EL RENACER DE UN INTELECTUAL

Antonio Escohotado: “La ley de marihuana de Uruguay es una ridiculez”

Fue militante comunista, explorador sensorial en Ibiza, llegó a enlistarse para ir a pelear con el Vietcong. Su estudio sobre las drogas fue libro de cabecera de la contracultura española. Su libro “Los enemigos del comercio”, lo ha convertido en paladín del liberalismo.

Antonio Escohotado. Foto: laemboscadura.com
Antonio Escohotado. Foto: laemboscadura.com

La semana que viene llega a Uruguay para dar dos conferencias, una el 26 en el Auditorio del World Trade Center y otra el 28 en el Sofitel.

Usted, siempre contracorriente, hace 30 años planteaba la liberalización de las drogas cuando eso era mala palabra, y hoy defiende al comercio y al liberalismo en momentos complicados para esas visiones. ¿Es ese el rol del intelectual?

-Pues la verdad es que no. Creo que es inevitable cumplir el “conócete a ti mismo” del oráculo, y que en la búsqueda de quien uno es, pues uno se va aventurando y va teniendo el coraje de ir desmintiéndose, porque cada vez que nos acercamos u observamos más detenidamente un fenómeno, siempre, sin excepción, el fenómeno cambia. Y entonces o nosotros nos sentimos contrariados porque queríamos que fuera como pensábamos antes de investigarlo, o nos sentimos bendecidos y honrados porque la verdad nos desmienta. Digamos que los seres humanos podrían clasificarse entre confirmadores e investigadores. Yo pertenezco a la segunda categoría. La evolución de mi pensamiento no tiene nada que ver con algo previsto, me ha ido sorprendiendo en cada momento, me ha ido golpeando con la bendita fuerza de la realidad.

-¿Por qué dedicar una obra tan a fondo al comercio? ¿Por qué era necesaria?

-Porque necesitaba aclararme, igual que me sucedió con las drogas. Cuando me puse a estudiar la historia de las drogas, estaba convencido de que habían sido prohibidas siempre. Cuando empecé a revisar los catálogos legislativos desde el código de Hammurabi o la legislación grecolatina, para nada. En ningún texto legal figuraba nada en contra de las drogas hasta entrado el siglo XX.

-¿Por qué una sociedad como la española que tuvo una explosión de bienestar en el último medio siglo de la mano de políticas de apertura comercial y libertad económica, hoy parece tan dominada por visiones que van en contra de esas mismas ideas?

-Esto viene de la crisis última, relacionada con la caída del Muro de Berlín, la implosión de la Unión Soviética, y viendo alguna gente que los trabajadores pasarían décadas votando todo menos al comunismo, decidieron que el proletariado se había traicionado a sí mismo. Y por lo tanto ellos, que eran otros señoritos hijos de papá, como los que fundaron el comunismo, como Marx, Lenin, etc, gente que nunca trabajó y que siempre fue mantenida por su familia, decidieron asumir la revolución. Con la debacle de todo ese sistema ¿qué quedó? Pues quedó la actitud postmoderna. El criterio de que igual somos marxistas, estamos en contra de todo, la línea Foucault, Derrida, etc. La post verdad. Que es ni más ni menos que desmontar la objetividad del pensamiento y la realidad de lo real. Y en estas estamos. Claro, los que ahora en España son de la CUP catalana o de Podemos, lo que están es defendiendo un sueldo. Y un sueldo excelente. Pero si dejasen la post verdad, pues entonces se quedarían sin empleo. O mejor dicho, tendrían el empleo adecuado a sus verdaderas capacidades.

-Hay un tema que en Uruguay nos resulta fascinante y es el fervor que genera nuestro ex presidente Mujica y su discurso de austeridad en Europa...

-La verdad es que espero que mi estancia en Uruguay me ayude a comprender el fenómeno Mujica. Estoy tan poco informado sobre el asunto que le ruego que me excuse... “no comment”, (risas)

-Ok. Pero usted sí ha tenido comentarios bastante duros sobre la ley que estatizó la producción y venta de marihuana en Uruguay.

-Bueno, es que eso ha sido una ridiculez. Pero tengo que verlo también sobre el terreno. Me parece entender que han decidido que el estado monopoliza todo el asunto, con lo cual se mantendrá seguro el mercado negro. Y además se lanza como obligatoria una marihuana con una proporción de THC tan ridículamente baja que no veo cómo va a competir con la ilegal. Vamos a ser sinceros. Al menos en Europa, la cruzada contra las drogas se terminó ya hace 20 años. En realidad la cruzada se ha muerto entre susurros como se murió la cruzada contra las brujas, contra los homosexuales, contra el libre pensamiento. Pero volviendo a las drogas, lo único que funciona es directamente derogar la prohibición. Es lo que pasó con el alcohol, y entonces veremos las cosas como son. Hay gente que no quiere asumir que la heroína se vendió libremente en medio mundo más de 50 años, y no hubo ni un adicto problemático, hasta que la ley americana llegó a establecer la pena de muerte para quien la vendiera. Ese mismo año apareció el primer “yonki”, William Burroughs.

-Escuchando a políticos e intelectuales hoy parece haber una percepción muy negativa de hacia dónde va el mundo. El cambio climático, los cambios tecnológicos. ¿Usted cómo lo vive eso?

-Pues mire usted, esto forma parte del fenómeno que se llama “corrección política”. Que a su vez es la traducción de lo que antes llamábamos postmodernidad y relativismo cultural. El gran camelo es este. Como el mundo no va donde algunas personas, intelectuales y artistas quisieran que fuese, que tampoco tienen una idea muy clara de a dónde querrían que fuese. Porque todas estas personas tienen en común ser muy frívolas intelectualmente, haber leído lo mínimo, o sea querer enseñar, pero no querer aprender. Entonces claro, la contrariedad de estas personas por no ser los reyes del planeta, se manifiesta en signos como “hay una conjura de ricos para acabar con la humanidad”, “el planeta se está consumiendo”, “todo va fatal”. El amarillismo mostró su capacidad de venta ya desde tiempos de Dickens y de Víctor Hugo, que vendieron muchísimo, y todo lo que decían era mentira. Por ejemplo Los Miserables, el argumento central es que Jean Valjean ha ido a galeras perpetuas por robar una barra de pan. Si se estudia el código penal vigente francés de la época, se comprobará que uno de los supuestos de inculpabilidad es el hurto famélico. O sea una novela de 1600 páginas se basa en un embuste gigantesco. ¿Qué le parece?

-¿Como analiza el fenómeno de las redes sociales y las nuevas herramientas tecnológicas de comunicación?

-Yo creo que es maravilloso. Al fin los cotos cerrados, los monopolios de información, todo se lo lleva por delante internet. Lo veo por mi propia obra. Mi obra estaba ya terminada hace unos 15 años, pero había un muro de silencio que establecían a mi alrededor los marxistas, los conservadores, y con eso consiguieron mantener mis trabajos de sordina. Mis últimos seis libros no aparecieron mencionados en ningún punto de la prensa española. Cuando empezó a ampliarse internet, cambió todo. Y ahora la verdad es que he salido de pobre gracias a internet. Internet va a acabar con los tontos y los malos, créame. Lo que pasa es que puede tomar 10 o 20 años. Cuando se desarrolle en manera suficiente la inteligencia artificial, la clase política y los ladrones van a ver que la cosa se les pondrá muy difícil. Muy difícil. Aquí, una vez más, hay que contraponer el alarmismo agorero catastrofista a la maravillosa realidad de que al fin gracias a internet, ya tenemos la inteligencia objetiva funcionando. Y esto es la mejor noticia que ha tenido la humanidad desde que descubrió el fuego.

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