“Uruguay se tiene que pelear con el corporativismo”, dice Santiago Gutiérrez, que prepara nuevo sector en el PN

El dirigente, que dejó Por la Patria y busca desarrollar un camino propio, sostiene que es preciso elevar el debate político: “No podemos pasar discutiendo por el color de una corbata”.

Santiago Gutiérrez, dirigente del Partido Nacional.
Santiago Gutiérrez, dirigente del Partido Nacional.
Foto: Darwin Borrelli/El País.

-¿Cómo ve, en general, el rol que viene tomando la oposición en el gobierno de Yamandú Orsi?

-En el Partido Nacional hay distintas formas de ser oposición, desde las más duras a otras que no lo son tanto. Luego hay algo que falta en general en todo el sistema político: la capacidad de confrontar modelos de país. La disputa política está sobre la retórica, sobre los agravios personales y las picardías, y no se ocupa tanto de los temas de fondo. El Partido Nacional va a cumplir 190 años de historia en pocos días y fundó de alguna forma una visión del país, una parte del espíritu del país, entonces debe estar siempre en lo que es importante. No podemos pasar discutiendo sobre el color de la corbata de fulano o mengano.

-Considera, entonces, que le falta altura a la discusión política.

-Sí, y somos todos responsables de esto. No es que lo esté mirando desde un balcón. Es cierto también que la actividad legislativa tiene sus propias características y arrastra a los dirigentes por carriles múltiples todo el tiempo. También estamos viviendo una época de recambio de liderazgo en los partidos y eso hace que esté un poco más desorganizada per se la cosa.

-Pero el Partido Nacional parece tener un liderazgo claro: el de Luis Lacalle Pou, aunque este no sea parte de las discusiones políticas del día a día.

-Voy un poco más atrás: Uruguay vivió, con sus vaivenes por supuesto, una gran época entre el 85 y, pongamos, el 2019. Ese fue un momento de cambio, porque fue la primera vez que ni Lacalle Herrera, ni Larrañaga, ni Volonté, ni Batlle Ibáñez, ni Pedro Bordaberry, ni Sanguinetti, ni Vázquez, ni Mujica, ni Astori, fueron candidatos a presidente. O sea, por la vía de los hechos, o por la biología también en muchos casos, cambiamos de época. El Partido Nacional es el primero que llega con un liderazgo -el de Luis- con este cambio de época, que no afecta solo a quién es presidente, o a quién lidere los partidos, implica también todo un cambio en cómo es que nos comunicamos. Y eso lleva a que los partidos pasen por momentos de crisis, en los que obviamente es necesario reordenar y reorganizarse.

- ¿Y cómo atraviesa hoy, el Partido Nacional, tras la última derrota, esa reorganización?

-Ahí la imagen de Luis es clave. Hoy quien mayor define la palabra liderazgo en el sistema político uruguayo es él. Es el personaje político más popular del país. Por eso, mientras él no está para dar su voz en el día a día, lo que pasa es que cada uno arrima a la brasa con su sartén. No sé si estos sectores que hoy están en el partido seguirán hasta el final, o si luego se generarán alianzas. Hoy esta es la realidad y es un buen momento para mostrar distintas posturas.

-¿Qué peso tiene la ideología en esta reorganización? El expresidente Julio María Sanguinetti ha dicho alguna vez que Lacalle Pou se ha acercado a lo que es un socialdemócrata.

-Sanguinetti muchas veces lleva agua para su molino (ríe). Creo que lo que pasó fue que a Luis se lo encasilló en su momento en que era de una derecha dura y terrible, y no sé si era tan así. También creo que el ejercicio del poder, el gobierno, te forma. Te forma sobre cosas que no te las puede dar nada antes que la experiencia de estar ahí. Hay un debate que también quedó antiguo: el de izquierda y derecha. Me parece que hoy en día definen cosas que ni siquiera tenemos claras, porque hay gente de izquierda conservadora, de izquierda progresista, hay gente de derecha liberal y de derecha estatista. ¿Dónde se para cada uno? Cabildo Abierto, ¿es derecha o es izquierda?

-¿Cómo contesta usted esa pregunta?

-Nos queda recómodo decir que es derecha porque en Uruguay creemos que si son malvados son de derecha.

-¿Son malvados?

-Es una ironía. Me refiero a la cosa fácil, ¿se entiende? Los blancos no somos de derecha ni izquierda, ¿la derecha de quién y la izquierda de quién? Los partidos tradicionales, el Partido Nacional y el Partido Colorado, históricamente representaron dos formas de entender el Uruguay distinto y adentro había izquierda y derecha de los dos partidos. Con el Frente Amplio lo que parece pasar, y esto es entre comillas, es que toda la izquierda se va para ahí, porque se quedan con el estatismo y el centralismo. El último blanco frenteamplista entiendo que fue José Mujica, quien creo, hasta el día de hoy, que murió herrerista.

-Lo escuché el otro día plantear algunas diferencias con cómo se comunicó, por parte de la coalición republicana, que no se iba a votar la Rendición de Cuentas. ¿Cuestiona la forma o el fondo?

-La foto no estaba buena. No soy yo el primero que lo dice. Más allá de que adentro de esa foto hay gente que aprecio, quiero, respeto, incluso admiro, esa es mi opinión. Y es un síntoma de que hubo, en general, un problema de comunicación. Nosotros deberíamos haber explicado mejor que la Rendición de Cuentas son dos cosas: la Rendición estrictamente, es decir, cómo el gobierno eligió y ejecutó su presupuesto y políticas públicas en el año que pasó -ahí es donde nos paramos y decimos: “no lo apruebo”-; y después están los cambios que se introducen en cada Rendición, un montón de artículos, que implican reasignaciones, y que entiendo que nunca estuvo cerrada la puerta a discutirse.

-En su momento esto no se entendió así. ¿De esta manera la oposición podría votar la Rendición en general y luego no aprobar el artículo 1?

-Claro, y después dar la discusión con todo aquello que viene para adelante. Siempre lo entendí así. Es una picardía también del oficialismo hacerse los carneros degollados y decir “qué horrible, qué horrible, le van a sacar los recursos a los más pobres”. No es así, porque esa discusión no empezó; no inventen cosas que todavía no ocurrieron.

-¿Está de acuerdo con un lema único, con una Coalición Republicana de blancos, colorados y el Partido Independiente de cara a las elecciones de 2029?

-Entiendo de dónde viene la idea. Sé que hay argumentos. Pero creo que no son suficientes y no los comparto. Primero porque entiendo que hay una cosa muy cortoplacista: mirar solo hacia la siguiente elección. ¿De dónde parte la ola del lema único? De octubre de 2024. Obviamente podía existir antes, pero ¿qué es lo que le da fuerza, o qué es lo que lo empieza a poner en agenda? Que votaste más que el Frente Amplio en la sumatoria de los partidos y tenés menos legisladores. Y eso parte de un razonamiento aritmético, y para mí la aritmética y la política no siempre se llevan bien. El razonamiento dice: si separados votamos esto y sacamos estos legisladores, si fuéramos el mismo lema hubiéramos votado lo mismo y sacaríamos 16 senadores y tendría 14 el Frente.

-¿Y por qué en este caso la matemática no aplica?

-Lo confuso es creer que por separado se vota lo mismo que todo junto. De hecho, ya quedó comprobado que, en los balotaje, votamos menos. ¿Se piensan que si el candidato hubiera sido al revés, todos los blancos iban a ir a votar un colorado? Siempre hay uno allá que el padre peleó con Saravia. Además, ¿cómo resolvemos la interna de los partidos? ¿Cómo es la interna de junio? ¿Cómo es la interna de la Coalición Republicana? Vamos a rompernos la cabeza ahí, blanco contra colorado o contra un candidato de Partido Independiente o algo más que surja eventualmente. A mí me resulta raro y además me parece inconveniente.

-¿Hacia dónde va el sector que está impulsando tras su alejamiento de Por la Patria, luego de la última elección?

-Nosotros queremos hacer un camino propio y creo que el Partido Nacional está lleno de dirigentes en todo el país, jóvenes con un concepto amplio de la juventud, que tienen peso político en votos o potencial político en votos. Y lo que nos pasa es que tenemos una sensación de destino común o de objetivo común. La intención política primaria es la de cambiar el país. No porque suene lindo el cliché, sino porque tenemos la certeza de que Uruguay llegó a un momento límite. El país está en un pozo: hace 10 o 15 años que Uruguay crece al 1% promedio, es decir, casi no crece; la mitad de los gurises que entran a la escuela no terminan el liceo; tenemos problemas graves de convivencia y seguridad; vivimos en un Uruguay hiperregulado que no compite y no es competitivo. Creemos que hay que cambiarle el estado de ánimo al Uruguay. Aquello de que en Uruguay no se puede, que es complicado. Y nosotros estamos convencidos que Uruguay es una gran nación que tiene que enfrentar reformas complicadas, que se tiene que pelear con el corporativismo.

-¿Cuáles son esos principales problemas estructurales del Uruguay a los que se refiere?

-Uruguay necesita hacer crecer la torta como el oxígeno, como el agua. Y para eso hoy tiene que enfrentarse a una agenda de reformas que no enfrentó en los 80, ni en los 90, ni en los 2000, ni 2010. Reformas laborales, económicas, de las empresas públicas, del mercado de divisas... Sorprende la cantidad de legislaciones, artículos, decretos y leyes que protegen determinadas actividades para que nadie compita con nadie y que explican entre otras cosas por qué es todo tan caro. Vivimos anestesiados a pagar 90 mangos el litro de nafta, a pagar 300 pesos un tubo de pasta de dientes, a que no tengamos en Montevideo servicios acordes a lo que aportan los contribuyentes en el transporte público, en el estado de las veredas, de las calles, del tráfico. Hay como una resignación o una anestesia de que en Uruguay es así y ya está. Y para mí hay una sensación de entregadera y de tristeza que quiero ayudar a cambiar: que volvamos a pensar que en Uruguay se puede ser próspero, que se puede ser exitoso, que está bien ser exitoso y que no nos tenemos que conformar con estar más o menos bien. Tenemos que tener un poco más de hambre de reforma, porque me parece que tocamos un techo. Nos tenemos que animar a cambiar cosas que incluso tenemos a veces escritas en piedra. Los jóvenes piensan que Uruguay es muy difícil y no terminan de estudiar. Hay gurises que tendrían que estar en el liceo y hay un señor en el barrio que le dice: “Vos, si pasás dos tizas de base te agarrás dos, tres lucas”. ¿Saben lo que son dos o tres lucas en sus vidas? Hay que dejar de discutir acuerdos electorales y empezar a discutir el Uruguay.

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