Tres jóvenes que cometieron varias rapiñas con caretas y un revólver falso en la Ciudad de la Costa fueron detenidos y declaraban ayer en el Juzgado de la zona.
Los integrantes de la banda, uno de ellos menor de edad, confesaron la autoría de seis rapiñas en las que se llevaron entre $ 7.000 y $ 8.000 cada vez. Usaban máscaras de "Scream" (personaje de una saga de terror hollywoodense), y dos armas, una de las cuales fue incautada y resultó ser una réplica en metal. Se supone que usaron también otra, que sería verdadera.
El modus operandi de la banda consistía en salir de a dos en moto. Dos integrantes, de 17 y 24 años, se turnaron para acompañar al tercero, de 22 años, en las rapiñas. Siempre fue este último quien entró a los comercios, mientras que afuera esperaba el compinche para una rápida huida.
En todos los casos actuaron a media luz, alrededor de las 21 horas. Los robos fueron cometidos en El Pinar, Médanos de Solymar y Solymar Norte.
Un cuarto hombre, repartidor de una marca local de golosinas, estuvo involucrado en una de las maniobras de los jóvenes acordando previamente no resistirse al robo. Conocía al de 22 años porque habían hecho juntos el liceo. Fue la única rapiña que se cometió al mediodía, robando unos $ 11.000. Ayer el repartidor también estaba en el Juzgado.
Un comerciante que vio la escena sugirió perseguir a los ladrones.
El repartidor no tuvo más remedio que subir al camión y perseguir a sus cómplices hasta que se le "perdieron". Pero en la persecución se identificó el vehículo en el que se desplazaban.
Los tres chicos que integraban la banda son vecinos, viven en la zona de Pinar Norte. Las fuentes consultadas por El País informaron que pertenecen a familias de trabajadores, y que no vivían en una situación económica crítica. Ninguno de los tres tenía antecedentes o ingresos a la comisaría local. Comenzaron a robar en el mes de noviembre. No lastimaron a ninguna de sus víctimas pero tampoco tuvieron resistencia en ninguno de los casos: mostraban el arma y los damnificados entregaban el dinero.
Pese a que actuaron enmascarados y eso pudo evitar el reconocimiento, los ladrones confesaron. La Policía incautó una de las máscaras y el revólver trucho.