La Estación, centro diurno de la IMM, donde 32 ancianos sin hogar pasan sus tardes

La Estación. Foto: Marcelo Bonjour.
Espacio GenerAcciones, espacio sociocultural dedicado a integrar, recrear y capacitar en diferentes tematicas a adultos mayores en Montevideo, oficinas ubicadas en Arenal Grande y Mercedes, ND 20220422, foto Marcelo Bonjour - Archivo El Pais
Marcelo Bonjour/Archivo El Pais

“NO QUEREMOS QUE SEA UN DEPÓSITO”

Muchos aseguran que la pandemia los empujó a la calle y se quejan que el gobierno no los ayuda para salir de esta situación.

Suena Every Breath You Take y alguien pregunta quién es. Le responden que es The Police y siguen la letra. “Yo soy músico, tenía una banda”, dice Darío.

También menciona que cenó tallarines con tuco con Fito Páez y Fabiana Cantilo, que casi fue telonero de Los Abuelos de la Nada y que tenía una camiseta firmada por Serú Girán (entre ellos Charly García), pero esta se perdió “en el viaje” de su vida. Tuvo problemas con el alcohol, terminó en la calle y hasta pensó en la autoeliminación cuando pasó “horas y horas sin hacer nada”.

Las tardes Darío las pasa en el centro diurno La Estación, de la IMM. Allí son 32 los adultos mayores de 60 años, divididos en dos turnos, los que pasan parte del día jugando al tejo, tienen gimnasia adaptada, talleres de arte, de derechos humanos, de enfermería. Hoy iban a ir al Planetario de Montevideo, pero no saben por qué se suspendió.

Inaugurado en junio de 2020 y gestionado por la cooperativa Andamiantes, el centro trabaja para “generar un espacio en donde se restablezcan derechos tales como conseguir la jubilación, una vivienda o acceder a sanidad”, asegura el director de la Secretaría de las Personas Mayores de la IMM, Leonardo Molinelli. Y agrega: “No queremos que sea un depósito”.

En La Estación alguien pide que pongan a Sting. Y suena alto. Las miradas se clavan en la televisión y el videoclip que transmite a un joven Gordon Matthew Sumner cantando. Cuentan que el centro es “único”, que nunca vieron algo igual. Cristina dice que muchas veces lo único que come es lo que le dan ahí, y que en el refugio en el que pasa las noches la comida es mala. “Nos tienen marginados de la sociedad”, agrega.

En ese espacio dicen no sentirse excluidos e Iván Esquenazi, psicólogo del centro, se lo atribuye a que el trabajo apunta a un proceso de envejecimiento activo, a través del cual se retiran fortalecidos. Desde el centro estiman que durante la pandemia se duplicó la cantidad de adultos mayores en la calle y esas propias personas dicen en voz alta: “Cada vez vamos a ser más”. No responden sobre los motivos.

Todos los adultos mayores piden más facilidades para conseguir trabajo. Hablan de cupos y planes sociales.

“Algunos dan (a empresas) direcciones de amigos para que los llamen, porque cuando ven que vivís en un refugio no te contactan ni en el día del arquero”, dice Cristina. Un cáncer de piel ya le quitó varios pedazos de su cuerpo pero viene dándole batalla, incluso luego de haber quedado en situación de calle durante la pandemia. Era empleada doméstica, su patrona falleció y la calle la recibió.

Con camisa y mocasines, Edmundo habla de lo mismo: “Levanté papas de la tierra y reciclé 70 apartamentos, pero por mi edad no me llaman, porque a un joven le pagan $ 15 y a nosotros nos tienen que pagar $ 45”.

La Estación se ubica en Mercedes y Arenal Grande, y funciona como un dispositivo del programa Calle del Departamento de Desarrollo Social (IMM). “Así deberían ser todos los refugios”, asegura Diego. La “compañera” que tenía sufrió un cáncer, él se metió en créditos y tuvo que venir desde Paysandú a la capital en junio por problemas de salud.

“Yo vendí libros en todo el país, pero recién ahora en Montevideo me enteré de lo que era el olor a marihuana”, dice con la picardía de un niño.

En La Estación, hay vidas de todo tipo, más y menos sufridas, pero coinciden en que, en su mayoría, la situación de calle es reciente: unas semanas, meses, a lo mejor uno o dos años, pero se sienten capaces de cumplir una función en la sociedad.

“Estuve 17 años en Estados Unidos y volví hace uno”, dice Daniel con su currículum en la mano. Y se queja que el país “le da más ayuda a los inmigrantes que a él mismo”.

A Jorge le gusta contar su vida. Él tenía un puesto de ventas de mates y bombillas. Le iba bien, pero con la pandemia disminuyó la cantidad de turistas, tuvo que cerrarlo y el dinero empezó a terminarse a mitad de mes. Ahí se fue a una pensión y le “metieron a dos parejas que hacían cosas de pareja”. No resistió. Hace un año vive en un refugio del Ministerio de Desarrollo Social (Mides).

“Yo tengo una changuita de mañana y otra a las seis de la tarde. Entremedio vengo a La Estación”, dice. “Tengo que laburar porque estoy pasando un 50% de pensión alimenticia”.

Algunos ya hablan en términos de “nosotros” y “ellos”, van quedando excluidos aunque no quieran que así sea. Lo que sí quieren, entre tantas cosas, es dejar en claro que no son de la calle, que están circunstancialmente allí.

¿Encontraste un error?

Reportar

Temas relacionados

IMM

Te puede interesar