LEONEL GARCIA
La Inmaculada Concepción sigue presidiendo, como desde hace dos siglos, el presbiterio de la Catedral Metropolitana. A sus costados y más abajo, en actitud de eterna reverencia, se encuentran los Apóstoles Felipe y Santiago, santos patronos de Montevideo. En estos días, sus imágenes no están en contacto con sus fieles y sí con decenas de obreros en un mundo de andamios, arneses y herramientas. Un enorme telón de lienzo fruncido divide esta zona, actualmente en refacciones, del cuerpo central del templo.
Quietud y recogimiento se respiran en el inmenso espacio de "la nave central" de la Catedral, con capacidad para 600 personas sentadas. Afuera la Plaza Matriz late, como toda la Ciudad Vieja, su pulso de entresemana. Contados feligreses y algunos turistas se han hecho un tiempo para una plegaria, lo que agiganta aún más el lugar, que en su punto más alto llega a los 43 metros. Muchos no disimulan su curiosidad por saber qué hay detrás del telón, sobre todo luego de haber visto los andamios del atrio. Pero con discreción religiosa, no dedican más que una mirada de costado, respetando el silencio.
El próximo 21 de octubre la Catedral de Montevideo cumple 200 años. Para conmemorar el evento, se están realizando —además de una serie de actividades— diversas obras de acondicionamiento. En marzo finalizaron las reformas en el salón parroquial y en el bautisterio por un valor de diez mil dólares. El 6 de julio comenzaron los trabajos del presbiterio y el atrio.
Gonzalo Estévez, párroco de la Catedral, dijo a El País que "se espera que estas obras (el atrio y el presbiterio) finalicen antes del Día del Patrimonio". Esto ocurrirá en el fin de semana del 18 y 19 de setiembre. Pero ése no será el punto final para los trabajos: luego llegará el turno de la fachada del templo. "Lo ideal sería que cuando festejemos el bicentenario todo esté terminado", añadió el sacerdote.
La etapa actual del acondicionamiento, que incluye limpieza de mármoles, amurado, humedades subterráneas y restauración de estucos (pintura al fresco que imita al mármol), está siendo realizada por la empresa Restauración Uruguay y su presupuesto asciende, de acuerdo al padre Estévez, a casi 18 mil dólares. Más costosa será la fachada de la Catedral, "cuya mayor dificultad reside en trabajar sobre la piedra arenisca que le da base a las pilastras que la sostienen", según el sacerdote. La inversión para esta etapa estará entre 20 y 25 mil dólares.
DONACIONES. Estévez afirmó que el total de las obras se financian mediante donaciones de particulares y empresas "que quieren permanecer en el anonimato". Sólo de Uruguay, indicó, han recibido "unos veinticinco mil dólares".
"La gente está colaborando con extrema generosidad. A tal punto que sobrepasó todo lo que soñábamos cuando comenzamos a bosquejar las obras en octubre pasado¨, señaló el párroco. Una sola donación de diez mil dólares proveniente de Argentina "fue todo un impulso a nuestro planes".
Las reformas están abocadas a mejorar la apariencia del templo, ya que según Estévez, "la Catedral no tiene problemas estructurales de magnitud". Sin embargo, recordó que cuando tuvieron que acondicionar el bautisterio "faltaban pedazos enteros de revoque y estaba la piedra a la vista". Piedra que databa de principios del siglo XIX, cuando Montevideo todavía era un puerto dependiente de Buenos Aires en la muy joven Banda Oriental. Asimismo, hacía 80 años que no se pintaba el presbiterio.
COMISION. "Aprovechamos los 200 años para decorar la casa", dijo a El País Mercedes Seré, integrante de la Comisión del Bicentenario. Esta fue creada para la realización de guías turísticas en el interior de la Catedral durante el último Día del Patrimonio. Hoy está abocada a la concreción de eventos y venta de bonos colaboración —además de las donaciones— para aportar al financiamiento de las obras.
Entre las actividades que organizan se encuentran conferencias mensuales —a cargo de Marta Canessa, María Pérez Santarcieri y monseñores Delpiazzo y Cotugno— y recitales. El 25 de agosto se realizará en Encuentro Internacional de Coros en la propia Catedral, que pese a las reformas no ha dejado de oficiar misas ni recibir a los turistas en visitas guiadas que se realizan los sábados (a las 11 y 13 horas) y los domingos (17 horas).
Los bonos colaboración que ofrecen a empresas y particulares alcanzan sumas de 1.500 pesos hasta 100 ó 500 dólares. Pese a lo elevado de la suma, no se quejan de la demanda. "A medida que la gente se fue enterando de las reformas se acercó a colaborar de diferentes formas, ya sea con dinero u ofreciendo conferencias", dijo a El País Marta Mazza, otra integrante de la comisión. El resto de las donaciones, señalan, se reciben en la secretaría de la parroquia.
Tanto Estévez como las integrantes de la comisión resaltaron, a modo de ejemplo de las diferentes formas de apoyo a las obras, que todo lo recaudado por cuestión de inscripción y soponsors para el torneo de golf que se realizará el próximo fin de semana en Punta Carretas será destinado a la Catedral.
"Es que esto se condice con la historia, a esta obra la levantaron los montevideanos en 1804, con el impulso del párroco Juan José Ortiz", enfatizó Mazza. Según la comisión y el párroco, los habitantes de San Felipe y Santiago —los mismos que escoltan a la Virgen en el presbisterio hoy rodeado de andamios— vuelven doscientos años después a darle la cara a su Catedral, testigo de dos siglos y el primero de los edificios públicos de Montevideo que se mantiene en pie y cumpliendo las mismas funciones que para las que fue ideado.
Datos
El interés turístico de la Catedral se refleja en el apoyo por parte del Ministerio de Turismo, el Paseo Cultural de la Ciudad Vieja y la Fundación Banco de Boston.
Asimismo, la Intendencia Municipal de Montevideo ha declarado de interés cultural todos los diferentes actos de celebración por el bicentenario del templo.
En su interior se encuentra la tumba de Monseñor Mariano Soler, obra del escultor José Zorrilla de San Martín en homenaje al primer arzobispo de Montevideo.
Otras figuras históricas cuyos restos reposan en la Catedral Metropolitana son el cura párroco de la Matriz Dámaso Antonio Larrañaga, el primer obispo de Montevideo Jacinto Vera, el cardenal Antonio María Barbieri, el brigadier general Juan Antonio Lavalleja y los ex presidentes Fructuoso Rivera, Joaquín Suárez y Venancio Flores.
Nuestra Señora de la Fundación, una imagen de madera que llegó a Montevideo en 1725, presidió el templo hasta 1853. Hoy es uno de los objetos de mayor valor de la Catedral. Otro de ellos es la pila bautismal donde fue bautizado José Gervasio Artigas y que data de 1753.
El Retablo Mayor, ubicado en el presbiterio, preside el templo desde 1853. Lo domina una imagen de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen. A sus lados se encuentran San Felipe y Santiago.
La "iglesia madre" de la metrópolis
Primero Iglesia, luego Basílica, después Catedral y finalmente Catedral Metropolitana. Todos esos "ascensos" registró a lo largo de la historia la que comúnmente hoy se llama "Iglesia Matriz", que en realidad es el cuarto templo con esa denominación en Montevideo.
Según Marta Mazza, de la Comisión del Bicentenario, la primera Iglesia Matriz fue una capilla levantada por los jesuitas en 1730 en la esquina de Zabala y Piedras. Ese mismo año se coloca la piedra fundamental de la segunda, en su actual ubicación (Ituzaingó y Sarandí).
Esta "segunda Matriz" fue abandonada en 1788 cuando se le cayó el techo. Provisoriamente, el principal templo de la muy joven Montevideo funcionó donde hoy se encuentra el Ministerio de Transporte y Obras Públicas.
El 20 de noviembre de 1790 se colocó la piedra fundamental de la actual Iglesia Matriz. El Cabildo de Montevideo ya le había impuesto esa denominación, pero su nombre "completo" era Parroquia de la Inmaculada Concepción y de San Felipe y Santiago. El párroco de ese entonces era Juan José Ortiz. La construcción fue iniciada por el arquitecto portugués José Custodio de Saá y Faría, y continuada por el español Tomás Toribio. Fue consagrada el 21 de octubre de 1804.
Si bien se le realizaron remodelaciones a lo largo de los siglos XIX y XX, la estructura corresponde al proyecto original. La fachada reflejaba la influencia del estilo neoclásico puro y sus interiores estaban influenciados por el neoclásico italiano.
En 1870, Roma la declara Basílica, por los valores culturales y artísticos de su interior. Dieciocho años después, al nombrarse el primer obispo de Montevideo, Jacinto Vera, pasa a ser considerada Catedral.
Finalmente, en 1897 recibe su denominación actual de Catedral Metropolitana. Casi un siglo después, en 1975, es declarada Monumento Histórico Nacional.