La entrevista del domingo

Sanguinetti: "Habría que prevenir la adicción al porno más que al tabaco"

Alberto Sanguinetti, obispo de Canelones.

Alberto Sanguinetti, obispo de Canelones. Foto: Leonardo Mine
Alberto Sanguinetti, obispo de Canelones. Foto: Leonardo Mine

Fue 37 años sacerdote en la Arquidiócesis de Montevideo, estudió Filosofía en Toledo, en Canelones, y Teología en la Universidad Gregoriana de Roma, en Italia. Luego hizo el Doctorado también en Teología en la Facultad de San Miguel de Buenos Aires, en Argentina, donde conoció al papa Francisco. Tiene 72 años y hace ocho es el obispo de Canelones. No suele guardarse nada cuando es consultado sobre la realidad política y social del país.

—Uruguay es el país con menor cantidad de católicos en América Latina después de Cuba, ¿hace falta mayor militancia?

Sí, siempre hace falta. Y parte a veces del proceso de organización. Por un lado hay un cierto laicado más firme y, por otro, hay también una cierta secularización de los grupos de laicos, una cierta privatización de la religión.

¿Está mal privatizar la religión?

Privatizar si se entiende que sea obviamente individual no es la fe católica, no es la fe de Jesucristo.

¿Sigue la política de cerca?

A mí me gusta la política.

Las encuestas en Uruguay marcan cierto desencantamiento con la política, ¿cree que ocurre lo mismo con la Iglesia católica?

La cultura moderna, el ambiente en el que estamos no es solamente más individualista, hoy todo el mundo puede expresar su opinión. Lleva al bien, pero también un poco lleva a una especie de juicios de todas las cosas y no sé si es muy maduro. Y a menos pertenencia a los grupos, se opina hasta de medicina.

—En una entrevista con un diario local, usted dijo que "en lugar de Dios, lo único que queda es el fútbol y la política". ¿Por qué piensa esto?

No sé el contexto, yo voy a decir más o menos lo que yo pienso. Al no poner socialmente por encima de todo un absoluto que pueda ser absoluto, que puede ser Dios, se absolutizan otras cosas. Entonces la política acá es excesivamente la vida también porque es el poder, la plata y muchas cosas más en un país bastante estatizado. El fútbol es entusiasmante pero tampoco es que la gran identidad colectiva sean los jugadores de fútbol.

—¿Se están perdiendo cada vez más los valores en la sociedad?

Bueno yo nunca fui ni soy de decir esta época es la peor de todas. Insisto mucho en las virtudes que es el hábito de elegir determinados valores.

—¿Cuáles son?

—Primero la virtud de religión sobre todas las cosas, el sentido de Dios sobre todas las cosas. Los intereses personales se vuelven lo superior y también las pasiones desordenadas. Estamos en una sociedad de un desparpajo de la lujuria sin límites. No es que la lujuria, el desorden y las pasiones sexuales sean nuevos, es de Adán para acá. Pero no que fuera con tanto desparpajo y tan puesto y que casi no se presenta la virtud de la castidad. En eso sí, en el mostrar, también hay intereses. ¿Vieron lo poquísimo que se habla de la pornografía? Eso no está estudiado, el hábito que hace en los menores y en la cabeza. Las adicciones que crean, de eso habría que hacer más prevención que en el tabaco. Porque el tabaco lo matará, pero no le esclaviza la vida. Pero en cambio, la lujuria ya potenciada de los niños sí.

¿Usted considera que es necesario hacer más prevención y regular la pornografía?

Sí. No hay promoción de la familia. No se les promueve ni se les dice a los chicos miren, traten de formase para esto porque van a ser más felices, más responsables y van a poder crear unos hijos más sanos.

—¿La inseguridad y la delincuencia son parte de no contar con esa virtud?

Como todas las cosas tiene muchos aspectos. Ciertamente influyeron muchas cosas, una es el mostrar la riqueza que crea apetito. Antes había más ignorancia de lo que tenía el otro y había más aceptación de las clases sociales. Ahora, todos los chiquilines saben más de marcas de championes que de otra cosa.

—¿Coincide con el papa Francisco en que "la sexualidad es un don de Dios" y que no hay que imprimirle ningún tabú?

No sé dónde y cuándo lo dijo. Dejo la cita. La sexualidad es un don de Dios, eso está en el capítulo primero de la Biblia (risas), (Dios) los creó varón y mujer, somos varones y mujeres porque Dios nos creó así. La sexualidad desde el comienzo de la Biblia la libera en dos extremos: la demonización o la deificación que es un Dios. Ni es Dios ni es mala en sí misma, es un don de Dios. Segundo, también es verdad que existe el pecado original, estamos afectados por él. No somos simplemente animales racionales, y el pecado nos afecta en todo. Somos inteligentes, pero también con la inteligencia o somos soberbios o malos. Y tercer nivel, la sexualidad. Jesucristo la rescata y la eleva a ser santa. Lo del tabú es que no se pueda hablar por un miedo.

¿Cómo concibe usted en ese sentido al matrimonio igualitario?

Hubo toda una recreación del lenguaje. Entonces, matrimonio como tal es la unión estable entre un varón y una mujer, tiene un acto sexual complementario puestos ya en sus cuerpos y que son capaces de procrear y por eso mismo capaces de asumir. Ahora, si a juntarse dos hombres o dos mujeres le llamamos matrimonio, habrá que buscar otra definición de la palabra porque son cosas evidentemente distintas. Que el acto sexual de varón y mujer es complementario está en los cuerpos, no hay otra cosa. Y que es capaz de procrear también, y que los otros no son complementarios (los órganos). En primer lugar el aparato se llama aparato reproductor, bueno este no es reproductor y además no es complementario. Son dos realidades distintas.

Alberto Sanguinetti, obispo de Canelones. Foto: Leonardo Mine
Foto: Leonardo Mine

—Pero obispo, existen alternativas para que esa pareja del mismo sexo pueda tener un hijo, por ejemplo la adopción.

—Lo primero que no acepto. Me parece mal. En un momento en que la gente no quiere casarse agarre la palabra matrimonio para buscar una aceptación social, eso es otra cosa. Pero como tal, son dos realidades distintas. El usar una palabra para dos cosas distintas es como ahora le llamo hijo a un chico que yo llevo de la mano por la calle. Hay una trampa, no es matrimonio igualitario entre otras cosas, no son las mismas cosas. Esto es matrimonio y a esto llámele unión, no sé, porque además primero es falso y segundo, crea una mala visión cultural.

—Bueno, dejemos de lado el término matrimonio, ¿cómo concibe esa unión de dos personas del mismo sexo?

La realidad, lo que dice la palabra de Dios es que el hombre está hecho para tener matrimonio o sea de varón y mujer. Hay muchos actos sexuales que son penados, la fornicación, la unión del acto sexual si es verdadero es conyugal, son dos personas que quieren estar realmente unidas y siempre. Eso es un matrimonio. Si quieren por un rato, ya algo es medio falso. Fuera del acto sexual hay distintas deformaciones que no son castas: la fornicación, más grave es el adulterio, y los actos sexuales homosexuales no son actos ordenados.

—Pero y entonces ¿cómo se para ante la polémica ley integral para personas trans que está a estudio de la comisión de Población, Desarrollo e Inclusión del Senado?

Hay que respetar y no hay por qué agredir a nadie. Ahora estrictamente hay una cantidad de problemas, la persona es varón o mujer, en todas sus células, entonces hay algo ahí. Yo no lo sé, no soy especialista. Se llamaba hasta ahora disforia de género o disforia sexual porque la palabra género está mal usada. Es también un lenguaje para engañar. Ahora no quieren llamarla así, porque de algún modo no coincide lo que siente con su cuerpo, pero fíjese que si una chica o un varón no está de acuerdo con la gordura de su cuerpo y entonces se vuelve anoréxica, eso hay que tratarlo. Yo discrepo, lo que sí me parece gravísimo es que le permitan a los niños…

—Bueno a eso quería ir, dos de los artículos más polémicos de la ley permiten el cambio de identidad, sexo y hormonización de los menores que deseen hacerlo sin necesitar el consentimiento de sus representantes legales.

En primer lugar está en curso estadísticamente. Tienen alguna dificultad de identidad, más o menos el ocho y pico por ciento se alinea en la adolescencia. Deja de tener esa realidad fantasiosa de niño. Del grupito mínimo es un cero coma no sé cuánto, así que, hay que respetarlos, pero no se puede cambiar toda la visión de las cosas. En segundo lugar, es gravísimo porque muchas de esas cosas, vi en Twitter, en Estados Unidos, les sacan las mamas a los 13 años, una operación, eso no tiene vuelta, es una cosa gravísima.

¿Y entonces qué respuesta les da la Iglesia a esas personas que no se sienten cómodas con su cuerpo?

La respuesta es personal, porque esas cosas son personales, no hay como una marca de autos. Esto es personal, eso hay que tratarlo, conversarlo, hay que ver qué de quién, qué quiere y qué puede. Ahora saco esto, en su momento como la homosexualidad, no se puede ser nada que vaya contra esa tendencia.

Alberto Sanguinetti, obispo de Canelones. Foto: Leonardo Mine
 Foto: Leonardo Mine

Obispo crítico con la cifra de abortos en Uruguay

—¿Le preocupa a la Iglesia Católica el descenso de la tasa de natalidad? Durante el primer semestre de este año hubo 1944 nacimientos menos que en igual período del año pasado.

—No sé si el tema me preocupa, pero es un mal a muchas puntas. En primer lugar está ligado con el inmenso número de abortos. Es un mal en sí, que mata niños, es un mal cultural, un pueblo que se acostumbra a matar a sus hijos, es un pueblo traumático y que no comunica la vida. 44.000, 45.000 nacimientos y casi 10.000 abortos registrados, porque no es que no siga habiendo clandestinos. Fíjese que los uruguayos estamos matando el 20% de nuestros hijos. Eso no puede no tener consecuencias psicológicas como valor. ¿Qué ama este pueblo?

—La Iglesia ha sido muy crítica de las prácticas de las interrupciones voluntarias del embarazo que están estables en los últimos dos años con un promedio mensual de 815 casos.

—Otro cambio lingüístico "interrupción voluntaria del embarazo".

—Es lo que dice la ley.

—Es una imposición cultural. En vez de decir que mato a un niño, me dicen que interrumpo, como si dejara de tomar una aspirina. Interrumpo.

—¿No está de acuerdo en que el Estado atienda este tipo de problemáticas sociales?

—Bueno hay muchas cosas. Hay problemas ya con los baños. Se han metido y han violado. Yo no digo que sean violadores, ¿pero para algo teníamos baños separados no? También hay que ver otros niveles. Esta es una agenda impuesta. Cualquier periodista lo debe saber. Esta agenda viene de Estados Unidos y de Naciones Unidas. Y condiciona la plata y esto está hecho. Esto está escrito todo. La OMS lo impone.

"No fue una frase muy feliz" la de Sturla sobre los abusos
Foto: Leonardo Mainé

—¿Comparte las expresiones del cardenal Daniel Sturla cuando al ser consultado sobre el abuso a menores por parte de sacerdotes, señaló que en Uruguay "no ha sido un tema con niños, sino con adolescentes menores"?

—La pregunta se la tiene que hacer al cardenal Sturla. No es una frase muy feliz. Lo que creo que quiso decir es que son dos tipos de delitos distintos y de dramas distintos. El niño chico que supone una determinada patología y un daño, y la del adolescente que normalmente es otra patología del tipo de abusador y otro daño. Nada más, los dos son horribles, nada más.

—Este tipo de crímenes ocurrieron en Uruguay, ¿siguen registrándose?

—Que yo sepa hubo uno el año pasado que salió en la prensa. A mí me interesó mucho el análisis del fiscal que era en base al análisis del forense y una de las pruebas fue la falta de empatía del sacerdote, no sentía nada. Es el tipo de patología ¿no? Además, podía aquí abusar y después comer en la mesa con él. No deja de ser horrible y que no tenga ninguna libertad tampoco. Pero es un tipo de enfermedad porque a otro le queda algo, ¿qué hace él?, y no, nada. Son todos casos distintos y lo peor es la situación de la víctima.

—¿Cuál es el futuro de la Iglesia católica?

—La Iglesia se apoya en Dios. Saca un Santo de donde quiere. La Iglesia además tiene como misión anunciar a Jesucristo, todas las demás son secundarias. No somos una ONG que además hablamos de Dios. Anunciamos la fe, hablamos de Dios y con eso es que se transformó el mundo. Los monjes que transformaron el mundo lo hicieron. Había que leer para las escrituras, mantuvieron todo en manuscritos para después cultivar y así hicieron toda la cultura europea.

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