SALVADOR EXTRANJERO

Cocinero cubano le salva la vida a cliente en La Pasiva

Licenciado en radiofísica médica, llegó hace cinco meses.

Héroe: Harold Cuesta (29) trabaja en la cocina de La Pasiva y el sábado le salvó la vida a un cliente. Foto: Gerardo Pérez.
Héroe: Harold Cuesta (29) trabaja en la cocina de La Pasiva. Foto: Gerardo Pérez.

Faltaban pocos minutos para las 9 de la noche del sábado. Un cliente de entre 40 y 50 años acababa de llegar a La Pasiva ubicada en 18 de Julio y Convención cuando poco después de sentarse a la mesa junto a su mujer, y antes de ordenar su cena, cayó de golpe al piso.

Inmediatamente, el pizzero que se encontraba junto al horno de barro y estaba más próximo a la mesa donde había ocurrido el incidente, gritó: "¡Cuba, necesito que vayas al salón que se acaba de caer un cliente!".

"Cuba" es el apodo que le pusieron los mozos del local a Harold Cuesta, un cubano de 29 años, licenciado en radiofísica médica, que llegó a Uruguay hace cinco meses y consiguió trabajo en la cocina del restaurante.

"Estaba preparando un chivito de salmón para un cliente cuando escuché los gritos", contó Harold a El País. Enseguida corrió hasta el lugar y vio que el hombre estaba tendido en el suelo, con la lengua hacia adentro y sin poder respirar. "Le saqué la lengua, lo puse de costado para que no tragara saliva e hiciera una broncoaspiración, y luego comencé a realizarle los primeros auxilios: reanimación cardíaca y boca a boca", explicó el cubano.

Según contó, lo estuvo reanimando durante casi 15 minutos, tiempo que demoró la ambulancia en llegar al lugar. "Mientras le estaba haciendo la reanimación, el paciente hizo una respiración fuerte y volvió en sí", contó Harold.

Trabajo en equipo.

Mientras que algunos de sus compañeros lo ayudaban a darle aire al hombre, uno de los mozos salió corriendo a la calle, al divisar a una ambulancia que pasaba por allí para asistir a una persona que había sufrido una fractura, a algunas cuadras del lugar.

Pero al volver, el móvil médico que habían llamado en primera instancia, estaba llegando al lugar. Despejaron las mesas, abrieron las dos puertas de vidrio y formaron un camino para que los médicos pudieran entrar con la camilla. Luego subieron al paciente a la ambulancia y se lo llevaron. De acuerdo a los trabajadores, el hombre se fue respirando.

"No sé si fue un infarto masivo lo que le dio porque no tenía ningún tipo de medios para comprobarlo con exactitud", explicó Harold.

Un día después, el primo del cliente llamó a La Pasiva y le dejó un mensaje al cubano. "Me mandó felicitaciones y dijo que estaba muy agradecido. Parece que el señor ya está mejor", dijo.

La ruta.

Harold llegó al país con su esposa hace cinco meses. Salió de La Habana rumbo a Guyana (donde no piden visa), cruzó a Brasil de forma ilegal y luego de un largo periplo (que no detalló) entró a Uruguay por la frontera de Rivera.

Allí pidió ingresar en calidad de refugiado y se lo concedieron. Le dieron también una cédula provisoria, lo que le permitió, a un mes de haber llegado a Montevideo, conseguir el trabajo en La Pasiva. Su esposa trabaja en otro local.

"Ahora estoy tramitando la residencia", contó a El País. Su plan es quedarse a vivir en Uruguay. "Es un país muy agradable, ameno y acogedor", dijo.

Actualmente vive junto a su mujer en una residencia ubicada en Gonzalo Ramírez y Minas.

Según contó, su decisión de emigrar se dio "exclusivamente por un tema económico".

"Soy licenciado en radiofísica médica (especialista que aplica radioterapia a pacientes con cáncer), dijo. Para ello estudió cinco años, más uno en el que realizó servicio social.

"Me vine porque aquí, a los profesionales de mi área, le pagan más, pero no he podido ejercer porque la revalidación sale muy cara, cerca de 2 mil dólares", afirmó.

Experto en tratar cáncer

Harold Cuestas comenzó a estudiar a los 17 años. "Fueron cinco años de estudio y trabajo (porque allí se hacían las dos cosas a la vez) y un año más en servicio social que era ejerciendo en el Hospital General "Vladimir Ilich Lenin", un centro oncológico. "Allí ejercía como técnico: era quien daba los tratamientos radiales a pacientes oncológicos y también tenía conocimiento de medicina nuclear por lo que realizaba asimismo tratamientos hormonales para los pacientes con cáncer", contó.

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