UNA LOCALIDAD DESOLADA

Un sospechoso del crimen de la odontóloga Luciana Bentancur es del mismo pueblo

Realizan pericias a casas y autos en Pueblo Castellanos buscando sangre y analizan filmaciones.

Patrullero de Policía en Canelones. Foto: El País
Investigadores buscan a un hombre que se atendió con la víctima días antes del crimen. Foto: El País

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Juana Garín camina lento por el peso de los años. Se detiene frente al que fuera el consultorio de la odontóloga, Luciana Bentancur, durante unos minutos. Mira. Piensa. Recuerda. Una lágrima comienza a rodar por su mejilla izquierda. Tira un beso hacia la casa como despedida. Ese gesto lo reitera desde hace una semana cada vez que pasa frente a la casa. Y continúa hasta la vivienda de su hermano, que queda 20 metros más adelante.

Garín no tiene consuelo. Llora cada vez que recuerda a Luciana Bentancur. “Era un amor de persona. No se merecía ese final. El pueblo ahora es otro”, dice a El País.

Y es cierto. Desde el asesinato de la odontóloga de 49 puñaladas la semana pasada, efectivos de Homicidios circulan todos los días las calles de balasto del pueblo entrevistándose con vecinos y pacientes de Bentancur en búsqueda de un dato que lleve al o los asesinos.

Varios vecinos afirman que, en los últimos tres días, también vieron móviles de Policía Científica circulando por el pueblo.

La primera línea de investigación de la Policía apunta a una familia que vive a poca distancia de la casa de la odontóloga a la que se involucra con un crimen ocurrido hace dos años en la ruta 81 donde perdió la vida un hombre de campo que había vendido animales. El móvil del crimen fue el hurto.

El sábado 7, la fiscal del caso, Alicia Schiappacasse, dijo a El País que, en principio, no faltaba nada. “Estaba la billetera de la víctima. No tenía casi dinero. Ella había ido a un curso en Montevideo y allí había gastado dinero. Compró una turbina y material odontológico. En la casa estaba su celular y la televisión”, expresó.

Y agregó que quedó descartada la hipótesis del robo. “En principio no tenemos ningún elemento para corroborar que el móvil del crimen fue por robo o rapiña. Por el momento no, salvo que mañana surja algún dato relevante en ese sentido. No hay desorden de la casa, lo que ocurre cuando se busca dinero”, dijo.

No obstante, ayer trascendió que Luciana Bentancur tenía un cajón debajo de su mesa de trabajo donde colocaba los honorarios que le entregan sus clientes. Lo mínimo que guardaba allí eran unos $ 15.000. Es posible que el miércoles 4, día del asesinato, la odontóloga contara con unos $ 20.000. En el lugar no había dinero cuando llegaron los familiares a la casa. Así que ese dato abre la posibilidad de que el móvil sí podría haber sido el robo.

Una segunda línea de investigación que lleva adelante el Departamento de Homicidios se podría denominar el “hombre sin nombre”. Este individuo llegó a las 22:00 horas del 28 de agosto pasado y golpeó la puerta del consultorio de Luciana. No le importó lo tarde que era. Y en un pueblo casi rural, las 22:00 horas es muy tarde; es como si fuera medianoche en una ciudad como Montevideo.

Luciana lo atendió. Al otro día le dijo a un familiar: “Vino un hombre y me golpeó a las 22:00 horas. Lo atendí. Ni siquiera sé su nombre. No me pagó y se fue. Dijo que venía dentro de una semana”.

Esa semana se cumplió el miércoles, el día del cruel asesinato. Tras los pasos de ese hombre, efectivos de Homicidios solicitaron las grabaciones de cámaras de vigilancia de varios días hacia atrás del crimen.

La Policía trabaja intensamente para encontrar a quien asesinó a Luciana Bentancur. Foto: El País
Una de las hipótesis del crimen de Luciana Bentancur en la que trabaja la Policía es la venganza. Foto: El País.

El foco policial en el pueblo es casi permanente. Según vecinos, el lunes 9, el miércoles 11 y ayer concurrieron al lugar efectivos de Policía Científica.

No es usual que, luego del despliegue que realiza en la escena del crimen, Policía Científica retorne a la zona.

Fuentes del caso indicaron a El País que Policía Científica realiza estudios con luminol -líquido que permite ver rastros invisibles de sangre- en casas y autos de habitantes de Castellanos. Los análisis no arrojaron resultados.

Una tercera línea de investigación que maneja la Policía es la de una eventual venganza, lo cual no condice con el perfil de la víctima.

Luciana era una persona metódica. Llevaba sus citas anotando los nombres de sus pacientes y les otorgaba una hora a cada uno. Sentados en el banco de madera o en las dos sillas de plásticos de color azul, siempre había pacientes de último momento esperando atenderse.

Entre el lunes 9 y ayer, investigadores policiales entrevistaron a todos los pacientes anotados en el cuaderno buscando una pista, una señal, algo.

Miedo.

A siete días del feroz asesinato, el único movimiento en la casa de Luciana es el de la hamaca roja de su pequeño hijo que se mece con el viento a poquitos metros de la entrada lateral. El silencio de Castellanos se rompió por el eco de miedo que produjo el crimen en sus habitantes. Los vecinos que antes dormían con las puertas abiertas, ahora pasan la llave.

Yolanda es una de ellas y contó que cuando su esposo no está, además de trancar su casa, entra a sus dos perros para no dejarlos afuera. El pueblo tiene miedo porque ahí se conocen todos y nunca pasó nada. Miedo por cómo fue, por la saña y por la brutalidad del crimen. “No es que fue un robo y la mataron”, indicó otra vecina que está embarazada y que por eso piensa mudarse a San Bautista, a unos ocho kilómetros. Ahí, explicó, “te roban, pero no te matan”.

Un hombre, visiblemente emocionado, relató: “Yo tengo dos hijas, pero igual me da miedo. Es una lástima que al pueblo se lo conozca por esto”.

El crimen.

Luciana estaba separada de su pareja hacía cinco meses. Tenían un hijo en común de casi tres años.

Todos los indicios muestran que la odontóloga arribó a pueblo Castellanos cerca de las 21:00 horas del miércoles 4. Ese día llegó sola porque su hijo estaba con el padre.

Luciana pasó un rato por la casa de sus padres. Luego recorrió en su auto pocas cuadras. Estacionó el vehículo en un costado de la finca y entró.

Alimentó a sus dos perros y entró a la casa por una puerta lateral que siempre estaba abierta. Es posible que el asesino haya ingresado en forma clandestina a la vivienda o Luciana le franqueara la entrada.

La última vez que su madre la vio conectada en WhatsApp fue a las 21:30 horas de ese día. Se estima que Luciana fue ultimada entre esa hora y las 22:00.

A la fiscal Schiappacasse, le llamó la atención la saña con que actuó el homicida y señaló a El País que Policía Científica había relevado huellas dactilares en la escena del crimen. Pidió que los resultados de las pericias se le entregaran en forma urgente.

En el pueblo. No se habla de otra cosa y todas las voces de Castellanos piden lo mismo: justicia.

Una persona intachable y trabajadora

Es una única voz que dice lo mismo. En realidad son todas las voces de los vecinos que la describen igual. “Era muy buena, trabajadora y cariñosa”, repiten todos los que la conocían desde niña.

Además del consultorio en Castellanos, Luciana también atendía a sus pacientes en las localidades de San Ramón y Sauce.

Esa característica de buena y cariñosa que destacan los vecinos, se refleja en que ella no tenía horario fijo para ejercer su profesión. Sus familiares le pedían que desconfiara un poco más de la gente, porque sabían que si alguien tenía un dolor de muelas a las 23:00 y caminaba hasta el consultorio de Luciana, ella lo atendía por más que no lo conociera.

La describen como una mujer apasionada por su trabajo y muy apegada a su hijo. “Ella era la dentista del pueblo”, contó un vecino.

Julio Molina (nombre ficticio) calificó a la víctima como intachable. “Era una persona reservada. No salía a bailes ni se la veía en temas raros. Llegaba de tardecita con su hijo, entraba en la casa y al otro día temprano se la veía dándole de comer a los perros”, señaló.

A Luciana los vecinos la conocían desde niña. La perdieron de vista durante un tiempo mientras estudió en Montevideo.

Hace siete años, la odontóloga regresó al pueblo.

“Estamos desconsolados. Aunque se haga justicia y se atrape al asesino, a ella no la van a traer de vuelta”, dijo Juana Garín frente a la casa de su hermano. “No quiero que mi hermano me vea así. Él también está triste”, dijo.

“Viví”, así la conocen en el pueblo, estuvo con Luciana el martes 3 de setiembre, antes de que ella viajara a Montevideo. “Ella estaba tranquila, como siempre”, dijo.

“Me acuerdo que cuando me fui de la casa estaba con su hijo y ella le dijo ‘decile chau, chau a Viví’ y eso fue lo último que la escuche decir”, agregó.

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