas, los bizcochos, incluso los panes procesados para hacerlos más atractivos y ricos, las margarinas (a pesar de que no mucho tiempo atrás eran recomendadas como la mejor alternativa a la manteca), los snacks tales como papitas y demás itos y hasta el supuestamente inofensivo pop corn.

Es que todo lo que incluye en su composición shortening vegetal o aceite hidrogenado tiene grasa trans.

En esta categoría se incluyen también los alimentos fritos fuera de casa, porque es común que el aceite para freír se reutilice provocando entonces el desarrollo de grasas trans.

"Siempre había postulado que estas grasas alteran el metabolismo y generan diabetes pero no fue hasta el año 2000 cuando comenzaron a surgir ciertos estudios que me hicieron pensar en hacer algo nosotros", dijo el endocrinólogo Raúl Pisabarro, uno de los gestores de la investigación.

En 2001 varios estudios masivos que involucraron en total a unas 100.000 personas como sujetos de investigación, demostraron claramente que la ingesta de grasas saturadas está relacionada al desarrollo de insulino-resistencia —una enfermedad que precede a la diabetes— y a la diabetes tipo II.

También se comprobó que hay una relación inversa, protectora, entre el consumo de grasas monosaturadas y polinstaturadas —que están en los pescados y aceites vegetales líquidos, entre otros alimentos— y la diabetes.

En el mismo año un estudio realizado en Estados Unidos tomando a 80.000 nurses de ese país (a las que se investiga desde hace 16 años), confirmó otra relación negativa, en este caso la de grasas trans con diabetes. Pero la discusión continuaba.

Poco después los científicos arribaron a otro descubrimiento que puede resultar vital para el entendimiento de la enfermedad; existen grandes moléculas llamadas transciptoras, algunas de las cuales están destinadas al depósito de grasa en el cuerpo.

Una de ellas, que fue la estudiada por los uruguayos, es la PPARy y su función es determinar en qué lugares del cuerpo se deposita la grasa, algunos de ellos beneficiosos y otros perniciosos.

MUTACION. Según explicó Pisabarro, si la grasa se deposita en el páncreas el órgano resultará dañado produciendo diabetes y si lo hace en el músculo puede generar otra situación denominada resistencia a la insulina.

Las moléculas PPARy son las que impiden que situaciones como las anteriores se produzcan en el organismo. De cualquier modo hay casos en que las moléculas son desbordadas por la ingesta de grasas saturadas y trans, lo que también puede derivar en diabetes, enfermedades cardiovasculares y cáncer.

El estudio comprueba que más del 20% de la población caucásica presentan una mutación de la molécula.

A partir de esta realidad un investigador se planteó la siguiente hipótesis: ¿el tipo de grasa incide en la expresión de la molécula mutada?. Así descubrió que las personas con la molécula "rara" que comían grasas saturadas tenían más obesidad y más insulinoresistencia que quienes también portaban la mutación pero ingerían grasas monosaturadas.

En Uruguay, el biólogo molecular Carlos Sanguinetti desarrolló un mecanismo para detectar la mutación a través de estudios genéticos.

Pisabarro conformó un grupo con 56 personas que lo habían consultado por problemas de obesidad, aunque no todas presentaban sobrepeso y tenían diferentes niveles de grasa corporal. Para formar parte del estudio estas personas no debían ser diabéticos diagnosticados, no debían estar tomando ningún tipo de medicación que alterara el metabolismo de la glucosa y los lípidos y no podían haber seguido ningún tipo de dieta en el año previo. También se evaluó milimétricamente los gramos y tipos de grasa que consumían en sus dietas normales.

"Los uruguayos comemos muchas grasas trans porque nos gustan los bizcochos, galletas y golosinas", asegura el doctor Pisabarro. De esas 56 personas, un 21% tenía la mutación en la molécula clave y entre ellos la mitad exacta tenía elementos de diabetes.

Entre quienes no tenían la mutación, un 10% tenía diabetes o una situación previa que podía desembocar en la enfermedad. Por otra parte, en las personas con la mutación se comprobó un consumo desenfrenado de las grasas trans.

La importancia de esta comprobación, explica Pisabarro, es que permite afirmar que muchas de estas personas tal vez no llegarían a desarrollar diabetes si supieran que tienen la mutación y deben cuidarse desde pequeños. Desde su punto de vista sería aconsejable realizarse el test que detecta la mutación, no solo por el bien propio sino también por el de los familiares (ya que es hereditario). El estudio cuesta poco más de 60 dólares.

La conclusión parece simple, luego de meses de complicados cálculos: "si estas personas comen grasas trans tienen altas posibilidades de desarrollar enfermedades metabólicas como la diabetes, así como obesidad por el alto descontrol que generan estos alimentos. En cambio, si llevan una vida saludable, es mucho más probable que no tendrán problemas", dijo Pisabarro.

La segunda parte de esta investigación ya publicada abarcó a otros 117 pacientes, con los mismos parámetros. Los primeros resultados, presentados este fin de semana en el Congreso de Obesidad, confirman con más fortaleza la relación grasas trans-diabetes.

Los próximos pasos posiblemente tengan que ver con el mercado y los consumidores.

Pisabarro supone que es el "desconocimiento" el que hace que los fabricantes aún se basen en las grasas trans para hacer sus productos. La realidad es que la "adicción" que generan ya está estudiada y comprobada: cuanto más se come más se quiere. Tal como queda comprobado en la frase popular "me bajé el paquete entero".

Los envases ignoran la grasa trans

A la hora de detectar a las grasas trans, los expertos recomiendan fijarse muy bien en la composición del alimento que se está comprando. Si bien la misma no siempre aparece en los packagins de productos uruguayos, la tendencia viene imponiéndose al influjo de lo que sucede en otros países desarrollados.

Aún en el caso de que exista una tabla de composición también puede darse que las grasas trans no sean siquiera mencionadas. Para "desenmascararlas" se recomienda sumar los valores de las grasas saturadas, monosaturadas y polisaturadas (que sí suelen aparecer en el paquete). Si el número que da es menor al que aparece bajo la categoría "Grasas totales", lo que sobra corresponde a grasas trans.

La Asociación Estadounidense del Corazón recomienda que las personas saludables mayores de dos años limiten su ingesta de grasas saturadas (que provienen sobre todo de productos animales) y grasas trans a menos del 10% de las calorías que ingieren. Como medida práctica se dice que si se limita la ingesta de grasas y aceites a cinco a ocho cucharadas de té por día, es muy poco probable que se produzca un exceso de grasas trans.

Es bueno reducir el uso de aceites para cocinar que tienen un alto contenido de grasas saturadas o trans, tales como margarina, grasas animales o shortening. En cambio se estimula el uso de aceites tales como el de oliva, canola o lino.

Al mismo tiempo es aconsejable minimizar el uso de comidas empaquetadas que tienen grasas trans, así como ingerir productos animales menos grasos, o sus versiones bajas en grasas, tales como la leche o los lácteos descremados.

Buenas y malas

TIPOS. Existen diferentes tipos de grasas que consumimos diariamente. Algunas son consideradas "malas" para la salud y otras pueden ser hasta "buenas".

SATURADAS. Están presentes sobre todo en los productos animales tales como carne vacuna, lácteos, huevos y mariscos. También hay algunos productos de origen vegetal que tienen alto contenido de estas grasas, tales como el coco y el aceite de palma. Efecto negativo: aumentan el nivel de colesteral en la sangre así como el colesterol "malo" (LDL).

TRANS. Fueron inventadas por los científicos cuando comenzaron a "hidrogenar" los aceites vegetales para hacerlos más resistentes al proceso de producción de alimentos. Están presentes en gran parte de las comidas industrializadas (empaquetadas), incluyendo galletitas dulces y saladas, fritos producidos comercialmente, snacks, shortening vegetal y margarina. Efecto negativo: ya se comprobó que incrementan el riesgo de enfermedad cardíaca y ahora, con la investigación de Pisabarro y sus colegas, se comprueba que están relacionados con la diabe- tes tipo II.

MONOSATURADAS. Está presente en alimentos tales como nueces y aceites vegetales tales como el de oliva. Efecto positivo: hacen bajar el porcentaje total de colesterol en sangre, aumentando el colesterol "bueno".

POLISATURADAS. Están presentes en los pescados y el aceite de pescado, así como en el maíz, la soja, el azafrán y el aceite de girasol. También reducen el nivel de colesterol.

Tapa en las revistas top de ciencias

Un grupo de investigadores uruguayos presentará mañana en el V Congreso de Obesidad la extensión de una investigación sobre la relación entre grasas trans y la diabetes tipo II, que se estima afecta a un 10% de la población uruguaya.

El médico endocrinólogo Raul Pisabarro, el biólogo molecular Carlos Sanguinetti, el médico genetista Mario Stoll y el nutricionista Daniel Prendez, se convirtieron en unos de los escasos expertos uruguayos que lograron publicar una investigación realizada aquí en una revista científica americana. El artículo fue uno de los temas de tapa de la edición de setiembre de "Diabetes Care", el órgano oficial de la Asociación Estadounidense de Diabetes.

En la investigación se explica la relación hasta ahora no del todo comprobada entre un tipo de grasas que forma parte fundamental de nuestras dietas, las llamadas grasas trans, y el desarrollo del tipo II de diabetes, que es la que afecta al 90% de los diabéticos, generalmente en edades adultas. Pisabarro, profesor adjunto de Endocrinología, sostuvo que "el estudio además de ser el primero en su tipo demuestra que grandes problemas como los generados por la diabetes pueden prevenirse con un cuidado de la dieta desde la niñez".

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