Susana Mangana:"Hubo un excesivo romanticismo con los refugiados"

Susana Mangana Foto: Archivo El País
Nota a Susana Mangana, experta en islamismo y mundo arabe, ND 20150326, foto Darwin Borrelli - Archivo El Pais
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Problemas de adaptación que están teniendo?—A mí no me sorprende que haya tensiones, porque de donde venga el inmigrante carga mochilas muy pesadas.

—Los liberados de Guantánamo parecen no estar muy conformes. ¿Le sorprende los Evidentemente, no es lo mismo un migrante por razones económicas que tiene una necesidad perentoria de buscar trabajo. En este caso, ellos no solicitaron este refugio. Han vivido una situación muy dramática y esto ha debido dejar una marca imborrable en sus vidas, en sus cabezas, en sus psiquis, en sus formas de ver el mundo. También ha habido un excesivo romanticismo por parte de la sociedad uruguaya que entendía que como son refugiados que vienen de una cárcel, de sufrir todo tipo de humillaciones, iban a encontrar aquí un paraíso de libertad. En principio debe ser así, pero ya sabemos que una cosa es la teoría y otra es la realidad, el día a día.

—Entonces no hay que enfatizar tanto en que se integren…

—Pero, ¿a qué llamamos integración? Ellos llegan de una cárcel de 13 años, de no saber nada de su familia. Llegan a Uruguay, son recibidos con notoriedad por un lado y por otro con escepticismo de buena parte de la sociedad, porque siempre planea sobre ellos la duda de "bueno, ellos dicen ser inocentes pero ¿porqué los agarraron en Afganistán si son palestinos, sirios o tunecinos?". Entonces yo creo que estas personas se sienten bien en Uruguay, comprenden el gesto uruguayo, pero también tienen reivindicaciones muy claras hacia la comunidad internacional, hacia Estados Unidos

—¿Usted dice que no hay que ponerles exigencias?

—Yo creo que hay que exigir, claro que sí. Esto es un contrato entre ambas partes y como en todo contrato hay cláusulas que tienen que ser realistas para ambas partes. Tiene que haber un plan maestro para la integración de estas personas.

—¿No hay un plan?

—No me he puesto a indagar. Seguramente algunos lineamientos básicos tenía que haber. Cuando los médicos vayan certificando que su condición mental y de salud es la idónea para trabajar y para convivir con otras personas, pueden ir volviendo a adquirir hábitos de trabajo. Los ex detenidos pueden tener una reivindicación hacia Estados Unidos, mil y una quejas, pero aquí estamos en Uruguay, que los ha recibido de buena fe como sociedad. Es lógico pedir que contribuyan a su propio bienestar por su propio bien, con trabajo, con aprendizaje del idioma. Los árabes, en general, aprenden muy rápido los idiomas. Ellos también quieren estar comunicados, tras trece años de no saber nada de sus familiares. Tienen acceso a Internet, tienen Wi-Fi, tienen laptop. Ahora yo creo que esas son herramientas, pero lo básico que tiene que haber es un programa de aprendizaje del idioma y un programa de inserción laboral.

—Llamó la atención que le pidieran al gobierno municipal de Montevideo una mezquita.

—Creo que tenemos personas capaces de ayudar a acortar esas distancias para que ellos, cuando dicen que no hay una mezquita, sepan que hay centros de oración que se llaman "musala", que están instalados en los distintos centros islámicos que hay en Uruguay y en Montevideo, y por lo tanto no están impedidos del rezo comunitario, que yo creo que es lo que ellos quieren hacer los viernes. Lo pueden hacer perfectamente y cumplir con su religión. También hay que explicarles que con la masa crítica de musulmanes que hay en Uruguay, aparece la duda de si amerita construir una mezquita.

—¿Cómo evalúa la experiencia con los refugiados sirios?

—Estos refugiados son expulsados de un conflicto bélico, es totalmente distinto. Son personas de clase media o baja, son personas que no tienen vinculación directa con ideología o política alguna. Son familias. Pueden surgir las mismas fricciones vinculadas con los usos y costumbres, pero estas personas no manifestaron en ningún momento la necesidad de contar con una mezquita. Rezan en sus casas. Otra vez vuelvo a hacer hincapié en el excesivo romanticismo de la sociedad uruguaya, que puso muchos reparos a la venida de las familias sirias y después, cuando vio aquellas imágenes idílicas de los niños corriendo detrás de una pelota de fútbol, entonces estaba todo bien porque eran potenciales buenos uruguayos a futuro. El hecho de que sean refugiados no imposibilita que sean personas como nosotros, que se quieran alimentar, que quieren consumir lo mismo que nosotros. Es un problema nuestro de falta de conocimiento, de no haber prestado atención a las noticias que llegaban de Siria. Nos revela nuestra propia falta de interés por algo que es una catástrofe humanitaria, la más importante que tenemos en tiempos modernos. Doce millones de sirios dependen de ayuda hoy para poder sobrevivir. Es la mitad de la población del país que está desplazada de sus hogares. Yo creo que esto nos tendría que preocupar a todos. Nos debería sorprender a todos la inoperancia de la comunidad internacional ante este tipo de situaciones.

—Quizás la percepción desde aquí esté teñida por las acciones del Estado Islámico y se genere la impresión de que lo mejor es estar alejado de lo que ocurre en esa zona.

—Claro, pero es la pescadilla que se muerde la cola. Los grupos islamistas radicales se nutren de situaciones de frustración social, marginalidad y falta de oportunidades.

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Susana Mangana Foto: Archivo El País

Experta en temas islámicos

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