Película de terror uruguaya en Río

| Familia de Florida fue víctima de un "arrastrón". Las imágenes recorrieron el mundo. Y volvieron para contarlo

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EDUARDO BARRENECHE

La excursión a Brasil había sido largamente planificada. Miguel Angel Beltrand es propietario de un bufete de escribanía en 25 de Mayo, un pequeño pueblo floridense de 2 mil habitantes. Su objetivo y el de su esposa, Liliana Barreiro, era pasar una semana en las playas de Búzios junto con sus tres hijos. Una salida al exterior de toda la familia.

El viernes 24, los Beltrand partieron hacia Buzios. Tras varios días de playas en ese balneario, arribaron a Río de Janeiro. La excursión que habían contratado preveía una estadía de tres días en la ciudad carioca.

Tras acomodar sus objetos personales en sus respectivas habitaciones, los Beltrand no se quedaron ni un minuto en el hotel. El destino: la "badalada" (movida) playa de Leblon.

A los 30 minutos de arribar a Río, los Beltrand pisaron la arena de Leblon, una exclusiva zona en el sur de la cidade maravilhosa. Se trata de un barrio conformado por edificios y residencias lujosas pertenecientes a la clase media alta y alta de la sociedad carioca.

"Miguel había oído que Leblon era más segura que Copacabana. La tranquila estadía en Búzios hizo que bajara sus defensas", explicó a El País un allegado a los Beltrand.

A los pocos minutos de haber arribado a la orilla, la inquietud invadió a la familia Beltrand: divisaron a unos 150 metros del lugar a un grupo integrado por 30 o 40 niños y adolescentes de color.

Por el conocimiento que tenían sobre Brasil, los uruguayos enseguida identificaron a los integrantes de ese grupo como personas provenientes de los "morros" (cerros) donde se sitúan las principales "favelas" (asentamientos) de Río de Janeiro.

El grupo se desplazó hacia el lugar donde estaban los uruguayos. Cuando Miguel Angel se encontraba dentro del agua, varios niños hablaban entre sí o intentaban mantener una conversación con él mezclando palabras en inglés con portugués.

En el núcleo del grupo, otros jóvenes de mayor edad también dialogaban utilizando palabras sueltas de inglés. Otros discutían y medían sus fuerzas usando la playa como cuadrilátero.

Los Beltrand descansaban sobre la arena. En un momento, uno de los hijos del escribano gritó: "Cuidado, papá". Unos diez o doce menores rodearon rápidamente a Beltrand y trataron de robarle los lentes y ropa. Detrás, llegaron otros 30 adolescentes. Un poco más lejos, según dijo el allegado al escribano, se encontraban varias personas mayores que dirigían a los menores.

"Estaban organizados", contó la fuente.

El escribano uruguayo cayó al suelo. Su esposa acudió en su ayuda y golpeó a los adolescentes con una toalla. Uno de sus hijos se tiró sobre los niños procurando sacarlos de encima de su padre.

Los ladrones se llevaron un monedero que contenía las joyas de Barreiro, la esposa de Beltrand. Sin embargo, a Miguel Angel no le pudieron sacaron los lentes ni las llaves del cofre del hotel. Desde un apartamento cercano, un camarógrafo aficionado filmó el "arrastrón" que también alcanzó a otros turistas que se encontraban en Leblon.

El incidente afectó a la familia Beltrand. Al otro día del hecho, el miércoles 27, prepararon las valijas y adelantaron el retorno hacia Montevideo. No les importó que el hotel estaba pago por otros dos días.

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