POLICÍAS Y LADRONES

Radiografía de la banda de policías corruptos que operaba en Zona IV

Presionaban a requeridos y robaban en bocas de droga.

Patrullero de policía de Montevideo. Foto: Gerardo Pérez
A tribunales. La zona oeste de Montevideo fue el escenario de maniobras delictivas en masa, inéditas, cometidas por parte de policías. Foto: Gerardo Pérez

Ya son siete los policías enviados a la cárcel por la mayor trama de corrupción policial de los últimos años, ocurrida en el centro de la Zona Operacional IV de la Jefatura de Montevideo.

Una investigación a cargo de la fiscal de Rosario (Colonia), Ana Laura Roses, desarticuló una banda policial que se dedicaba a robar bocas de droga y a otros delincuentes. El accionar de la fiscal ya había provocado el encarcelamiento de seis uniformados, entre los que había oficiales y personal subalterno, lo que obligó al Ministerio del Interior a resolver la caída de todo el comando de la Zona IV.

Ayer se conoció la séptima imputación y con ella una radiografía del accionar de la policía corrupta. La fiscal Roses se basó en el hallazgo de un celular en el que había mucha información. Logró determinar los métodos de “trabajo” de los uniformados y su metodología para engañar a jueces y fiscales a fin de poder robar a los delincuentes sin ser detectados.

El pasado 27 de mayo la Fiscalía solicitó la detención de varios funcionarios policiales tras recibir la denuncia por parte de una mujer que hizo saber que su sobrino, domiciliado en Rosario, habría sido extorsionado por policías de Montevideo.

Se ordenó el análisis de los celulares de los uniformados y de allí surgió una serie de conversaciones a través de la aplicación WhatsApp que permiten identificar el proceder de toda la banda policial.

El último de los imputados, de iniciales C.J.B.B. intercambió conversaciones con otro funcionario policial, señalado como L.D., sobre próximas acciones y reparto de dinero.

El imputado se venía desempeñando en la Unidad de Hechos Complejos y conoce a su interlocutor por trabajar en la misma repartición de la Zona IV de Montevideo.

Los diálogos son “informaciones de lugares donde habría dinero, droga y plata con el fin de coordinar allanamientos a efectos de apropiarse del dinero que se incautara para luego repartirlo entre los partícipes”, según consignó la fiscal Roses en su escrito.

Por otro lado, dejaron por escrito y mediante mensajes de voz la forma en que justificaban las solicitudes de allanamiento ante las distintas fiscalías.

“Aprovechaban otros operativos de esclarecimiento de hechos (ejemplo personas requeridas por delitos). Es decir, ante el conocimiento de que en un lugar determinado habría droga, dinero y/o armas solicitaban orden de allanamiento al Fiscal competente, induciéndola en error a la Fiscalía haciéndole creer que en dicho lugar se hallaba algún requerido por hechos delictivos”, dijo la fiscal.

Todas las conversaciones mezclan la jerga policial, con las claves correspondientes, con el lenguaje “tumbero” o carcelario, propio de los delincuentes. Es así que la fiscal de Rosario se ocupa de desentrañar al detalle esas expresiones para que el juez de la causa pueda interpretar lo que allí se dice. 

La transcripción de las conversaciones obliga a la fiscal a abrir paréntesis ante términos como “canuto”, “es el lugar donde esconden la plata” o “corte”, “sustracción de parte de los efectos encontrados”, según la explicación de Roses.

Ejemplo de ello es el diálogo del día 9 de abril a la hora 17:04. Otro efectivo le pregunta al imputado si lo habían llamado por determinado caso y le comenta que “encontraron el canuto pero no hicieron nada y que ni siquiera le hicieron un corte”.

Con eso, el nuevo imputado le responde que no le cree y enseguida su interlocutor le manda dos audios donde le pide que le crea ya que él andaba en la vuelta y vio todo tranquilo, que el “coloque” se va a repartir entre ellos tres.

En el mismo sentido, en otra conversación de fecha 17 de abril, a la hora 9:49, otro policía, identificado como D. le envía un mensaje diciéndole “tenemos un laburo” y le envía tres emoticones con una cara con signo de $, seguido de otro mensaje en jerga “explotá la 11 (informante) porque está adentro”. Además, le pide que le consulte al informante porque otro efectivo estaría adentro.

El séptimo indagado le responde “golazo” y continúa preguntándole para cuándo, contestándole que es en la “Gruta”.

Posteriormente, el imputado le consulta si es allanamiento utilizando la clave policial 76, recibiendo de forma inmediata la respuesta: “sí armas, drogas y mucha, mucha plata”.

Seis días después, C.J.B.B. le envía un mensaje de voz en el que le pregunta si habían “agarrado al mono”. Le responde que sí, que lo habían atrapado en la Gruta y que lo estaban trabajando “los de la tarde, que el grupo de él solo lo agarraron”.

Después viene el detalle: “las armas no y la droga tampoco, 300.000 y pico”. Tras recibir la información, el imputado pide a su interlocutor: “invítame una chela, eh?”, a lo que el otro le contesta que no fue posible hacerse del dinero porque “la plata la justificaron con la venta de unos autos, poniéndole un emoticón tapándose la cara”.

En ese mismo intercambio telefónico, el ahora imputado se lamenta por no haber obtenido dinero diciendo “pa’ qué cagada” y “nosotros tenemos el jueves creo” a lo que el otro policía le responde: “pidan apoyo que voy jajaj”.

En otra de las conversaciones detectadas, fechada el 29 de abril, se habla de una informante a la que había que pagarle y todavía no se había cumplido. Además, mencionan que “había agarrado una información” y que se podría justificar con una detención pero que era necesario poner dinero. Envían una fotografía de un documento de una cédula de una mujer y una dirección.

Tras el detallado informe sobre los hechos, la fiscal Roses solicitó la formalización de C.J.B.B. por asociación para delinquir agravada, peculado y utilización indebida de información privilegiada.

Lenguaje “tumbero” en la banda uniformada

Pocas veces un pedido de formalización permite introducirse en las comunicaciones de una banda de policías. Y menos de efectivos que se desempeñaban en la Zona IV, el área más violenta de la ciudad de Montevideo.

Se trata de una dependencia que cuenta con más de 500 funcionarios, una de las más grandes de la Jefatura capitalina. Tras la imputación de los primeros seis uniformados el Ministerio del Interior ordenó descabezar la unidad y dispuso de nuevas jerarquías. En este caso, la fiscal de Rosario, Ana Roses, logró capturar uno de los teléfonos celulares de los involucrados. El resto cambió sus aparatos de comunicación o el número justo en el momento en que comenzaba la investigación. Dentro del proceso de investigación la fiscal se encontró en las conversaciones de los miembros de la banda con una serie de términos que requerían de una explicación para ser entendidos.

De todos modos, los policías que integraban la banda no utilizaban las vías convencionales de telefonía y se comunicaban por la aplicación WhatsApp. Por esa vía trasmitían textos y audios utilizando códigos propios del mundo policial y “tumbero” o delictivo. Algunos de ellos aparecen en el expediente con una aclaración entre paréntesis, otros requirieron que fuentes policiales hicieran la traducción.

11. Clave policial que significa informante.

76. En la jerga policial significa allanamiento.

Boletear. Término delictivo que equivale a matar, asesinar a alguien.

Botón. Término delictivo que significa Policía o aquel que da órdenes.

Canuto. Término policial para identificar el lugar en donde se esconde algún objeto preciado, por lo general el dinero.

Coloque. Término policial para referirse al reparto.

Yurista. Término policial para aquel que complica la dinámica de la unidad anunciando denuncias ante superiores o la Justicia.

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