CANELONES | PATRICIA MANGO
Ni siquiera es seguro que se trate de la misma banda: algunas de las víctimas lo ponen en duda. La Policía va tras un grupo de adolescentes. Conocen sus rostros y tienen pistas de dónde se refugian. El lunes coparon La Pasiva de Pando.
"¡Somos la banda de la granada!". Con este grito, irrumpieron tres jóvenes el lunes de noche, en La Pasiva ubicada a la entrada de Pando. Uno de ellos llevaba en su mano una granada; otro, un revólver. El tercero, saltó detrás del mostrador. Se apoderaron de unos $ 20.000 que había en la caja, de las carteras y celulares de los clientes. Tan cronometrados estaban que habían esperado a que el repartidor del local saliera a llevar un pedido.
"El problema con las granadas es que hemos visto que se venden en las ferias, en Tristán Narvaja por ejemplo", dijo un oficial de Policía a cargo de la investigación (ver nota aparte)
De ser una noche de lunes "normal" en Pando, el paseo de unos y el trabajo de otros, se convirtió en un infierno de 90 segundos de duración.
El atraco ocurrió pasadas las 22.30 horas. "Entraron de una", resumió Marcelo, el encargado del local. El que tenía el revólver le apuntó directamente y le hizo saber que lo conocía: "vos sos el encargado, tirate al piso". Por supuesto que obedeció. Marcelo dijo a El País haber sentido miedo porque los vio "dispuestos a todo". El de la granada pedía carteras y celulares. "No nos agredió y de la mesa nuestra sólo se llevó mi teléfono y el de mi hija", comentó Elisa, una de las víctimas.
El encargado estaba junto a otros tres empleados. Tirado en el piso como estaba, vio como el tercer delincuente forzaba la caja. Como no lo logró, le pidió al pizzero que la abriera. Se hizo del dinero. Pero el del revólver no se convencía. Así que obligó a Marcelo a pararse e ir a la caja. "Dame la plata o te la vamos a dar", le repetía. Finalmente, el otro delincuente lo hizo entrar en razón: "no hay más vámonos", le susurró.
Los otros dos obedecieron y salieron corrieron del lugar. Marcelo, sin pensarlo, salió detrás de ellos pero alcanzó a decirle a sus compañeros que cerraran la puerta. Los vio subir en un automóvil blanco que estaba estacionado en calle Artigas. Es una calle paralela a la ruta 8, es corta y desemboca en Artigas, donde está La Pasiva. De noche ese lugar es oscuro, está el estacionamiento de una mutualista y algunas viviendas.
Desde donde partió el auto, Marcelo se fue a la comisaría a hacer la denuncia. Lamenta no haber salido persiguiéndolos por ruta 8 rumbo a Montevideo, que es hacia donde tomó el automóvil en cuestión.
La Policía de Pando y la Dirección de Investigaciones estaban ayer en la búsqueda de la banda e intentaban cotejar la filmación con los datos que se tienen de la "banda de la granada" que actúa en Montevideo. "No sabemos aún si lo son, si son parte de ella o si lo dijeron para inculpar a otros", apuntaron las fuentes. Hay un hombre claramente distinguido en las imágenes de cutis negro, que aparentemente es mayor de edad. Los otros dos, que tenían puestos gorros de lana, parecen ser menores. Pero los tres actuaron a cara descubierta. Tampoco se sabe si en el automóvil los esperaba alguien o si uno de ellos mismos lo conducía.
Tras el atraco, una de las aproximadamente 30 personas que había en el local, sufrió una descompensación. Está recientemente operada del corazón. El resto "lloraba y gritaba" rememoró el encargado. Pero todos, mientras duró el robo, quedaron tiesos y sólo atinaron a obedecer, nadie se opuso.
Unas horas antes, sobre las 13.30 y en Montevideo, dos delincuentes que se arrogaban la pertenencia a la "banda de la granada" habían asaltado una ferretería en Malvín. Uno de ellos exhibía el artefacto, y con amenazas se hicieron del dinero.
Hasta entonces la Policía contaba cinco golpes de la misma banda. Sin embargo, no está claro aún si se trata del mismo grupo, ya que al principio eran más integrantes y las descripciones difieren.
En cambio sí parece claro que la modalidad de atraco ya traspasó los límites de un barrio de Montevideo y aún de la propia capital. (Producción: Pablo Rossi y Renzo Rossello)
La cifra
$ 75.000 es el monto aproximado de dinero que los delincuentes se llevaron en cada uno de los dos atracos más redituables.
Casos que se les atribuye en Malvín
VIERNES 7 de mayo
Dos delincuentes encañonaron al dueño de la Pizzería Cervantes a la hora del cierre y le exigieron el dinero. Ese día había más efectivo del habitual en la caja, por tal motivo, Alejandro Corbo (dueño) sospecha que fue un robo entregado y lo desvincula de la "banda de la granada": "Alguien me mandó al frente", dijo. De hecho, quienes lo robaron no llevaban granada, y eran dos (no cuatro, como en los posteriores atracos) que escaparon en motos. A 10 días del robo, el propietario atiende con la reja cerrada.
SÁBADO 8 DE MAYO
Cuatro delincuentes robaron la Pizzería Sopranos en horas de la noche. Dos de ellos se dirigieron a la caja con una granada y exigieron el dinero. Antes de fugarse robaron a unos 12 clientes que cenaban allí. A partir de este atraco, la Policía intensificó sus esfuerzos en procura de dar con los delincuentes. Fue el primer atraco de esta seguidilla en la que se utilizó la granada como elemento amenazante e intimidatorio. Policías indicaron que se trataba de menores radicados en Malvín Norte.
DOMINGO 9 DE MAYO
En menos de 24 horas, cuatro individuos volvieron a delinquir en el barrio. La nueva víctima fue la Parrillada Tacuruses. El monto superó los $ 30.000 y la violencia superó los pronósticos. Nuevamente utilizando la granada amenazaron al dueño del local y exigieron dinero. La plata robada pareció no ser de beneplácito para los atracadores, quienes antes de fugarse optaron por romper toda la vajilla del lugar, dejando atrás un importante desorden. Se fugaron en dos motos y escaparon hacia Malvín Norte.
LUNES 10 DE MAYO
Ese lunes fue la primera vez en que los delincuentes que ya eran intensamente buscados por la Policía, utilizaron sus armas de fuego. Hirieron a un cliente de un balazo en el glúteo, molestos por el escaso monto de dinero que el cajero les había entregado. En la pizzería Solanas había clientes, que atravesaron momentos de enorme tensión. Los asaltantes repitieron las amenazas con la mencionada granada. El delincuente que la portaba dijo tener VIH, que no le importaba perder la vida y "volar" todo el local. Fue el episodio más violento y el último de una seguidilla de cuatro días.
LUNES 17 DE MAYO
El penúltimo atraco fue el lunes. Fueron sólo dos delincuentes con granada. Golpearon a una funcionaria de la ferretería Atlántico y exigieron el dinero. Según una empleada, "la granada era bien redonda, de color celeste y lisa". La Policía les dijo a las víctimas que por la descripción se trataría de "una granada de humo, no de explosión". Había niños en el local y eso puso nervioso a los allí presentes. Los atracadores que según testigos estarían entre los 17 y 18 años, se fugaron corriendo y no en moto.
Que sean menores complica captura
Han saltado a los titulares con el nombre de "la banda de la granada". Ello es debido a que en al menos cuatro de los seis atracos que se les contabiliza hasta ahora utilizaron un artefacto de ese estilo, aunque existen fuertes sospechas de que no se trate más que de mera utilería.
La Policía trabaja intensamente en la captura de estos delincuentes. Mientras actúa la Comisaría 11ª en cuya jurisdicción ocurrieron la mayoría de los atracos, los investigadores del Departamento de Hurtos y Rapiñas de la Dirección de Investigaciones hacen una discreta labor de inteligencia, compilando información y buscando en Malvín Norte pistas que los conduzcan hasta los integrantes de la gavilla.
"El problema con este caso es que todos los que tenemos identificados como integrantes de la banda son menores y los jueces no quieren que vayamos a detenerlos después de consumado un hecho, así que eso nos obliga a juntar más elementos para llevarle al juez", explicó a El País uno de los investigadores.
Dado que la mayoría de los locales asaltados contaba con cámaras de vigilancia, los videos permitieron a los investigadores tener imágenes de todos los delincuentes. Tampoco el elemento que se ha convertido en distintivo del grupo delictivo parece arrojar demasiados indicios. Los investigadores ni siquiera creen que se trate de verdaderos artefactos explosivos. "El problema con las granadas es que hemos visto que incluso se venden en las ferias, en Tristán Narvaja por ejemplo. Venden las carcazas vacías, o imitaciones de juguete que a simple vista parecen verdaderas", confió el oficial consultado.
A estas dificultades se suma el escepticismo de algunas de las propias víctimas. Varios de ellos confiaron a El País que no creen que se trate la misma banda.