Respirar en un avión es igual de riesgoso que en oficina o teatro

Salud. Científicos investigaron la transmisión de patologías en viajes

 20101014 800x572

THE NEW YORK TIMES | B. PETERSON

El año pasado, miles de vuelos a México fueron cancelados como respuesta al brote de gripe H1N1. Y en 2003 el susto por el SARS llevó a aeropuertos y aerolíneas a adoptar medidas de emergencia, como tomar la fiebre de los pasajeros.

No es de extrañar, entonces, que la cabina de un avión sea comúnmente vista como un proveedor especialmente eficaz de enfermedades transmisibles. Es verdad. Los viajes en avión pueden propagar enfermedades de un continente a otro más rápido que en el pasado. Pero estudios recientes, incluyendo el reporte de agosto del Consejo Nacional de Investigación en Transporte, afirman que, en general, un avión no es una amenaza mayor para sus ocupantes que cualquier otro ambiente cerrado como un teatro o el metro.

"Cada vez que usted entra en un espacio cerrado, siempre hay un riesgo mayor de infección mayor, pero la cabina de un avión no es un medio ambiente peor que la oficina en donde usted se sienta cada día", dijo el médico Mark Gendreau, experto en medicina de emergencia y de la aviación en la Lahey Clinic en Burlington, Massachusetts.

El aire de la cabina, dijo, se renueva 15 veces por hora, mientras que en un edificio de oficinas eso sucede menos de 12 veces. En la mayoría de los jets, el aire también es filtrado con aparatos que, se supone, eliminan 99,97% de las bacterias y las partículas minúsculas que transportan los virus. Además, los sistemas de ventilación abarcan unas siete filas, lo que limita la capacidad de los gérmenes de viajar de un extremo al otro de la nave.

Sin embargo, esto no excluye la posibilidad de propagación de enfermedades entre pasajeros en un vuelo largo. Los viajeros tienden a ignorar los consejos de los médicos de evitar volar si están enfermos, exponiendo a los compañeros de asientos a amenazas de infección, señalaron los investigadores.

En verano de 2007, las agencias federales de Estados Unidos, divulgaron una lista de enfermedades graves con las que no podían viajar personas a ese país. Cuatro años antes, después de un brote de SARS, aeropuertos y aerolíneas adoptaron medidas de emergencia.

Sin embargo, no hay evidencias de que gran cantidad de pasajeros se vieran afectados durante esos episodios. Y los pocos identificados abarcan personas que estaban sentadas a varias filas de una persona infectada.

Mientras las pandemias prominentes son las que han ganado atención, son las dolencias como resfriados o virus estomacales por las que los viajeros sí deberían preocuparse, sostienen los científicos.

Los viajeros aéreos son más propensos a verse afectados por este tipo de patologías al tocar la puerta del baño o cerrar el compartimento superior para guardar el equipaje.

Charles P. Gerba, profesor de la Universidad de Arizona y experto en higiene pública, dijo que la investigación mostró que los virus como la gripe pueden sobrevivir durante horas en superficies que no necesariamente son desinfectadas en la limpieza de rutina entre los vuelos.

De hecho, Gendreau dijo que lo primero que hace al abordar un avión es sacar un desinfectante para manos a base de alcohol y limpiar la mesa de la bandeja y otras superficies.

Muchos viajeros frecuentes tienen sus propios rituales para evitar una enfermedad que podría arruinar, además de un viaje, un negocio.

Stephen Wood, jefe de mercado para América del Norte en Russell Investments en Nueva York, dijo que a pesar de que vuela unos 120.000 kilómetros al año, nunca se enfermó durante un viaje porque se basó en algunas prácticas de sentido común, co-mo beber mucha agua durante el vuelo y evitar el alcohol.

Pero muchos viajeros frecuentes dicen que en un viaje largo pueden sentirse como si estuvieran engripados, incluso si están perfectamente sanos.

Los expertos médicos atribuyen esa sensación a los efectos que provoca un nivel menor de oxígeno y a la aridez del aire del avión a una altitud de 10 kilómetros o más.

Aunque la mayoría de las cabinas están presurizadas cuando llegan a alrededor de 2,4 kilómetros sobre el nivel del mar, es una altitud mayor a la que la gente está acostumbrada. Además, el rápido ascenso y descenso del avión exagera los efectos. "Quienes vuelan pueden estar experimentando un caso leve del mal de la montaña", dice Gendreau.

Los fabricantes de aviones no niegan eso. El aire dentro de un avión debe estar seco como en un desierto para proteger el fuselaje de metal de los peligros de la corrosión, dijo Ken Price, un experto de Boeing. Los niveles de humedad pueden estar por debajo del 10%, lo que contribuye a las molestias que un viajero puede experimentar durante un vuelo.

El nuevo 787 Dreamliner tendrá mucha más humedad que "cualquier avión actual", dijo, porque está hecho de materiales compuestos que son más flexibles. El Airbus A350, otro avión de tamaño mediano que está siendo desarrollado por un consorcio aeroespacial europeo, también se construirá principalmente de materiales compuestos.

La próxima generación de aviones se presurizará a cerca de 15 kilómetros. Princeton dijo que las pruebas mostraron que esta diferencia ayudaría a reducir las molestias y dolores asociados con los vuelos largos.

Aspectos claves

Renovación del aire del lugar

El aire de la cabina de un avión se renueva 15 veces por hora. En un edificio de oficinas, eso sucede menos de 12 veces. Además, el aire es filtrado con aparatos que eliminan el 99,97% de las bacterias y partículas minúsculas que transportan virus.

Propagación de enfermedades

Aunque en 2007 las agencias federales de Estados Unidos divulgaron una lista de enfermedades con las que no se podía entrar a ese país, dando protagonismo a pandemias prominentes, son las dolencias como resfriados o virus estomacales las que deberían preocupar a los viajeros.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar