Psicólogo Gustavo Ekroth
A veces el "se puede" parecería ser el más grave de los pecados capitales uruguayos. Cuántas veces hablando con otras personas evitamos deliberadamente expresar un punto de vista optimista positivo y esperanzado sobre determinado tema, en particular, por el temor latente a la desaprobación directa o velada de alguno de los coterráneos presentes.
Parece ser como si nos sintiéramos hermanados en la desgracia y distanciados en la alegría, el optimismo, la esperanza y el éxito. Algunos hasta pueden llegar a sentirse muy incómodos en presencia de lo que consideran una persona "exitosa" y a la inversa muy distendidos, empáticos y cómodos con alguien que por un motivo u otro ha caído en desgracia.
El "no se puede" es una especie de inmuno: deficiencia psicológica a la uruguaya que a veces nos impide defendernos de la negatividad circundante que nos invade. Nos contaminamos escuchando hasta el cansancio esto no se puede, aquello tampoco y esto otro es totalmente imposible. Luego más adelante cuando la enfermedad ha avanzado ya somos nosotros mismos quienes nos repetimos mentalmente "no puedo y no puedo". Finalmente en una etapa terminal frente a cualquier problema, desafio a enfrentar, proyecto a cumplir o defecto personal a superar hacemos poco y nada o mucho y sin pasión para cambiar las cosas logrando que la profecía negativa de fracaso se autorealice inexorablemente.
En estas fechas de "evaluaciones" y balances personales una opción cómoda para justificar nuestros posibles fracasos es echarle la culpa al país "no pude hacer esto o aquello porque vivo en el país del nunca jamás se puede". Sin embargo desde mi modesto punto de vista una opción más responsable y madura sería aceptar el hecho de que cualquier país grande o pequeño está formado por individuos, y cada cual es una de las tantas piezas del puzzle. La esencia de cada individuo que compone la sociedad está determinada en gran medida por el contenido de su mente. Los pensamientos que día a día nos repetimos mentalmente condicionan drásticamente nuestra forma de sentir, actuar y lograr o no determinadas cosas en la vida. Pensamientos reiterados cientos o miles de veces como por ejemplo: soy depresivo, siempre me equivoco, no hago nada bien, tengo mal carácter, soy poco sociable, yo ya soy así, nunca voy a poder cambiar, no tengo iniciativa, todo siempre me sale mal, soy una persona agresiva, no tengo arreglo, etc. crean en gran medida nuestra propia desgracia cotidiana.
Si bien no es posible así como así cambiar la mentalidad de todo un país siempre es posible mejorar la calidad de los pensamientos propios y en alguna medida influir en el todo. En estas fiestas donde lo más importante por lejos deberían ser los afectos, todos y cada uno de nosotros podríamos apostar a inundar nuestra mente con pensamientos positivos como por ejemplo: "Puedo no criticar. Puedo no quejarme tanto. Puedo demostrar afecto a las personas que quiero. Puedo sonreír y también reírme. Puedo escuchar a los demás. Puedo interesarme por los problemas de los demás. Puedo ser menos agresivo. Puedo perdonar. Puedo dejar viejos rencores de lado. Puedo ser más demostrativo. Puedo ser más entusiasta y positivo. Puedo hacer sentir importantes a las personas que me importan. Puedo ser más cariñoso. Puedo disfrutar de la vida y compartir mi felicidad con quienes me rodean. ¡Si! puedo todo eso y mucho más y ¿por qué no ahora mismo?
Si desea sugerir temas para próximas entregas, enviar sus comentarios y/o ver información sobre otros temas de Psicología puede hacerlo ingresando a la pagina en Internet: www.gustavoekroth.com