ASÍ SE VE A LOS INMIGRANTES

El “muro invisible” que edificaron cuatro de cada diez uruguayos sobre la inmigración

Un 40% de la población dice que la llegada de extranjeros no beneficia a la economía y la cultura uruguaya, según una investigación

Pescador filipino en el Puerto de Montevideo. Foto: Fernando Ponzetto
Pescador filipino en el Puerto de Montevideo. Foto: Fernando Ponzetto

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En el país del chivito canadiense, la milanesa napolitana y cuya principal bebida (el mate) es de origen guaraní, cuatro de cada diez piensan que la cultura se ve afectada por la inmigración.

En el país en que El Negro Jefe dijo que “los de afuera son de palo”, pero luego se casó con una húngara y en el que Mario Benedetti le dedicaba cuentos a los montevideanos, aunque él había migrado desde Paso de los Toros y sus padres eran paraguayos, cuatro de cada diez entienden que la llegada de extranjeros no beneficia la economía uruguaya.

En el país del “naides es más que naides”, un tercio de los menos educados, la cuarta parte de los que no les interesa la política y de los cabildantes piensa que los inmigrantes acentúan la delincuencia.

La versión uruguaya del Comparative Study of Electoral Systems -un proyecto que analiza la marcha electoral en 58 países y que en Uruguay lideró la Universidad de la República y la consultora Factum- tira por la borda aquello del Uruguay libre de xenofobia. Porque aun cuando no se quiera instalar un muro en la frontera o no se vean locales impidiendo el arribo de balsas desde el mar, la opinión pública parece manifestar cierto rechazo al aporte de los inmigrantes.

“Estos datos ponen a prueba aquel ideario colectivo del país de brazos abiertos”, dice la cientista política Lucía Selios, una de las responsables de la investigación. Como si se estuviese construyendo un “muro invisible” que tiende a dividir los unos de los otros.

Se trata de un rechazo que queda más de manifiesto entre los menos educados, los más pobres, los del interior y los más adultos. ¿Por qué? Porque “a medida que se desciende en el nivel educativo, se tiende a posturas más conservadoras”. Y desde ese conservadurismo “se tiende a ver a la inmigración más como una ‘amenaza’ para la economía (especialmente vinculado al trabajo) y a la cultura tradicional predominante”, sostiene el sociólogo Eduardo Bottinelli, de la consultora Factum.

De hecho, entre aquellos que apenas alcanzaron Primaria, más de la mitad (52%) piensa que los inmigrantes no son buenos para la economía del país y casi la mitad (45%) sostiene que la cultura se ve afectada por la llegada de extranjeros.

Tania Pacífico, jefa de la misión de la Organización Internacional para las Migraciones en Uruguay, reconoce que los sectores más pobres y menos educados “tienden a ver al inmigrante como una competencia que no se percibe como leal, aun cuando ni siquiera compitan”. Pero explica que también incide el desconocimiento.

“En Montevideo es más probable encontrarse con un inmigrante reciente que en el interior, lo mismo en un trabajo de mucha interacción humana, o los profesionales, y ese conocimiento del otro es lo que facilita que se caigan los prejuicios: ‘todos los musulmanes son así’, ‘todos los cubanos son asá’”.

En ese sentido, agrega la especialista, “el conocimiento también permite sacar conclusiones más profundas: los estudios indican que la inmigración aporta para la economía, el recién llegado rejuvenece el mercado laboral, contribuye a la seguridad social y un montón de etcéteras, pero, para entender eso, hay que conocer, hay que estar formado”.

Lo mismo ocurre con el vínculo entre el extranjero y el crimen. En Uruguay es mínimo el porcentaje que percibe que los inmigrantes incrementan la delincuencia (solo el 16%, cuando en Argentina es casi el doble). Pero entre los menos educados el guarismo asciende a 32% y entre los universitarios cae al 5%. ¿Por qué? “Porque para saber que el porcentaje de uruguayos que están involucrados en delitos graves es más alto que la media de población inmigrante, hay que conocer las estadísticas, investigar y no sacar conclusiones a la ligera”.

En la década de 1990, cuenta la politóloga Selios, las encuestas de opinión pública en Europa evidenciaban un escenario similar al uruguayo: “Un porcentaje para nada despreciable de la población no veía con buenos ojos a los inmigrantes y eso era más notorio entre los menos educados”.

Pero “luego eso fue permeando en la oferta política y fue incidiendo en el voto hasta llegar a lo que ahora se ve en países como España e Italia”.

La encuesta liderada por UdelaR y Factum revela que, a diferencia del nivel educativo, el voto partidario no parecería ser tan determinante en la visión sobre la inmigración. El partido que tiene mayor porcentaje de votantes con cierto rechazo al extranjero es Cabildo Abierto (el 51% piensa que no favorecen la economía, el 46% que perjudican la cultura y el 24% que aumentan la delincuencia).

“En el voto de Cabildo Abierto, con una fuerte visión nacionalista (artiguista), el tema migratorio parecería tener cierto valor… algo así como que el sentir uruguayo podría ponerse en riesgo. Pero, por ahora, es muy incipiente y, tal vez, en la próxima elección la temática inmigratoria tenga mayor peso”.

Y la crisis económica podría ser, en ese sentido, un punto de inflexión. Ocurre que la encuesta fue realizada antes del COVID-19. Pero tras el envío a seguros de paro, despidos y achique del mercado laboral, “es frecuente que la xenofobia latente se vuelva manifiesta”, explica la académica Selios.

Aunque no se haya vuelto a realizar la encuesta, y pese a que en la Comisión de Lucha contra la Discriminación solo han entrado siete denuncias en lo que va del año, “las expresiones xenófobas están siendo más visibles y eso es un indicador”, dice la representante de OIM en Uruguay.

“Nos ha pasado de recibir comentarios de inmigrantes que en la búsqueda de trabajo se encuentran con frase del estilo: ‘para este puesto buscamos uruguayos porque hay contacto directo con clientes’”. O bien, “nos han reportado de personas en frontera que no quieren alquilar su casa a inmigrantes”. Y eso, explica Pacífico, “deja expuesto al migrante a una mayor vulnerabilidad”.

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