El tema conflictivo que desborda

Sube la temperatura en el Cabo Polonio

Está listo el Plan de Manejo para el Polonio pero los pobladores se manifiestan en contra

Postal: para los pobladores, todos los ranchos son parte del paisaje cultural que Uruguay vende al mundo. Foto: R. Figueredo
Para los pobladores, todos los ranchos son parte del paisaje cultural que Uruguay vende al mundo y sin embargo ahora quiere derrumbar. Foto: R. Figueredo

No hubo humo blanco en la última reunión realizada el 30 de noviembre entre autoridades nacionales y vecinos de Cabo Polonio. Pero a pesar de que sigue en pie un histórico conflicto de intereses, desde el gobierno continúa sosteniéndose que en estos días, antes de fin de año, quedará aprobado el Plan de Manejo de tierras para ese poblado costero de Rocha.

Allí hay poco menos de 500 casas y casi cien propietarios que discrepan con las bases de la reglamentación planteada por la Dirección Nacional de Medio Ambiente del Ministerio de Vivienda y la Intendencia local. El objetivo de la nueva legislación es liberar una zona bien orillera y se es inflexible con la precaria arquitectura erigida en el cordón rocoso que "estropea" el paisaje.

En ese espacio que pertenece al Estado serán demolidos 18 ranchos de bloques revocados de 50 metros cuadrados, a los que se sumarán otros ocho que están en suelos de una sociedad anónima, Gabasol. En el último encuentro entre pobladores y la Comisión Asesora Específica (CAE) no quedó abierta ninguna instancia más para proseguir con el diálogo. En cinco años deberá desmantelarse parte de la escenografía del balneario y por lo tanto, parte del sitio cultural.

"El 30 de noviembre hubo una nueva presentación del borrador del Plan de Manejo pero se volvió a reiterar cosas que habían sido objetadas en la anterior del 25 de octubre. Se habilitó entonces un período de 20 días para hacer observaciones y sin embargo ahora se planteó prácticamente la misma versión en términos sustanciales. Parece un diálogo de sordos", dijo a El País Medardo Manini, presidente de Gabasol.

El proceso de cara a la reforma de tierras que se presentó como una instancia participativa derivó en un camino de una sola vía, afirman los colectivos de Cabo Polonio. Para Manini, en la última ocasión hasta hubo retrocesos. El primero de éstos sería la desatención del llamado paisaje cultural. "Se restringe en cuanto al área que lo compone y en relación al propio concepto porque se dejan de lado elementos que hacen a la identidad del Polonio, la riqueza de la diversidad de pobladores, y se concentra el plan en los aspectos materiales", sostuvo Manini.

Después de años de litigio entre un privado y el Estado, Gabasol pudo pasar a convertirse en el nuevo propietario de 211 hectáreas, compró las tierras al anterior dueño y paga todos los impuestos nacionales y departamentales pero aparece inmerso en un problema dominial arcaico, que se da en Cabo Polonio y otros balnearios de Rocha. A Manini le importa sobremanera destacar eso porque cree que existe una concepción instalada y errónea según la cual se trata de un grupo de vivos que se apropiaron de tierras del dominio público.

"Por los predios de Gabasol pasan los camiones que ingresan, fomentados por la propia administración; nosotros podríamos cerrar hoy el Cabo Polonio y no ingresa más nadie, ni los transportistas ni los visitantes; podríamos entrar en un conflicto judicial; en una héctarea tenemos solo 80 casas, si eso es atentar contra algo indebido...¡por favor! Hemos sido más que respetuosos de la identidad del Polonio, hicimos bajadas a la playa, hemos sacado parte de monte, tenemos depósito de recolección de residuos, somo un actor proactivo en la construcción de esa identidad", afirmó Manini.

El arquitecto Luis Oreggioni, integrante de la ONG VCP (Vecinos de Cabo Polonio), explica a título personal que el origen del poblamiento no es menor en la zona puesto que tuvo relación con el padrón público, cuando un pequeño núcleo de pescadores rondaba por esas arenas mientras el viejo SOYP (ex Servicio de Oceanografía y Pesca del Uruguay reconvertido en ILPE) decidía empezar a realizar una faena de los lobos controlada. Como no sobraba mano de obra, para sostener la zafra el Estado promovió la llegada de montevideanos y dio razón y techos a los pescadores a fin de que se arraigaran y cumplieran con ese duro trabajo, que se mantuvo hasta la década de 1980, cuando habría dejado de rentar aquel producto no tradicional.

"Es un proceso muy complejo, que empezó con esa dinámica impulsada por el Estado, e integra problemas de tenencia de la tierra, de sucesiones, de privados que tienen ocupantes, de predios fiscales poblados a instancias de la administración pública, y de propietarios privados", comenta Manini. "Pero hasta el propio Estado tiene problemas dominiales internos porque por ley se establece un mandato imperativo para que un área protegida pase al Ministerio de Vivienda, y sin embargo no se ha podido transferir todavía los padrones del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca desde hace casi diez años, cuando el Polonio ingresó en 2009 al Sistema de Áreas Protegidas. Donde eran las loberías hay un desarrollo de la Dinara, que también tiene sus intereses creados", agregó.

Vivir sin agua ni luz eléctrica, rondando el faro, es parte de la cultura. Foto: R. Figueredo
Vivir sin agua ni luz eléctrica, rondando el faro, es parte de la cultura. Foto: R. Figueredo

El verde y las dunas.

En Cabo Polonio hay 1.400 héctareas forestadas y la Dinama prevé sacar 800 de raíz a lo largo de un lustro. El monte es el principal agente que atenta contra el sistema dunar y sobre todo contra sus cumbres. Nadie tiene dudas al respecto. Pero es otro problema surgido por acción del propio Estado, aunque en todo el parque nacional, que ocupa 3.400 hectáreas, tenga una minoría de la superficie en comparación con la propiedad de privados. El sector de viviendas que despierta polémicas representa por su parte solo el 1,5% de todo el parque.

"Si la tala del monte es prioritaria, una preocupación pública, el Estado no precisa un plan de manejo para hacerse cargo del retiro de su propio monte, que está dañando las dunas. Pero cuando uno mira cómo habla el intendente de Rocha, la operación estrella no es la tala de monte sino sacar 26 casas", indicó Luis Oreggioni.

Los pobladores actuales de Cabo Polonio se preocupan por hacer comprender eso: el Estado fue el que dio los primeros pasos en una especie de proto-ordenamiento territorial conectado a tareas productivas. Así colonizó las playas, cuando la gerencia de lobería instó a conceder casas, aunque dejando establecido lo que tampoco nadie cuestiona: de la puerta para afuera no existe la propiedad privada, no hay "jardines" con nombre y apellido, los predios son públicos, por los caminos sinuosos entre rancho y rancho cualquiera puede andar.

"Las casas que se quiere demoler guardan una larga historia; para decir que son inconvenientes se esgrime que tienen problemas de saneamiento pero eso se da en todo Cabo Polonio y es mitigable con resoluciones muy sencillas. Es un argumento forzado en relación a esas casas del borde costero", contó Oreggioni

Otro argumento, el del acceso público al borde rocoso parece darse de bruces con la identidad de Cabo Polonio, en donde lo atractivo es el paisaje cultural. "Es probable que hoy no construiríamos esas 26 casas que tienen el coraje de enfrentarse a la naturaleza", reflexionó el arquitecto. "Pero ellas dan cuenta de una sensibilidad asociada a una lógica de construcción impulsada por el Estado, una poesía de otra época, un pueblito espontáneo como los que admiramos en el Mediterráneo o el Adriático, una construcción cultural que da identidad y genera recursos".

Por el Polonio transitan 90 mil personas al año, y la contaminación de las napas freáticas se verificó solo en verano, según estudio del Clemente Estable. Para los entrevistados, ese drama se vincula más bien al turismo masivo de los hostels.

Advierten sobre daños peores en las costas

Con las fotos de las casitas que se quieren tirar abajo, el Ministerio de Turismo vende el Cabo Polonio en el mundo, señalan los residentes, que se dividen en originarios y permanentes, permanentes radicados hace dos décadas, y no permanentes, sean turistas de verano o comerciantes, algunos de ellos propietarios y otros, tenedores.

"El Plan de Manejo no da certidumbres ni a los pobladores, ni a los residentes ni a los propietarios. No involucra a la comunidad. Los realojos dependerán de estudios de impacto", dice Manini. Tampoco hay coincidencia con la superficie a adjudicar. Ante la premura por aprobar el Plan de Manejo, los pobladores aceptan que el tema lleva mucho tiempo sobre el tapete pero puntualizan que el Estado desapareció durante cuatro años, desde fines de 2013, cuando antes, entre 2009 y 2012 había contratado a una consultora que terminó elaborando un Plan de Manejo y otro de Ordenamiento Territorial.

Arquitectos, urbanistas y expertos en biología participaron en reuniones y también hubo asambleas con pobladores. Pero ese producto quedó desechado y no se hizo público por qué. Según los pobladores, ahora se impondrá un modelo estándar, no a la medida del Polonio, contraviniendo la ley al innovar sin saber qué daño mayor podrá sobrevenir.

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