"SALDO POSITIVO" 

A pesar de la crisis por el covid, llegaron más uruguayos de los que se fueron: ¿por qué?

“A diferencia de la crisis de 2002, la recesión actual fue más sectorial (turismo, transporte, gastronomía) y el problema del empleo fue planetario”, explica el economista Matías Brum.

Personas en el Aeropuerto Internacional de Carrasco. Foto: Archivo El País.
Personas en el Aeropuerto Internacional de Carrasco. Foto: Archivo El País.

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El uruguayo es propenso a irse del país. No es de ahora. Las distintas encuestas de opinión pública coinciden en que, con o sin crisis, cerca de la cuarta parte de la población adulta pensó alguna vez en abandonar Uruguay. Y cuando el bolsillo apremia, como sucedió en la crisis financiera de 2002, emigran familias enteras. Pero, contra todo pronóstico, los datos preliminares muestran que en la crisis actual, forjada por la pandemia, serían más los uruguayos que retornaron que aquellos que se fueron.

En los últimos tres años previos a la existencia de covid-19, fueron más los pasajeros uruguayos que entraron al país que los que se fueron. Según las estadísticas de la Dirección Nacional de Migración, en la pandemia el tránsito se redujo a la quinta parte pero no cambió la tendencia y, tanto en 2020 como 2021, se mantuvo el “saldo positivo” (como le llaman los demógrafos a la ingreso de más gente que el egreso). De hecho, el año pasado hubo unos 35.000 más entradas que salidas.

Entre los que se fueron, a su vez, la mayoría era población económicamente activa (entre 30 y 65 años) y casi no hubo salida de familias enteras.

Estos datos administrativos no permiten afirmar a ciencia cierta que la inmigración de compatriotas superó la emigración. Se trata de un mero trámite de saber cuántos pasan por un puesto migratorio sin contar el motivo de su viaje ni el tiempo de permanencia en otro país. Pero otros datos, sobre todo aquellos que provienen de los destinos extra regionales favoritos de los uruguayos y que cuentan con mejores estadísticas, dan alguna pista. Por ejemplo, cayó en el último año la cantidad de personas de nacionalidad uruguaya (y sin otra nacionalidad registrada) que residen allí (de 28.166 a 27.659). Y aunque la baja no haya sido abrumadora, da cuenta que se está ante un escenario bien distinto a la crisis de 2002.

Porque según el Instituto de Estadísticas español, entre 2002 y 2007 se quintuplicaron los uruguayos residentes y llegaron a ser el doble de los que se estima hay ahora (hubo retorno tras la crisis europea de 2008).

“Uruguay es un país con propensión a la emigración y las cadenas migratorias, los lazos con comunidades de otros países como España, son las que incentivan esa emigración”, explica la especialista en demografía histórica Adela Pellegrino. “En la crisis de 2002 eso movilizó a familias enteras”, pero ahora la situación parece haber cambiado. Porque por más que los lazos con España, Estados Unidos o Australia sigan existiendo, “la crisis derivada de la pandemia evidenció que no hay un lugar seguro para ir”, explica el economista Matías Brum. “A diferencia de la crisis de 2002, la recesión actual fue más sectorial (turismo, transporte, gastronomía) y el problema del empleo fue planetario”.

No solo eso: la celeridad con la que se adoptaron medidas para hacer frente a la crisis “hizo que la gente pensara dos veces si valía la pena el esfuerzo de irse, de pagar los pasajes, de empezar una nueva vida en otro destino”.

En la crisis de 2002, dice Brum, “se tardaron muchos meses en dar respuesta, ahora, en pandemia, se puede discutir si las medidas fueron las más acertadas, o no, se puede discutir si las soluciones tuvieron la intensidad deseable, o no, pero es indiscutible que a cinco días de la detección de los primeros casos con covid-19 ya había una batería de respuestas”.

En esa misma línea, la recuperación actual es más rápida que la salida de la recesión de 2002. Más de 300.000 personas fueron enviadas al seguro de paro. No obstante ello, más del 70% de las empresas no envió a nadie al seguro y el empleo está retornando a niveles pre-pandémicos. A los uruguayos les gusta emigrar, pero no cualquiera puede emigrar. Porque el solo hecho de tomar la decisión de planificar una vida en otro país (salvo cuando se está ante una catástrofe humanitaria) significa dinero y pienso. La actual crisis, en ese sentido, “golpeó más fuerte a los que menos tienen que no son los que primero se van”, dice Brum.

A eso se le suma la dificultad de moverse por las medidas restrictivas que impuso covid-19: decayó la emigración para estudios, a causa de un viaje turístico o por negocios.

Ahora que los países empiezan a levantar medidas restrictivas se abre la duda de cómo se dispararán los flujos migratorios. Las teorías demográficas dicen que las personas suelen migrar a países con renta más alta. Pero, como concluye Pellegrino, el covid-19 dejó demostrado que todo es impredecible”.

Una historia en movimiento a la sombra del Estado uruguayo

A comienzos del siglo XX miles de uruguayos se fueron a vivir a Argentina. Se sabe por el censo de población que se hizo del otro lado del Río de la Plata. En la década de 1960 empezó la emigración de uruguayos hacia fuera de la región: primero a Estados Unidos y luego a Europa. Se sabe por la información de esos países de destino. La demógrafa Adela Pellegrino estudió esos procesos y constató que “las políticas de incentivos de esos países de acogida fueron clave: en Estados Unidos hubo un crecimiento industrial en Nueva Jersey y varios uruguayos se fueron a la famosa industria Singer”. Casi en simultáneo retornaron a Italia y España algunos de los inmigrantes que había recibido Uruguay unas décadas antes.

Luego la dictadura aceleró la emigración y la crisis financiera de 1982 (la tablita) la intensificó. En ese entonces se achicó a casi la mitad la comunidad judía, según narra el sociólogo Rafael Porzecanski en su investigación El Uruguay Judío. La crisis de 2002 provocó un éxodo de familias uruguayas, con España y Estados Unidos a la cabeza dentro de los destinos preferidos.

Y tras la crisis financiera de 2008 - con la quiebra de Lehman Brothers- se dio un proceso de retorno. El demógrafo Martín Koolhaas consignó esos fenómenos usando como base los registros de otros países.

Sucede que Uruguay carece de datos sólidos para el estudio migratorio. La Encuesta Continua de Hogares no releva con precisión estos aspectos -de hecho no toma en cuenta los cientos de inmigrantes que viven en pensiones- y los datos administrativos, tal como estás abordados, no son concluyentes.

Por eso el Instituto Nacional de Estadísticas está analizando los microdatos administrativos (representan el menor nivel de desagregación de los datos en una operación estadística) a efectos de poder cuantificar los fenómenos migratorios.

Más de 16 mil se ampararon al beneficio de retornar

Volver a casa tiene sus ventajas, no solo afectivas. La Oficina de Retorno y Bienvenida atiende a los uruguayos que retornan en forma definitiva al país y se amparan a la normativa. Eso incluye, por ejemplo, la garantía de alquiler del Ministerio de Vivienda, la conexión telefónica y la capacitación en oficios. Quien retorna tiene el derecho de introducir bienes libre de todo trámite cambiario y exento de toda clase de derechos de aduana. Desde 2011 fueron 16.532 los uruguayos que se ampararon en esos beneficios.

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