CORONAVIRUS

El encierro luminoso: crecen ventas en librerías y escritores terminan obras

La gente se vuelca a la lectura e incrementa la demanda de libros. Al mismo tiempo, varios escritores logran finalizar obras a un ritmo inédito gracias al aislamiento por el coronavirus.

Inés Bortagaray. Foto: Nicolás Pereyra.
Inés Bortagaray. Foto: Nicolás Pereyra.

Además de incertidumbre, el encierro al que está obligando el coronavirus nos trae tiempo. Tiempo era lo que añoraban varios escritores uruguayos que ocupados con sus empleos no lograban hacerse una rutina de trabajo que les fuera tan efectiva como deseaban. Para varios de ellos, la mecánica del teletrabajo, la ausencia de vida social y el estar en casa es una oportunidad para retomar proyectos encajonados y llegar con más calma a los compromisos de entrega. Pero además, en casos particulares, la propia psicología del encierro y la perplejidad del entorno es el estado espiritual que necesitaban para entrar en el universo de la ficción que están construyendo.

Editores como Martín Fernández (Casa Hum y Estuario) y Estefanía Canalda (Fin de Siglo) coinciden en que la semana de aislamiento social que llevamos cumplida está generando un volumen de manuscritos fuera de lo común y se están cerrando proyectos longevos. Incluso, a pesar de la inestabilidad debido al cierre momentáneo de algunas librerías y distribuidoras, y de la suspensión de las ferias internacionales de libros, hay esperanza. Librerías como Escaramuza y Lautréamont experimentan un incremento en las ventas, a través de encargos telefónicos u online y entregas a domicilio.

Martín Fernández. Foto: Leonardo Mainé.
Martín Fernández. Foto: Leonardo Mainé.

“Hay un campo de consciencia (algo todavía intangible) que se ha abierto. Nuevas ideas, nuevas preguntas, nuevas incertidumbres, nuevos miedos y nuevas imágenes a través de la ventana. Todo eso después se transformará en algo, imagino, o quiero”, pronostica Inés Bortagaray.

Este ambiente gris está favoreciendo la sensibilidad que escritores como Hoski y Carolina Bello necesitaban conjurar para avanzar en sus nuevas novelas. Hoski escribió 12 carillas en una semana, volumen que por lo general completa en el doble o triple de tiempo.

“La novela es una continuidad de la obra Ningún lugar (Estuario, 2018). Es autoficción y tiene que ver con una situación de encierro. Estos días me desperté con la ominosa sensación de que está pasando lo que pedí: necesitaba que el mundo se detenga para poder escribir, y necesitaba un estado de bajón para conectar y desenterrar los recuerdos que quiero narrar”, dice. Bajo esta sensación “del apocalipsis ya se viene” encuentra mejor las frases para darles forma a las acciones que ya tiene planificadas.

Carolina Bello. Foto: Darwin Borrelli.
Carolina Bello. Foto: Darwin Borrelli.

Bello, por su parte, tiene la extraña sensación de que su imaginación se adelantó al presente. En mayo pasado arrancó su nueva novela, “un thriller de escape y encierro, que es un subgénero que adoro” que en dos meses debe tener terminada. La trama presenta a una protagonista que se esconde en un sanatorio, mientras en el exterior explota una emergencia sanitaria. “Me interesaba narrar el impacto de una catástrofe en un país tercermundista pero en desarrollo, como Uruguay… y dos meses después de que agrego este elemento aparece el coronavirus”, cuenta. ¿Qué tanto interviene el minuto a minuto de esta pandemia en su texto? “Todo absolutamente es fuente de inspiración, todo contribuye a pensar las cosas de otros modos, desde otras perspectivas”.

A Ana Solari el desconcierto y el adueñarse de su tiempo gracias al teletrabajo, ya la inspiró. “Se me despertó una idea de ciencia ficción, aunque es medio tramposo porque la ciencia ficción ya la estamos viviendo a diario”, dice. En tiempos de confusión prefiere no censurarse con lo que surja y también limitar las expectativas: “Si la idea termina en nada no me preocupa, lo que importa es que la literatura me acompañe en estos momentos”. A la par está terminando la corrección de la novela Quebrada honda, que la semana que viene entregará a la editorial Estuario. “Ocurre en un lugar inventado, entre tropical y caribeño, y se trata de la transformación de un sujeto de ese lugar en un escritor”, adelanta.

En tanto, a Leandro Delgado el aislamiento le trajo una especie de revelación. Hacía menos de un mes le había dado a su editor el manuscrito de Elecciones internas, una novela breve que craneaba desde hacía cinco años. “El argumento es extrañamente premonitorio. Ocurre en un día de elecciones internas. Un poeta sale a caminar por la rambla y por determinadas circunstancias desaparece la población. Se cruza con dos precandidatos del Partido Nacional y logra primero entrar en el cuerpo de uno, y luego del otro, para debatir qué sentido tiene seguir adelante si no hay gente. De alguna manera sus almas se van purificando por el diálogo con este poeta”. El texto ya estaba corregido, pero Delgado sentía que a uno de los capítulos del medio le seguía faltando algo: “Me di cuenta en estos días, con esta situación, de qué era. Escribí una carilla y la mandé”.

El tiempo de oro.

“Siempre que ocurre algo fuerte alrededor de un escritor esto interviene en su obra, y eso es deseable, el asunto es saber manejarlo”, dice Mercedes Estramil. Tras publicar Mordida, a fines del año pasado, quería tomarse un tiempo, pero experimentó una vivencia que la empujó a escribir. “Justo lo que estoy escribiendo tiene que ver con una estafa, y veo que la sensación de estafa sobrevuela de distintas maneras en lo que estamos atravesando, así que siento que lo voy a poder aprovechar”, opina.

La suspensión de las clases le está permitiendo al docente Damián González Bertolino darse el lujo de documentar a fondo para su próxima novela: “Es la historia de dos mujeres, madre e hija, en un recodo de la frontera con Brasil, en los días previos a la segunda revolución de Aparicio Saravia”, adelanta. Para adentrarse en la ambientación -sucede en 1903- está leyendo crónicas de la época y libros sobre la flora y fauna de la zona. “Hasta pensé que podría aprovechar e irme hasta ahí, pero si determinan la cuarentena general podría quedarme varado ahí, ¿no?”, piensa en voz alta.

Gustavo Espinosa, también profesor, invierte el tiempo de dar clases en terminar su nueva “novela deforme”. “Se trata de una especie de ejercicio de crítica literaria imaginaria. Hay un texto muy complejo, un largo poema narrativo, al cual se le inventa un autor, con su biografía e intervenciones críticas entorno al texto y al escritor en sí”, adelanta. ¿Le está afectando la paranoia por el coronavirus? “Siempre pretendo tener el mayor control posible sobre mis textos, pero uno termina descubriendo que siempre hay cuestiones subterráneas, y seguramente cuando quiera revisar este material toda esta cosa gris estará por ahí dando vueltas”.

España con más venta de e-books en estos días

En España la venta de e-books desde que empezó el confinamiento por el coronavirus ha crecido en promedio 50% tanto en las editoriales que publican en castellano como en catalán, según datos de la principal distribuidora de libros digitales, Libranda, que publicó el portal El Nacional de Cataluña. En ese país ayer se contabilizaban más de un millar de muertos y cerca de 25.000 contagiados.

De acuerdo a este informe, una semana después del inicio de las restricciones de circulación el aumento de las ventas en este formato se produjo tanto en grandes grupos editoriales como en pequeñas y medias firmas.

Según la plataforma de lectura digital Nubico, el tiempo dedicado a la lectura se ha incrementado también 50 por ciento.

Escribir con los hijos y pacientes en suspenso

El prolífero Ramiro Sanchiz vive una situación atípica: ahora debe negociar los ratos de juego con sus dos hijas con el tiempo dedicado a terminar un libro que analiza la obra de David Bowie desde la filosofía poshumanista. En apenas unos días el libro viajará por e-mail para ser editado en Barcelona y a Buenos Aires, donde saldrá en formato e-book.

Agustín Acevedo Kanopa hizo una pausa obligada en su actividad como psicólogo para terminar Hay una gran ola negra en el medio del mar, un libro de cuentos largos -o novelas breves- que cerrará la trilogía que empezó con Eucaliptus (Estuario, 2013). “Necesitaba una excusa que me obligara a quedarme en casa porque mis procesos de escritura son sumamente exigentes mental y emocionalmente, lo que me lleva a escribir durante un día entero de corrido sin moverme del escritorio”. Esta vez su obra de ficción tendrá un aspecto más autobiográfico “sobre la dificultad de escribir”. ¿En qué trabaja? “Es un cuento largo sobre tres hermanos que están lidiando con una deuda que adquirió su madre con alzhéimer y no saben cómo resolverla”.

Rodolfo Santullo termina Fuego en el río, una novela negra que ocurre en la frontera y que integra, justamente, el proyecto Frontera, que completan el escritor brasileño César Alcázar y el argentino Nicolás Ferraro. Él sabe de epidemias: en 2012, junto a Matías Bergara, hizo la novela gráfica Dengue que imaginaba a una Montevideo en un futuro distópico con mosquitos, conspiraciones y mutantes. ¿Piensa escribir sobre el encierro? “No. Me pondría a escribir sobre lo opuesto. Estamos en un momento en el que iría por el lado del escapismo más puro”.

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