PAYSANDÚ | SANDRA KANOVICH
A diez días del balotaje, el Partido Nacional en Paysandú fue sacudido ayer con la noticia de que habían profanado la urna del general Leandro Gómez. Los blancos no lo vinculan con las elecciones y por ahora hablan de un hecho de vandalismo.
El mausoleo al general Leandro Gómez fue profanado ayer por desconocidos que violaron las cerraduras de las dos puertas de acceso y abrieron la urna que guardaba sus restos. En el interior de la urna solo había un trozo de cinta celeste y blanca y un pequeño resto óseo.
Las informaciones primarias señalan que ninguno de los objetos históricos que componen el Museo de la Defensa, que comparte el lugar con la urna de Gómez, fueron siquiera tocados. Los profanadores se dirigieron directamente a la urna que ocupa el lugar central y retiraron las dos tapas, una de madera y otra de chapa, que fueron encontradas en el suelo.
El hecho movilizó a los sanduceros y las versiones de una antigua leyenda, según la cual los restos del general nunca llegaron a Paysandú, se reavivó.
La inauguración del mausoleo, el 2 de enero de 1984, fue uno de los últimos actos de la dictadura militar (1973-1985).
El panteón está situado en la Plaza Constitución, símbolo de la resistencia que comandó Gómez al sitio de Venancio Flores entre octubre de 1864 y el 2 de enero de 1865, día en que fue fusilado.
Dirigentes del Partido Nacional de Paysandú manifestaron su congoja y definieron lo ocurrido como un "acto que enluta no sólo a los nacionalistas, sino a todos los uruguayos".
PROFANACIÓN. Entre las 0 y las 6 horas de ayer desconocidos llegaron hasta la escalinata de ingreso del mausoleo. Rompieron el candado de la puerta de rejas y las cerraduras de la abertura de blindex.
Sin causar otros destrozos y sin acercarse a las vitrinas que guardan documentación y armas de la época de la Defensa, fueron directamente a la cripta, informó a El País el director de Museos, Alfredo Beraldo.
El jerarca municipal fue advertido en horas de la mañana por el cuidador de la plaza, que cuando llegó sobre la hora 7 se encontró con la puerta rota y la urna abierta.
Beraldo prefirió no entrar en la polémica sobre la leyenda de los restos, pero afirmó que "por respeto en esta administración nunca abrimos la urna para ver su contenido".
"Lo que sabemos es que en la mañana de hoy (por ayer), no estaban", agregó.
Fuentes policiales, por su parte, confirmaron a El País que dentro de la urna fue hallado un pequeño resto óseo de unos dos centímetros. "No podemos decir que hubo un robo, porque no sabemos qué había adentro", dijeron. "Saber eso es responsabilidad de su custodio, en este caso el intendente y los que los precedieron", agregaron las fuentes.
En la tarde de ayer autoridades municipales y dirigentes locales del Partido Nacional se encontraron en la Plaza Constitución. En una improvisada reunión, los representantes municipales, entre los que estaban la secretaria general Helena Heinzen, la directora de Cultura Nelly de Agostini y el director de Museos Alfredo Beraldo, informaron a los dirigentes nacionalistas -entre ellos el diputado electo Bertil Bentos- de lo sucedido.
Tras un breve intercambio de palabras, acordaron que un grupo entrara al mausoleo y comprobara la situación.
Se encontraron con la urna nuevamente cubierta con sus tapas, lo que según las autoridades municipales fue definido por la Policía. El hecho molestó a algunos nacionalistas, que esperaban confirmar con sus propios ojos el vacío que había quedado. Las palabras del dirigente Marcelo Tortorella fueron determinantes para apaciguar los ánimos.
Tras la recorrida se sucedieron breves declaraciones públicas. Heinzen reafirmó la preocupación de la Intendencia por el "lamentable hecho" y comunicó la decisión de preservar el sitio hasta que el informe técnico policial arroje resultados.
Los dirigentes sanduceros del Partido Nacional definieron no hacer declaraciones hasta tanto cuenten con el informe policial que les permita cotejar la versión brindada ayer por las autoridades municipales y establecer sus propias conclusiones. Anoche permanecían reunidos analizando lo sucedido. Fuentes del partido explicaron a El País, que la intención es preservar el respeto por toda la ciudadanía y no aventurar conclusiones que puedan enrarecer el clima político a once días del balotaje. "Es una cuestión de responsabilidad", dijo una fuente.
Peregrinar de los restos del general
La desaparición de los restos de Leandro Gómez abonó su leyenda. José Rivero ha dedicado buena parte de su vida a reunir documentación sobre la historia sanducera. En la puerta del mausoleo, recordó ayer a El País las vicisitudes que atravesaron los restos de Gómez. Para evitar que fueran vejado, su cadáver fue extraído por Vicente Mongrell y Mariano Pereda del osario del cementerio. Lo cremaron y lo llevaron a la casa de Pereda. Una noche, los restos fueron trasladados a Concepción del Uruguay, Entre Ríos. Allí los custodió un cura y luego una anciana. Luego fueron llevados a un cementerio de Buenos Aires. En 1884, un grupo de amigos del general lo repatriaron al Cementerio Central. En 1965, los sanduceros intentaron traer los restos a Paysandú, pero una nieta esgrimió una carta en la que el caudillo solicitaba ser enterrado junto a su esposa. "Pero en la época del proceso (1973-1985) no se pedía permiso, se actuaba, y los cuentos que llegaron fue que los restos no estaban. Ahí nace la duda del contenido de la urna", rememoró Rivero.
El héroe de Paysandú
El general Leandro Gómez (1811-1865) cobró notoriedad como militar al participar del Sitio Grande de Montevideo en 1843, establecido por Manuel Oribe para recuperar la Presidencia tras el alzamiento por Fructuoso Rivera en 1838. Pero la historia lo recuerda por su resistencia a los levantamientos del general Venancio Flores. En 1863, Flores promovió desde Argentina el derrocamiento de Bernardo P. Berro, y Gómez lo enfrentó en el combate de Las Cañas, Salto. Un año después Flores atacó Paysandú, pero no puede con Gómez. En octubre de ese año de 1864, Flores, con el apoyo de fuerzas brasileñas, establece un sitio en Paysandú. La ciudad resiste durante dos meses. El 2 de enero de 1865, los atacantes entran a la ciudad y tras un sangriento enfrentamiento logran vencer a Gómez. Su destino fue el pelotón de fusilamiento ese mismo día. El episodio pasó a la historia como "La defensa de Paysandú" y la figura de Gómez reconocida como un ejemplo al valor militar. Quedó resumido su pensamiento en el orden del día de los festejos por el día de la Independencia, el 25 de agosto de 1864, en la sitiada Paysandú: "Debemos jurar en presencia de Dios y a la vista de nuestra Patria amenazada, morir mil veces luchando contra extranjeros y traidores, sin mirar el número, antes de consentir que la libertad del pueblo oriental y su independencia sean pisoteadas".