GUÍA PARA LOS PROFESIONALES

Elaboran un nuevo protocolo para los casos de abuso infantil

Qué preguntar, cómo sentarse y si mantener contacto físico o no, entre las sugerencias.

En el 85% de los casos de niños abusados sexualmente, el perpetrador es alguien allegado a él, según datos del MSP. Foto: AFP
En el 85% de los casos de niños abusados sexualmente, el perpetrador es alguien allegado a él, según datos del MSP. Foto: AFP

Los prestadores de salud informaron sobre 116 situaciones de violencia sexual a menores entre abril de 2017 y marzo de 2018, según datos del Ministerio de Salud Pública (MSP). Irene Petit, responsable del área de Violencia de Género y Generaciones de la cartera, reconoce que “cada una de estas historias es distinta”, por lo que el ojo clínico de los médicos “es determinante” a la hora del diagnóstico.

El problema que tenía el MSP era que no todos los profesionales estaban alineados. Por eso, elaboraron el Protocolo para el abordaje de situaciones de violencia sexual hacia niñas, niños y adolescentes, que brinda herramientas muy específicas sobre cómo atender estos casos. Desde qué preguntas hacer hasta si tener contacto físico o no, el documento protocoliza toda la entrevista.

“Es preciso tener en cuenta que los niños pueden asistir a la consulta acompañados tanto de su adulto referente protector como de sus violentadores. Si se piensa que el niño está sufriendo algún tipo de violencia, resulta imprescindible generar un espacio para entrevistarlo a solas, evitando la incidencia de los adultos”, expresa el texto.

El protocolo recomienda que los médicos no hagan preguntas que induzcan respuestas sino que consulten sobre temas generales. Para comprobar la capacidad de recordar del niño, por ejemplo, les sugiere indagar sobre “algún evento del pasado, como un cumpleaños o Navidad”. De a poco, los técnicos irán profundizando sobre aquellos comentarios que puedan dar la pauta de que el niño fue abusado.

El documento también señala varios síntomas a tener en cuenta: trastornos del sueño, vómitos frecuentes, masturbación compulsiva, poco control de esfínteres, miedos extraños, baja tolerancia a la frustración, humor cambiante, agresividad, imposibilidad de aprender, entre otros. “Al ser tan distintos y variados, es imprescindible el buen ojo clínico para identificar si corresponden a un abuso sexual o no”, agrega Petit.

Con respecto a la actitud del médico, el texto les pide que sean honestos, que eviten juicios de valor y que no hagan promesas que saben que no van a poder cumplir. También les solicita que no culpen al niño, que se sienten a su altura y que empleen un lenguaje claro, acorde al desarrollo del paciente. A su vez, aclara que se debe evitar la “contención física”, ya que los niños violentados están “al acecho y se activan al contacto corporal”.

Qué pasa después de la consulta depende del caso. Cuando hay un adulto referente, el equipo también se reunirá con él y le hará preguntas. Por eso, es muy importante determinar si esa persona es o no el agresor. Según datos del MSP, en el 85% de los niños abusados sexualmente, el perpetrador es alguien allegado a él.

Petit explica que en estos casos, cuando quien violenta al niño lo lleva a la consulta, la internación suele ser la mejor alternativa. Luego, dependiendo de lo que se haya conversado, se procede a denunciarlo. Quien se comunica con la Policía es la dirección técnica del centro de salud. Cuando no hay otra alternativa -esto ocurre sobre todo en el interior-, lo hacen los mismos médicos que atendieron al niño.

Sin embargo, Petit reconoce que “hay veces en la que no se judicializa”, en especial cuando hay otros menores en riesgo. “Nos presionan con que hay que denunciar siempre. Y es verdad que hay que denunciar casi siempre, pero nosotros hacemos hincapié en que no perseguimos el delito y atendemos a las personas”, afirma.

Un documento para las niñas

El sistema de salud todavía tiene un debe: protocolizar la atención para las niñas menores de 15 años que quedaron embarazadas. El Fondo de Población de Naciones Unidas está asesorando al Ministerio de Salud Pública en la elaboración de una hoja de ruta que les dé herramientas a los médicos para afrontar estos casos. Prevén que quede pronta en abril.

Embarazo es síntoma de abuso
embarazo

El embarazo es uno de los síntomas de abuso sexual. En 2017 se registraron 162 gestaciones en menores de 14 años, según datos del Ministerio de Salud Pública. De ellas, 98 tuvieron un hijo y 64 abortaron. El Protocolo para el abordaje de situaciones de violencia sexual hacia niñas, niños y adolescentes -elaborado por la cartera- plantea que el embarazo a temprana edad “tiene consecuencias inmediatas y a largo plazo en diversos ámbitos de su vida”. En ese sentido, plantea que la gestación afecta su salud, su continuidad en el sistema educativo, sus relaciones sociales y su posibilidad de desarrollo. “El embarazo y la maternidad forzada incrementan el daño psíquico que podría haber generado la situación de violencia sexual”, agrega el texto. A su vez, el documento estipula que en menores de 14 años, un embarazo “puede ser producto de iniciación sexual temprana o de violencia sexual”. Según la legislación actual, los mayores de 12 años pueden dar su consentimiento para mantener relaciones sexuales, siempre que la otra persona no sea más de 10 años mayor. Si no, es considerado abuso sexual.

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