RELATO

Así fue la peripecia de las dos uruguayas que consiguieron huir de Afganistán

En la mañana del 17 de agosto, mientras una tormenta de arena abrasaba Kabul y elevaba la temperatura por encima de los 40 grados, salieron con lo puesto y un bolso de menos de ocho kilos.

Noemí Schur y Maylín Tourn. Foto: Captura.
Noemí Schur y Maylín Tourn. Foto: Captura.

Cuando los talibanes tomaron Kabul, la capital afgana, el 15 de agosto, las uruguayas Mayli Tourn y Noemí Schur ya tenían sus pasajes en mano para irse del país. Pero la sorpresiva incursión de las milicias hizo que se cancelaran los vuelos comerciales. Fue entonces que decidieron por un plan B: la fuga por la vía diplomática.

En menos de 48 horas ordenaron la paga y los adelantos de sueldos para aquellos lugareños que trabajaban junto a ellas en la organización humanitaria y cristiana Shelter Now International. Pasaban la mayor parte del tiempo resguardadas dentro de sus casas y solo iban a la oficina para ultimar esos detalles administrativos. Mientras, el gobierno uruguayo, la ONG y la embajada alemana negociaban su salida.

Fue así que, en la mañana del 17 de agosto, mientras una tormenta de arena abrasaba Kabul y elevaba la temperatura por encima de los 40 grados, salieron con lo puesto y un bolso de menos de ocho kilos (sin cepillo de dientes, pero con la bombilla para el mate, aclaran) hacia una base aérea militar próxima al aeropuerto.

Dos choferes las condujeron en los “autos más viejos que uno pueda imaginar”, atravesaron la muchedumbre de afganos que se agolpaba sobre las cercas de la base militar pidiendo auxilio y, por su apariencia de extranjeras, se las invitó a pasar.

Cuando llegó el momento de los trámites migratorios para emprender su vuelo de emergencia hacia Alemania —vía Uzbekistán— cayeron en la cuenta que el mundo atraviesa una pandemia del COVID-19. Dos hisopados en menos de ocho horas fue la señal de un flagelo que, en medio de un país con una mortalidad infantil de 200 cada 1.000 nacidos vivos, parece el menor de los problemas.

Y fue así que, junto a otras 26 personas, fueron rescatadas del avance talibán, y separadas de “parte de la familia”.

Porque Tourn, una profesora de Física devenida en voluntaria, llevaba más de una década en Afganistán. Una década de “despertarse a las tres de la mañana” porque los cánticos de los rezos en las cinco mezquitas de la zona le quitaban el sueño, una década de empezar las labores a las seis de la mañana para aprovechar la luz solar en una “de las pocas capitales del mundo que no tiene electricidad estable”, de hacerle llegar el agua potable a 1.300 familias y descansar con unos mates, de encender un lavarropas cuando la corriente daba tregua y de acostarse tempranito para volver a madrugar.

La salida de las tropas de Estados Unidos no las sorprendió ya que sabían que el avance de los talibanes podía suceder, aunque no imaginaron que iba a ser tan rápido. “Tuvo impacto social porque se empezó a ver la desesperación de muchos afganos en cruzar las fronteras, aún antes de todo el avance talibán, pero las fronteras se cerraron y ellos no pudieron cruzar”, detalló Tourn.

En algún momento hemos tenido trato con los talibanes porque desde 2001 hay regiones en Afganistán gobernadas por los talibanes. Estando en la frontera cerca de Irán me ubicaron para pedirme si no podíamos colaborar en un proyecto de agua potable para las villas”, dijo.

“Nunca es lindo ver una camioneta llena de talibanes y ese día pensé que podía ser mi último, pero salió bien y pudimos ayudar a la gente. Inclusive ahora en el norte intercedieron para que pudiéramos terminar un proyecto de agua y se pudo hacer”, agregó.

Afganistán es de esos países que encabezan los tristes rankings del mundo: uno de los más corruptos, uno de los más violentos y una de las tasas de desocupación más elevadas.

En ese sentido, Tourn se jacta de haber ayudado a generar puestos de empleo, aunque teme por lo que vendrá. “Ya hay señales”, dice en referencia a la imposición de las normas islámicas que obligan a las mujeres a perder la mayoría de sus derechos más elementales y que separa a las niñas de la educación formal.

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