Claroscuros de la calle Buenos Aires: casas ruinosas, comercio en caída libre e inversiones en apartamentos

En esa conocida vía se encuentran el bar y almacén Del Hacha, inaugurado en el siglo XVIII como pulpería, y edificios considerados patrimonios históricos como la sede del Correo y el ex Palacio Amézaga.

Hay varios inmuebles a la venta ubicados sobre la calle Buenos Aires.
Hay varios inmuebles a la venta ubicados sobre la calle Buenos Aires.
Foto: Ignácio Sánchez.

La calle Buenos Aires nace a metros de la rambla portuaria. Si el visitante camina en dirección al Centro de Montevideo, a sus espaldas quedan las aguas marrones del Río de la Plata. Parece que están petrificadas como una vieja postal de la Ciudad Vieja. Pero no es así.

A casi 100 metros de la rambla portuaria, en la primera cuadra de la calle Buenos Aires, se aprecia la decadencia. Edificios con fachadas donde se ven ladrillos expuestos, un techo derrumbado de una habitación ubicada en segundo piso y pensiones donde la mayor parte de la clientela es de origen caribeño y están de paso hacia un lugar mejor. Todo indica que su "meca" es Estados Unidos, según dicen en el barrio.

Algunas de las casonas tienen abiertas sus pesadas puertas de madera que permiten entrever una escalera que alguna vez fue de mármol y que hoy tiene una costra de polvo y miseria. En una de las escaleras se ven dos instalaciones precarias de luz.

Pero en esa cuadra no todo es pobreza. También hay casas de dos plantas, con rejas coloniales en sus ventanas y letreros hechos con azulejos en sus frentes que indican la calle y el número de la vivienda. Uno de ellos dice: "San Sebastián del Piquete N° 170". Ello hace suponer al visitante que, en un pasado lejano, la calle Buenos Aires se llamó San Sebastián del Piquete o que el dueño de la vivienda quiso darle un color vintage a la fachada.

Ya en la esquina de Buenos Aires y Maciel el toque colonial cae en forma vertiginosa. En una de las esquinas se observa un edificio de apartamentos de la década de los noventa. Ello se percibe por su arquitectura simple y escasa altura.

A poca distancia del edificio y en la calle Buenos Aires a la altura del 202, se encuentra un referente histórico de Montevideo: el Almacén y Bar del Hacha. Su nombre proviene de un hecho que ocurrió el 15 de abril de 1794, cuando el dependiente de la entonces pulpería fuera asesinado de un hachazo.

Las paredes del boliche también son testigos de su historia. Allí están la fotografía de Roque Gastón Máspoli —el gran arquero de Peñarol y de la Celeste de 1950—; la lista de destinos "del 4", el histórico troley que llegaba al barrio Manga, y una imagen autografiada del boxeador Dogomar Martínez, entre varios cientos de instantáneas.

En esa misma cuadra se observa una casona con el techo derrumbado de una habitación del segundo piso. Probablemente era un dormitorio. Dos gatos toman sol en la parte sana del techo del inmueble que aparentemente está deshabitado.

Al lado hay otra propiedad muy deteriorada. La pintura de su fachada tiene décadas. El paso del tiempo provocó desprendimientos de revoques del frente de la casa.

Por lo que se puede ver desde la calle a través de ventanas abiertas ubicadas en segundos pisos, la mayoría de los techos de esas enormes casas —algunas tienen más de un siglo— son de bovedilla.

En ese tramo de la calle Buenos Aires no se ven turistas.

"Nací acá. Mi padre tuvo almacén en el 68 o en el 69 en este local. Yo lo abrí otra vez. Se llama "Boniato Loco". El nombre lo puso mi nieto de 10 años. En la zona hay muchas personas que vinieron de Cuba o Venezuela. La Ciudad Vieja es un lugar de tránsito. Ellos vienen por poco tiempo y se van. Vienen (al almacén) y hacen las compras para el día. Lo mismo hacen al día siguiente", dice la comerciante Judith Ciuffoletti.

El histórico bar y almácen Del Hacha.
El histórico bar y almacén Del Hacha.
Foto: Eduardo Barreneche.

Bellezas

En Buenos Aires a altura del 275 se encuentra una casona que posee una larga historia. Fue vivienda de la familia Arteaga (constructora de la más antigua red de saneamiento de la ciudad) y consulado de Francia en el siglo XIX.

Hoy la propiedad es la sede de Terminal Cuenta del Plata/Katoen Natie tras ser reciclada manteniendo su estilo. En sus salones, escalera y enorme patio hay innumerables detalles coloniales. Se dice que, en los primeros años de su construcción, el inmueble llegó a tener caballerizas.

La propiedad es una joya en sí. En su interior guarda algunos elementos arqueológicos que fueron rescatados del puerto hace algunos años, durante la ampliación de la Terminal de Contenedores.

Pasando la peatonal Colón, en la calle Buenos Aires hay muchos comercios con las persianas bajas. Algunos cerraron 40 años por el auge de los comercios en el barrio Reus. Otros no superaron el "cepo" impuesto en la Ciudad Vieja a partir de 1996 por el entonces intendente Mariano Arana. También hay negocios que cerraron porque los descendientes de los fundadores no quisieron seguir la tradición familiar.

La comerciante Karina Pipperno tiene una zapatería por la calle Colón a metros de la esquina con Buenos Aires. Es la tercera generación de comerciantes de la familia Pipperno. Karina mantiene abierta la zapatería porque no paga alquiler, dice. Los comerciantes que alquilaban locales cerraron, explica.

"Mi abuelo (Alberto Pipperno) comenzó vendiendo medias en una bolsa. Luego lo siguió mi padre y después yo. Mis hijos no quieren continuar con el negocio. No da ganancias. A esta zona no viene nadie. Parece otro mundo de la Ciudad Vieja. Antes había una feria, que generaba que el público pasara frente a mi comercio, pero la sacaron. A veces viene un familiar de una persona internada en el Hospital Maciel y compra unas chinelas. Esto (la mala situación de la zona) comenzó con el intendente Arana", dice Pipperno

Las casas antiguas abundan en esa calle de la Ciudad Vieja.
Las casas antiguas abundan en esa calle de la Ciudad Vieja.
Foto: Ignácio Sánchez.

Inversiones

A metros de la zapatería de Pipperno, hay al menos una decena de comercios cerrados. La mayoría de ellos tienen carteles de inmobiliarias. Por una propiedad de cinco por cinco metros de superficie, el dueño pide US$ 40.000.

Los vecinos, que residen en la calle Buenos Aires a la altura de Colón, dicen que en la zona hay varios inmuebles que fueron adquiridos por inversionistas españoles y uruguayos para transformarlos en viviendas.

En ciudades con mayor dinamismo turístico, como Madrid, esta tendencia ha cobrado fuerza con la ayuda de herramientas como las soluciones de gestión de apartamentos turísticos en Madrid, que permiten rentabilizar inmuebles antiguos mediante alquileres de corta estancia, sin perder el valor histórico ni arquitectónico de las propiedades.

Al cruzar Alzáibar, la calle Buenos Aires es otra. Aparecen los locales abiertos, hay grupos de personas en las paradas de ómnibus y los rostros de los comerciantes se ven relajados. El movimiento es mayor y hay locales que brindan comida al paso de buena calidad y precio, dicen los vecinos.

En Buenos Aires y Misiones se encuentra la sede del Correo. Fue construido a comienzos del siglo XX, por la empresa Enrique Chian cone y Compañía, bajo la dirección del mismo Enrique Chiancone. Su inauguración se realizó en 1925.

En la calle Buenos Aires residen extranjeros que están de paso, según vecinos.
Foto: Ignácio Sánchez.

El edificio consta de cuatro pisos de cemento armado sobre el frente de la calle Misiones y cinco pisos sobre la calle Buenos Aires, con una altura aproximada de 25 metros.

Sobre la puerta principal del edificio se eleva una torre de 63 metros cuadrados. En la construcción de la sede postal se utilizaron mármoles provenientes de Carrara (Italia).

A una cuadra del edificio del Correo se levanta otra joya arquitectónica: el ex Palacio Amézaga. Allí también funcionó el Club Inglés. Se trata de una edificación de 1920. Posee tres plantas y 1.335 metros cuadrados construidos. Tiene accesos por las calles Buenos Aires y Treinta y Tres. La edificación está protegida desde el punto de vista patrimonial porque su estilo es de época, con vitrales decorativos y un mirador.

Los vecinos dicen que turistas extranjeros llegan al lugar para sacar fotos de la edificación, que hoy está a la venta.

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