¿Quién los defiende?

Los sindicatos mandan. El gobierno lo sabe, pero no está dispuesto a hacer nada por revertir lo mismo que siempre alentó. Los empresarios lo advirtieron, pero nunca nadie pareció demasiado interesado en prestarles atención. Y muchos ya se preguntan cómo reaccionará esta dirigencia gremial, tan acostumbrada a hacer cuanto le place y a obtener cuanto demanda, si una fuerza no frenteamplista llega al poder en 2010.

¿Pero quién se acuerda de ellos? ¿Quién piensa en el padecimiento diario de los trabajadores uruguayos que son diariamente insultados, presionados o incluso amenazados por no estar afiliados a un sindicato? ¿Es que hay alguien que proteja sus derechos? ¿O será que en Uruguay sindicalizarse ha dejado de ser un derecho del trabajador para transformarse en una obligación?

Los dolorosos ejemplos sobran. Lo que uno se pregunta es si a alguien le importa. En la flota pesquera nadie puede salir embarcado si no está afiliado al Suntma. Nadie. No importa si es bueno. Tampoco si es el mejor. Si no está afiliado, el sindicato no permite que suba a un barco. Y si el patrón lo sube, ese barco no sale. Eso pasa todos los días. Y nadie hace nada para enmendarlo.

No es la excepción. En la industria metalúrgica, donde un dirigente sindical ha ganado prestigio tras haber demostrado que era capaz de ocupar cincuenta empresas a la vez, el que le lleva la contra al sindicato la pasa mal. En una empresa de capitales argentinos los que no apoyaban lo que planteaba el sindicato eran insultados. Uno de ellos incluso fue agredido, e hizo la denuncia. No pasó nada. Finalmente, la empresa se fue del país, dejando a sesenta trabajadores en la calle. Los dueños estaban cansados de los desplantes del sindicato, pero quienes no estaban sindicalizados también quedaron en la calle.

En la industria de la bebida también pasan cosas muy graves. El mismísimo gremialista Richard Read admitió públicamente hace algunos meses que en una empresa sólo entra un trabajador si el sindicato lo permite. Y sólo lo permite si ese trabajador firma de antemano su afiliación al gremio. ¿Usted cree que alguien puso el grito en el cielo? ¿Usted cree que a alguien le afectará saber que ese dirigente ha ordenado que en una empresa "fiscales" puestos por el sindicato revisen diariamente los bolsos de aquellos trabajadores que no están afiliados al gremio? ¿Esa es la defensa de los trabajadores de la que nos hablan estos señores que viven tan cómodos manejando empresas con capital ajeno?

La semana pasada, 180 trabajadores del Club de Golf de Punta Carretas denunciaron a través de una carta que un puñado de caddies, que no son funcionarios de ese club pero fueron convencidos por radicales de izquierda para pedir un sueldo mínimo vienen utilizando la violencia y las amenazas para amedrentarlos y dificultarles, cuando no impedirles, su derecho al trabajo. ¿Es justo que trabajadores tengan que pasar a diario por el calvario de ser insultados soezmente al llegar a su empleo por personas a las que alguien convenció de seguir reclamando con violencia lo que la Justicia ya dictaminó en dos instancias que nadie debe darles? ¿Quién piensa en los derechos de estos trabajadores, muchos de los cuales son mujeres?

¿No habrá llegado la hora de que los derechos de todos sean igual de importantes? ¿No será el tiempo de que estos temas, y no sólo los ajustes salariales, sean puestos por los gobiernos y los empresarios en la agenda de las negociaciones? ¿Habrá que esperar que a alguien le pase algo para que los que hoy miran para otro lado pongan, al menos, cara de preocupados?

Ojalá que no, porque será demasiado tarde.

elpepepregunton@gmail.com

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