LA PANDEMIA EN URUGUAY

Entre amenazas y evidencias, esta semana resolverán si aprueban la vacunación infantil contra el COVID-19

De aprobarse, Uruguay se convertirá en el decimoctavo país en recomendar la inmunización en los niños y habrá que comprar dosis especiales.

Niño recibe una vacuna en un brazo. Foto: AFP
Niño recibe una vacuna en un brazo. Foto: AFP

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Los científicos y médicos que asesoran al Ministerio de Salud Pública tendrán sobre la mesa, el próximo miércoles, una de las últimas grandes decisiones que restan resolverse sobre la vacunación contra el COVID-19: la administración a niños menores de 12 años.

De aprobarse, Uruguay se convertiría en el decimoctavo país en recomendar la vacunación anticovid en niños. Y el cuarto que lo haría con la vacuna del laboratorio Pfizer. Eso significa que, sea cual sea la resolución del miércoles de la Comisión Nacional Asesora de Vacunas, Uruguay cuenta para esta discusión con mucha más evidencia -incluso con información de cómo funcionan las vacunas en la vida real y no solo en un ensayo clínico- que cuando autorizó la administración en adolescentes. Por aquel entonces había sido pionero en América Latina.

Parte de esta evidencia -en especial los documentos que elaboró la agencia reguladora de medicamentos de Estados Unidos, los resultados del ensayo fase III del laboratorio Pfizer y la decimocuarta ronda de análisis de la población de Reino Unido liderada por el Imperial College de Londres- hizo que la Sociedad Uruguaya de Pediatría (SUP) se adelantara a la comisión de vacunas y recomendara la inmunización en niños.

Una estrategia similar había ocurrido en Estados Unidos. Allí la sociedad científica que reúne a los pediatras le había pedido a la agencia reguladora que acelerara el proceso de autorización. Esa petición contaba con el apoyo de Stanley Plotkin, un octogenario científico estadounidense que fue clave en el descubrimiento de la vacuna contra la rubéola y de cuyos libros sobre las vacunas en niños aprendieron casi todos los pediatras contemporáneos.

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La recomendación de los pediatras uruguayos no estuvo exenta de polémica: la Sociedad Uruguaya de Pediatría recibió amenazas (por teléfono, correo electrónico y redes sociales) que derivaron la semana pasada en una denuncia policial. Casi en simultáneo algunas personas -incluyendo un diputado- que dudan de la pertinencia de la vacunación a los niños hicieron circular un documento interno del Comité de Farmacología y Terapéutica de la SUP en el que la posición de sus siete integrantes es que primero hay que priorizar la vacunación en los adultos y grupos de riesgo, incluyendo los países menos vacunados, y recién luego pensar en los niños.

Si bien esta posición no prosperó en la SUP, porque primó la evidencia que arrojó la comisión de Infectología y Vacunas, así como la decisión final de la directiva, sí generó cierto malestar entre algunos socios el hecho de que el documento se haya hecho público y utilizado con fines “contrarios a los que pretendía el comité científico”. Uno de los integrantes de ese mismo comité de Farmacología, quien prefirió el anonimato dado el ambiente hostil en el que se está debatiendo el asunto, aclaró a El País que “el comité no es contrario a la vacunación en niños, sino que se expidió diciendo que no es prioritario”.

Es que detrás de la discusión yace el dato epidemiológico de que creció la prevalencia de las infecciones en niños, sobre todo tras la diseminación de la variante Delta, pero que “los niños enferman de manera leve”. El principal argumento que refuta esa postura es que “los beneficios de la vacunación son mayores a cualquier eventual riesgo por la vacunación... incluso son más frecuentes las miocarditis por padecer la enfermedad que por una vacuna”.

Evidencia.

Chile fue uno de los primeros países de la región en dar inicio a la vacunación a menores de 12 años. Usó otra plataforma vacunal (la tecnología de virus inactivado del laboratorio Sinovac), y los reportes de efectos adversos fueron infrecuentes: 0,011% de las dosis administradas. En su mayoría esos efectos aislados fueron leves, como un dolor de cabeza o una fiebre pasajera. Solo se reportaron cuatro casos graves (0,0006% de las dosis administradas) de los cuales algunos estaban asociados a pacientes que son alérgicos a varios alimentos o bien tienen patologías relacionadas. Así lo detalla la autoridad sanitaria chilena en su sitio web.

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En los estudios de la biofarmacéutica alemana BioNTech y la estadounidense Pfizer, en los que se basó la autorización de administración en América del Norte y que también siguió la sociedad de pediatras uruguayos, no se reportó siquiera un solo caso grave de la enfermedad. La eficacia comprobada de la vacuna es del 90,7% en la prevención de la enfermedad sintomática del COVID-19 en la población de cinco a 11 años. Así lo señala el documento oficial del 22 de octubre, tras la administración de dos dosis, con distancia de tres semanas, que tenían un tercio de la dosis de los adultos.

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Logística.

A los niños menores de 12 años que participaron de los ensayos clínicos de la vacuna de Pfizer se les administró una dosis cuya concentración era tres veces inferior a la aplicada en adultos (10 micro gramos en vez de 30). Por ese motivo, de aprobarse la vacunación para esa población en Uruguay, el gobierno tendría que comprar nuevas dosis.

De cada frasquito (vial) de Pfizer para niños -que son de color naranja en lugar de violeta- los vacunadores obtienen diez dosis. En la versión de adultos se consiguen seis por vial. Eso, si bien abarata costos, también supone que la Lucha Antituberculosa uruguaya tendrá que formar a los vacunadores.

Tanto el proceso de compra de las vacunas específicas, así como los talleres de entrenamiento harán que, de aprobarse, la administración de la vacuna en niños se dilate varias semanas. En ese sentido, algunos pediatras aconsejan que la campaña se inicie en el verano o ni bien comience el año lectivo 2022, a efectos de reducir la circulación del virus previo a la llegada del frío y la mayor prevalencia de la gripe.

El último informe epidemiológico del MSP muestra que, a partir de principios de octubre, los menores de 15 años significaban más del 35% de los casos positivos del país cada semana. Incluso llegaron a ser el 43% a fines de ese mes.

Esa marcha epidemiológica podría ser un argumento a favor de acelerar la vacunación en niños, así como el hecho de que los menores de 12 años pasaron a ser un reservorio del virus. Por el otro lado, hay quienes argumentan que no hay una urgencia y que Uruguay tiene controlada la pandemia, por lo cual la relación entre beneficios y riesgos vacunales es más reducida que cuando la circulación viral es muy alta.

Todo eso estará sobre la mesa de los asesores el próximo miércoles. Comienza la cuenta regresiva para la última gran decisión.

Pros y contras de la vacunación contra el COVID-19 en niños.

A favor. La vacunación en niños menores de 12 es recomendada y ya fue aprobada en distintas partes del mundo por una serie de motivos que, básicamente, se resumen en que sus riesgos son ínfimos en comparación a sus beneficios. El estudio fase III de Pfizer demostró una eficacia de la vacuna del 90,7% en la prevención de enfermedades sintomáticas en la población de cinco a 11 años. Y no se reportaron efectos adversos de gravedad. En Chile, aunque con otra tecnología de vacuna, lo efectos graves fueron del 0,0006% del total de dosis administradas (inferior a una complicación por padecer la propia enfermedad).

Según un informe publicado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) la proporción de casos positivos entre personas no vacunadas es entre tres y cuatro veces superior que en aquellas que cuentan con el esquema inicial de vacunación. En este sentido, los menores de edad son un “nicho” para que el virus se coloque una vez que el resto de la población adulta supera cierto porcentaje de vacunación.

En Reino Unido, dice un informe del Imperial College de Londres publicado a fines de octubre, detectaron infecciones en adultos vacunados como consecuencia de que había aumentado la prevalencia viral entre los niños y eso dificultaba la reducción de la transmisión comunitaria.

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Uruguay parece no ser la excepción. Según el último informe epidemiológico del Ministerio de Salud Pública, a partir de la semana 40 del año el porcentaje de menores de 15 años que dio positivo siempre superó al 35% de toda la población que dio positivo esa semana sin importar la edad.

La variante Delta, a su vez, hizo aumentar en países como Estados Unidos e Israel la proporción de menores de 12 años hospitalizados y la vacunación de estos impediría la posibilidad de transitar la enfermedad de forma grave.

Además, la necesidad de “socialización y el compromiso con la continuidad escolar”, según señaló a El País la integrante de la SUP, Catalina Pinchak, es otro beneficio que traería la inoculación de este grupo etario.

A pesar de que los niños suelen transitar el COVID de forma leve y prácticamente sin sintomatología, el CDC menciona en uno de sus informes que existe la “posibilidad” de que los menores de 12 tengan “complicaciones en el largo plazo” dentro del período conocido como poscovid y eso se manifieste con una patología llamada síndrome inflamatorio multisistémico. El pediatra y director del Hospital Pereira Rossell, Álvaro Galiana, dijo a El País hace algunos meses que es “muy frecuente” ver este tipo de pacientes que ya transitaron la enfermedad en los CTI pediátricos. Ya han superado los 50 casos en Uruguay este año.

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Por último, los especialistas en inmunología resaltan que los niños suelen responder de forma positiva a las vacunas debido a que su sistema inmunológico se encuentra en mejores condiciones que el de los adultos.

En duda. Un documento de la revista científica New England Journal of Medicine señala que las admisiones a cuidados intensivos en niños son mayores a causa de gripe estacional que de COVID-19. Aunque la diferencia no es pronunciada, este argumento evidencia que los niños no transitan, generalmente, el virus del COVID-19 de forma grave y la necesidad de protegerlos no sería fundamental debido a que una gripe podría ser más peligrosa.

A eso se les suman los científicos que se manifiestan en contra de la vacunación a niños que se basan fundamentalmente en que no se conocen los efectos a largo plazo que las vacunas pueden tener en estos. Aunque respecto a este argumento lo mismo sucede con la población adulta que ya se ha vacunado contra el COVID-19.

Además, hay pediatras que entienden que incluso puede ser poco ético pensar en administrar la vacuna a los más chicos que no suelen enfermarse de forma grave en función de la protección de la población mayor. O bien que los niños de algunos países lo hagan antes que las poblaciones de riesgo de Etiopía o Nigeria en que menos del 5% de la población está vacunada.

Enfermera prepara una dosis de una vacuna contra el coronavirus. Foto: Leonardo Mainé
Enfermera prepara una dosis de una vacuna contra el coronavirus. Foto: Leonardo Mainé

Otros insisten en que la vacunación en niños no debería ser universal, sino administrarse en grupos de riesgo concretos. Y, sobre todo, habría que tener en cuenta el momento epidemiológico: a mayor circulación viral, mayores los beneficios vacunales.

Para complicar todavía más la decisión a la que se enfrentará el próximo miércoles la comisión asesora de vacunas, existen conflictos de interés que, alegan algunos médicos, no están del todo transparentados.

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