Revolucionaria propuesta del poderoso rey de la soja

DANIEL CASAS. LA NACION/GDA

EMPRESARIO

Gustavo Grobocopatel

La oficina que el Grupo los Grobo tiene en pleno centro porteño es informal. Agustina Idiarte, una empleada administrativa de 27 años, no ahorra elogios cuando habla de "Gustavo", con quien trabaja desde hace cinco años. "Es muy inteligente, te deja hacer y a veces ni te das cuenta de que está", afirma mientras espera a su jefe, que está llegando en avioneta desde América, en el límite con La Pampa. La joven es de Carlos Casares, una ciudad de 20.000 habitantes donde también vive el empresario con su mujer, Paula Marra, y sus tres hijos. Allí los Grobocopatel "son importantes, pero ni son ni se mueven como los dueños del pueblo", asegura Agustina. En su ciudad, Grobocopatel desarrolla además su pasión por la música: integra el trío folclórico Cruz del Sur. A la hora de autodefinirse, afirma que en él "prima lo racional sobre lo emotivo". Dice que privilegia el largo plazo al corto. Que tiene "una mentalidad artística, creativa", y que suele tener empatía con la gente. "Me pongo mucho en el lugar del otro", señala.

Algunos le dicen "el rey de la soja", pero el apelativo podría resultar escaso para definir a Gustavo Grobocopatel, un polémico ingeniero agrónomo de 46 años que heredó de su padre, Adolfo, la conducción de una empresa agropecuaria familiar, y la potenció hasta convertirla en una de las principales agroindustrias del país, aplicando los principios de la sociedad del conocimiento, una de sus pasiones.

En los últimos días, Grobocopatel se subió a la controversia que generó en Argentina el anuncio oficial de aumento de las retenciones al agro: pese a que entre sus pares del sector agrícola era uno de los pocos que mantenía con el Gobierno un buen entendimiento, desde su trinchera de poderoso referente del sector disparó contra el oficialismo al afirmar que "el problema de las retenciones es que concentran la riqueza, distribuyen al revés".

Su propuesta, a contrapelo de las medidas oficiales, es crear un impuesto fijo a la tierra que reemplace las retenciones. "Al ser fijo, cuando hay mayor productividad el impuesto se diluye, y entonces se estimulan la producción y la inversión. Este impuesto a la tierra es fácil de recaudar y difícil, casi imposible, de evadir como las retenciones", agregó.

Además, propone que los intendentes manejen directamente parte de esa recaudación. "Sería un sistema descentralizado, en red, más propio de la sociedad del conocimiento. Veríamos inmediatamente una revolución, con municipios formando consorcios para hacer autovías, viviendas y construyendo escuelas y hospitales. La gente de los grandes centros urbanos volvería al interior, a las economías regionales. Con esto se eliminarían las villas miseria que se crearon hace décadas con el viejo esquema industrialista, que no fue sustentable". Así opina.

Desde su empresa, que en 2000 pasó a llamarse Grupo Los Grobo, Grobocopatel se transformó en una suerte de Rey Midas que no sólo exporta soja y otros cultivos a raudales -a Venezuela, por ejemplo- sino también conocimiento bajo la forma de consultoría integrada.

Pero, con su estilo de producción integrada, con el arrendamiento de más del 90 por ciento de las ciento cincuenta mil hectáreas que cultiva con siembra directa y su esquema de tercerización de todos los servicios, este empresario acumula críticas más o menos veladas de las entidades del agro y abiertas de los ecologistas que se oponen a la siembra transgénica, así como de algunos intendentes bonaerenses que lo acusan de imponer a fuerza de dinero un modelo que expulsa mano de obra del campo. El corpulento empresario sonríe tras su barba rojiza y lanza una frase para la polémica: "yo soy un sin tierra", dice, apropiándose del nombre del movimiento campesino de Brasil, que justamente cuestiona la explotación agraria concentrada en pocas manos.

"Yo podría prescindir de tener tierra propia. Mi negocio no se altera si yo no tengo tierra propia. Soy un sin tierra, porque arriendo. Soy un sin trabajo, porque yo no trabajo, tercerizo todo. Y no puedo decir que soy un sin capital porque algo tengo, pero podría hacer lo mismo que hago prácticamente sin capital propio, porque hago un fideicomiso y el sistema me presta el dinero. Lo único que tengo es capacidad de gerenciar", explicó a La Nación, en la oficina del Grupo en el edificio de la Bolsa de Cereales.

Su abuelo llegó de Ucrania en 1910, con sólo 9 años, y se estableció con sus padres en Carlos Casares. Fueron algunos de los tantos gauchos judíos de la zona y con el tiempo Bernardo Grobocopatel se convirtió en contratista rural. Muchos años más tarde, en 1984, el segundo de sus hijos, Adolfo, fundó en esa misma localidad Los Grobo Agropecuaria S.A., la empresa familiar. Ese mismo año Gustavo Grobocopatel se recibió de ingeniero agrónomo en la Universidad de Buenos Aires, la misma casa de estudios en la que luego de hacer algunos posgrados en Estados Unidos fue durante ocho años docente de la cátedra de Manejo y Conservación de Suelos, saber desde el que refuta las críticas que le hacen, por ejemplo, los agricultores reunidos en el Grupo de Reflexión Rural, formado una década atrás y contrario a la producción transgénica.

Simpatizante de Boca por decisión propia y de Argentinos Juniors por herencia de su abuelo materno, que tenía una sedería en el barrio de La Paternal, Grobocopatel también presidió hasta el año pasado la Fundación de la Facultad de Agronomía. El decano era Fernando Vilela, posible secretario de Asuntos Agrarios bonaerense una vez que Daniel Scioli asuma como gobernador. De hecho, no faltó en los últimos tiempos quien asegurara que fue él quien le sugirió esa designación al actual vicepresidente de la Nación, con quien tiene trato frecuente. En septiembre de 2004, el empresario fue distinguido en el Senado de la Nación con la "Mención de Honor Senador Domingo Faustino Sarmiento".

Sembrando en Uruguay

En una de sus exposiciones sobre la "red social del conocimiento", Gustavo Grobocopatel habló de su experiencia en pasar de una empresa familiar a una empresa profesional, y de ésta a una red de producción. "Estamos sembrando 80.000 hectáreas de agricultura, de commodities, en la Argentina; 20.000 hectáreas en Uruguay y 6.000 en Paraguay. Pero esas siembras no las hacemos solos, las hacemos en distintas sociedades con los dueños de las tierras, con proveedores de servicios y de insumos, a través de integraciones de distinto tipo, muy flexibles", explicó. Dijo que los procesos de la sociedad de la información se van a acelerar en el siglo XXI a través de innovación tecnológica y nuevos conocimientos, generando un mundo fascinante."Hay que adecuar nuestras empresas. Pero el Estado puede sofocar el desarrollo de la tecnología", sentenció.

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