Sigue sin aclararse extraño accidente fatal

| Se culpó a adinerados turistas brasileños pero alguien los ayudó a escapar; para la Justicia el caso sigue abierto

SALTO | Luis Alberto PErez

El 2 de junio próximo se cumplirán 10 meses de la muerte de Jorge Anastasio Sosa Silva, de 24 años que día a día recorría largas distancias en bicicleta para ganarse por lo menos 50 pesos para alimentar a sus 5 hijos y su compañera. Quien o quienes le atropellaron mortalmente incendiaron el vehículo y se dieron a la fuga, están todavía impunes pero la investigación continúa.

El 2 de agosto, como otras tantas jornadas, al anochecer y en plena lluvia, Sosa emprendió por Ruta 31 el retorno a la ciudad para traer el sustento a su familia. Esa noche no solo le faltó la leche a esos niños, en el camino perdieron a su progenitor y único sostén de la familia. Contra el consejo de sus padres a los que había visitado en la localidad de San Antonio, Sosa emprendió la marcha en medio de una fuerte lluvia pese a la insistencia de su madre para que pernoctara en su casa. "Me voy porque los gurises me están esperando", expresó.

Cuando había realizado la mitad del camino un vehículo lo embistió de atrás, lo mató y el o los ocupantes del rodado que también embistieron a dos menores hermanos mellizos que se desplazaban en una moto, lo dejaron tirado huyendo del lugar.

Esa noche en un tramo de la Ruta 31 y a 600 metros del puesto de Policía Caminera y del destacamento policial de Tropezón —en el medio de ambos— es encontrado un automóvil en llamas, abandonado.Supuestamente ese rodado que después se sabría fue alquilado a una rentadora de una firma local por una profesional salteña por encargo de dos ciudadanos brasileños que llegaron a Salto a probar caballos para la práctica de polo, podría haber sido el causante del accidente.

Ese automóvil era ocupado por dos ciudadanos brasileños, padre e hijo, radicados en San Pablo y que se alojaban en un hotel 5 estrellas próximo a la represa de Salto Grande y que viajaban de retorno en esa noche desde un establecimiento rural ubicado sobre la misma Ruta 31 y que tendrían reservas por tres días más.

Los dos brasileños habían desaparecido de territorio uruguayo hacia la Argentina cruzando por el puente de Salto Grande a bordo de un taxímetro y sin eludir ningún control del Paso de Fronteras. La distancia a recorrer por los presuntos responsables de esa muerte desde el lugar en que se incendió el automóvil al hotel no era poca para hacerlo a pie y estos seguramente fueron cargados en el camino por otro rodado, teniendo en cuenta que faltaban 15 kilómetros y recogieron sus cosas y pasaron por Migraciones menos de dos horas después de la muerte de Sosa.

Las hipótesis de la ayuda que pudieran haber recibido los brasileños para huir del país han sido muchas y varias personas, incluso funcionarios policiales, pasaron por el despacho del Juez Teixidor. A casi 10 meses de esta injusta muerte, el caso está sin resolverse. Mientras tanto Ruth Chúa, la compañera de Jorge Sosa, sobrevive junto a sus 5 hijos con una pensión concedida por el Banco de Previsión Social que no sobrepasa los 1.400 pesos mensuales.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar