HOMENAJE

Los que se iniciaron en la política por Wilson

Larrañaga fue preso por volantear anunciando su vuelta; García evoca su primer encuentro con el líder.

Wilson Ferreira. Foto: archivo El País
Wilson Ferreira. Foto: archivo El País

Wilson Ferreira, fallecido hace hoy 30 años, generó en varios dirigentes blancos que hoy están en primera línea una adhesión fervorosa cuando eran muy jóvenes y dejó en ellos una impresión indeleble que, tres décadas después, sigue intacta. Esa adhesión ni siquiera menguó por su apoyo a "Ley de Caducidad" en 1986 que algunos de ellos objetaron.

El hoy senador Javier García contó a El País que sus padres votaron en 1971 al Partido Demócrata Cristiano (integrante del Frente Amplio), y que él adhirió al wilsonismo en 1979 siendo liceal, aunque recién conoció al caudillo blanco el 13 de diciembre de 1983 cuando lo visitó en un hotelito de la calle Lavalle, en Buenos Aires. "Fuimos a presentarle el germen de lo que tiempo después fue la Corriente Gremial Universitaria. Estuvimos tres horas y Susana (su esposa) le decía que tenía que descansar, que tenía una reunión larga, y él decía: Estoy bárbaro con los muchachos. Era increíble, como tocar el cielo con las manos", recuerda García. Wilson le dio a García, al hoy presidente de la Cámara de Representantes, Jorge Gandini, y al dirigente Diego Fernández un regalo y dos cartas. Las cartas eran para el fallecido senador frentista José Germán Araújo y para el dirigente blanco Horacio Terra que fueron entregadas a sus destinatarios. El regalo era un instructivo de la policía uruguaya fechado el 10 de diciembre de 1983 y con un sello que decía "secreto" que alguna mano amiga había hecho llegar a Wilson. El instructivo decía que si llegaba al aeropuerto de Carrasco el requerido 1177 (Wilson) no había que detenerlo pero sí seguirlo de cerca y llamar a determinados números de teléfono para dar cuenta de sus movimientos. Además, Wilson les dijo a sus visitantes que un hombre que tomaba café en el "lobby" del hotel era "tira"(policía).

García cree haber sido el primero en saber que su líder estaba enfermo. En la segunda quincena de julio de 1987 el caudillo llegó a una reunión pactada con dirigentes juveniles. El único que estaba cuando llegó era García quien le preguntó cómo estaba y Wilson le respondió que se sentía "como cansado" y que quería irse el siguiente fin de semana a su campo en Rocha. Al día siguiente, el entonces ministro de Salud (Raúl Ugarte, que era cirujano de tórax), al escuchar toser a Wilson le aconsejó que se examinara.

Hoy García ve claro el legado de Wilson: "Nadie entiende la democracia moderna en Uruguay sin Wilson. Se construyó con el precio político que pagó Wilson. Dio la lucha por valores hasta el último minuto sin medir costos políticos", sentenció.

La senadora Verónica Alonso recuerda que su padre, wilsonista, escuchaba los casetes que enviaba el líder exiliado a Uruguay y que luego la llevó de la mano, por Avenida Libertador, hacia el puerto el 16 de junio de 1984 cuando Wilson volvió a Uruguay. "Leí los libros de Carlos Luppi, Diego Achard y León Morelli sobre él. He escuchado todo lo que he podido sus discursos. Él vivió un tiempo que no es este tiempo. Pero rescato su pasión, su vivir preocupado por las personas de carne y hueso, eso es atemporal", reflexionó Alonso. "Lo más importante para rescatar fue su concepto de gobernabilidad. Creo profundamente en eso que él hizo, en esa grandeza de pensar primero en el país. Creo que ese concepto no todo el sistema político lo tiene. Una cosa es decirlo y otro hacerlo. No solo habló de gobernabilidad sino que también ofreció esa gobernabilidad tan necesaria para el país", dijo la senadora.

El regreso

La familia del diputado Jorge Gandini era colorada. Él se hizo primero wilsonista y luego blanco, contó a El País. Wilson le pidió a Gandini (que entregó a otro militante su pasaje en el "Vapor de la Carrera") y a otros organizar la movilización cuando llegó en junio de 1984; el cordón de seguridad cuando fue a la explanada municipal tras su liberación "que violentaba para dar abrazos".

Larrañaga: hacía "política sumando"

El senador Jorge Larrañaga pasó preso la noche de la llegada de Wilson a Uruguay en la Jefatura de Paysandú. La policía lo había detenido por repartir volantes que decían "Vuelve Wilson", recordó a El País el senador, quien considera a Ferreira "mi único y gran referente político". Larrañaga, cuyo padre fue un dirigente blanco, fue a Trinidad el día en que Wilson fue liberado y recuerda que cuando alguien le gritó "¡Por fin libre!", el caudillo sonrió y dijo: "Las cárceles nunca podrán quitar la libertad a quien nació libre". Wilson, reflexionó Larrañaga, "tenía derecho al puño crispado y ofreció la mano tendida, eso solo lo podía hacer un gran líder". Larrañaga votó "verde", a favor de la derogación de la "Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado" en 1989, pero eso no lo distanció de Wilson de quien rescata su obsesión por el desarrollo local, la descentralización, por un Estado que generase oportunidades de educación y trabajo, y el "hacer política sumando". Para Larrañaga hizo política con "sacrificio", "sin maquillaje" y "la victoria de 1989 se la robó la muerte". Su pensamiento está "absolutamente vigente" y, a futuro, cree que "o gana el wilsonismo o sigue el Frente Amplio".

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