Las ansias de ganar

Las palomas que son atletas

Los colombófilos cuentan cómo es convivir con las aves y su arraigo a la competencia.

Extraviadas: Terra afirma que se pierde, en promedio, un 10% del palomar por año en las competencias. Foto: Darwin Borrelli.
Terra afirma que se pierde, en promedio, un 10% del palomar por año en las competencias. Foto: Darwin Borrelli.

La primera paloma mensajera que Luis Terra consiguió fue una que compró su padre en un remate por consejo de un colombófilo amigo, pero resultó ser de "músculo duro, fibra corta" y no apta para vuelos largos. Nunca sirvió para competir pero su cría sí.

Era la mimada del actual presidente de la Federación Colombófila Uruguaya (FCU) y la bautizó "La Bailarina". Los niños suelen ponerle nombre a su favorita, y la eligen en función del color. La Bailarina era escamada y con plumaje blanco.

En la azotea de Terra hay 100 palomas pero él solo recuerda el número de aquella: 41231. Es que a cada ave se le coloca al nacer un anillo en su pata que permite identificar edad y origen: contiene la sigla de la federación, el año de nacimiento y el número de cédula.

En Uruguay se anillan alrededor de tres mil pichones por año, y cada anillo vale $25. Se calcula que los 60 colombófilos afiliados a las sociedades de Montevideo (Manuel Quintela, Chasque, La Valiente Mensajera, Salto y Carmelo) acumulan 12 mil palomas mensajeras.

Su alimentación debe ser sana y balanceada. La mayoría come granos (maíz, girasol o trigo), otros les dan lino, soja, arvejas o cártamo. Se aconseja que ingieran proteínas, minerales y calcio. Terra opina que es un hobby barato. Alimentarlas cuesta $50 diarios. El monto se duplica si se agregan los costos de sanidad y limpieza.

La higiene depende del criterio del colombófilo. Raúl Rodríguez, pentacampeón intersocial, limpia su palomar todos los días, y pasa una aspiradora especial, que apoda Ultratón, en la moquet. Está tan pulcro que se puede entrar descalzo.

La FCU es parte del Ministerio de Deportes, y "pelean" por ser reconocidos a nivel olímpico en el mundo. La Federación estaba "desmantelada" cuando Terra asumió la presidencia cinco años atrás. No tienen sede y lleva un lustro hablando con la Secretaría de Deportes para conseguir un lugar de referencia donde reunirse. "Tiene que haber una AUF que no sea ni de una sociedad ni de otra".

La carrera más larga es a Bella Unión. El sueño de los colombófilos es poder correr una entre uruguayos y argentinos pero la sanidad de ambos países no lo permite.

La colombofilia se contagia de generación a generación. En Europa se estila ofrecer pasar al palomar de la casa a los invitados, ya que la paloma es considerada un miembro de la familia, como aquí el perro.

Palomares: la higiene queda a criterio de cada colombófilo. Algunos eligen limpiar y aspirar todos los días y otros una vez por semana. Foto: Marcelo Bonjour.
Palomares: la higiene queda a criterio de cada colombófilo. Foto: Marcelo Bonjour.

Fieles.

El vínculo entre la paloma y su dueño es de un entendimiento absoluto. Hay algunas "ariscas", pero Terra dice que a las suyas "les falta hablar": se le posan en los hombros y conocen sus movimientos de memoria. No le gustan los colores chillones, así que usa ropa oscura para acercárseles. Si entra con un atuendo diferente no lo identifican.

Dice que es fácil encariñarse con estas aves que tienen un aspecto físico hermoso y bien distinto a las que se ven en las plazas: "Están limpias, sanas, replumadas y en un ambiente controlado".

Es capaz de reconocerlas en el aire. "Hay gente que me dice, son todas iguales. Y no hay ninguna igual a la otra. Incluso en su forma de volar".

El entrenamiento para la competencia es físico y mental. Deben volar una hora por día. Esa rutina es cuasi terapeútica para los colombófilos ya que les sirve para desestresarse.

Hay un ejercicio para "despertar su cabeza" que consiste en soltarlas desde diferentes puntos y distancias a fin de que multipliquen su capacidad de volver lo antes posible a su casa. "Se orientan aunque no las entrenes. La llevás por primera vez a cualquier lugar y vuelve por inercia a su sitio de origen. Es inexplicable, no se descubrió la razón científica, pero la paloma vuelve al lugar donde nació, se crió y aprendió a volar", enfatiza Rodríguez.

Al actual campeón se le eriza la piel cuando habla de los retornos. "Se me han caído las lágrimas de la emoción al verlas volver de una carrera difícil".

En la casa de los Borrelli se organizaban almuerzos familiares para esperar la llegada de estas aves en la azotea. Darwin Borrelli recuerda la cara de felicidad de sus hermanos menores al verlas aparecer en el cielo: "Para ellos era una fiesta".

Barcelona: el difunto Mario Poppa, expresidente de la Federación internacional, junto a Luis Terra.
Barcelona: el difunto Mario Poppa, expresidente de la Federación internacional, junto a Luis Terra.

Valor.

Se corren 24 carreras desde marzo a noviembre. Cada colombófilo elige diez palomas para la competencia y se llevan a encanastar todos los jueves. Algunos les colocan un anillo que registra hora y distancia recorrida para el posterior cálculo a velocidad que permite conocer el ganador. Otros usan un sistema electrónico que funciona a través de un chip. El Ejército traslada a las palomas desde las sociedades a las agencias cada viernes. Y el sábado se sueltan desde distintos puntos.

"Se estima el horario de llegada y uno se para como un soldadito a esperarlas. Siempre anda un hijo o un hermano en la vuelta que acompaña", comenta Terra. El deseo de ganar es tal que es difícil que un rival te felicite. "Hay celos", dice.

Terra corrió veinte años sin lograr un primer premio. En 1991 se recibió de ingeniero agrónomo, se dedicó de lleno a preparar sus palomas y al año siguiente salió campeón.

Bélgica es para el colombófilos como la "Fórmula 1". Cuando los Terra se enteraron que llegaba un lote de palomas importadas de ese país no dudaron en comprar una. La pagaron U$S100 en los ochenta, y "nunca dio nada pero era la expectativa". Tuvo un pichón que tampoco compitió y al poco tiempo se les escapó la original.

Orgullo.

Era un día de mucha niebla en ultramar y el padre de Raúl Rodríguez vio caer un ave con un anillo en su barco. Navegaba cerca de Las Malvinas y la cuidó varios días para llevársela a su hijo Raúl, de 7 años. El regalo de su padre le despertó curiosidad por las palomas mensajeras. Vivió dos años en Mar del Plata y decidió unirse a la Federación. Tiene 57 años y compite hace cuatro décadas. Lleva 60 campeonatos ganados a nivel de social e intersocial en distintas categorías: pichones, de media y larga distancia. Hace un lustro que levanta la copa. Tiene cinco palomas anillo de oro pero Nube es su orgullo: fue reconocida por la Asociación Ibero Latinoamericana de Colombofilia como la mejor paloma en competencia en 2016 y 2017. El año pasado corrió 12 carreras y salió primera en seis. "En más de 20 años nunca había tenido una como esta. Es una súper paloma. Entrena como todas las demás pero es algo fuera de lo común. Ganadora neta". Rodríguez asegura que requieren los mismos cuidados que un atleta o que los caballos de carrera. "Tienen que estar inmaculados. Los tocás y parecen de seda. Tienen que estar como esos caballos que brillan: impecables".

Primer nido.

Daniel, de 10 años, vio pasar una paloma por la vereda, le asombró que tuviera un anillo en su pata y se la llevó a su padre, Hugo Borrelli. Apenas éste la vio recordó el libro Rayito Azul que había leído en su niñez y trataba sobre palomas mensajeras. Averiguó en la FCU quién era el dueño para devolvérsela, y resultó que vivía a cuatro cuadras de su casa. El vecino se la regaló junto a un macho, y otros dos casales. Hugo se entusiasmó, armó un palomar en la azotea con cajones de repuestos de auto y crió 100 aves durante una década. Darwin, hijo de Hugo, recuerda que cada tanto una de las palomas regaladas se escapaba a la casa del vecino porque "vuelven al lugar donde aprendieron a volar". Hugo se mudó en 1997, tuvo las palomas un año más hasta que decidió regalarlas a sus amigos colombófilos. Nunca pudo desprenderse del todo de ellas: se le aparecían en la azotea y como no había palomar se posaban en alguna antena a hacerle compañía. Tenía que asustarlas para echarlas.

La campeona y la mejor cotizada por 400 mil pesos

Los palomares son estructuras arcaicas hechas en chapa, ladrillo, madera y otros materiales útiles para contemplar cuestiones térmicas. Pueden estar en el jardín, el fondo o la azotea de la casa. "Nube" pertenece al actual campeón, Raúl Rodríguez, y fue galardonada como la mejor paloma por la Asociación Ibero Latinoamericana de Colombofilia. Luis Terra tuvo en sus manos a un hijo de la famosa Mickey Mouse. Los japoneses ofrecieron $400 mil por esa paloma fallecida a los 18 años, pero su dueño, Márquez Prat, no la quiso vender.

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