SANTIAGO - Líder espiritual de la Colonia alemana Dignidad, eslabón de una red de refugiados nazis, ex predicador, cabo enfermero del ejército hitleriano y prófugo por pedofilia: el octogenario Paul Schaefer, detenido hoy en Argentina, es un personaje con un tortuoso recorrido.
Agil, saludable, fornido y enérgico, de rigido porte y 1,78 m de estatura, según la descripción de amigos y enemigos antes de su desaparición, Schaefer ahora con 83 años utiliza una silla de ruedas, dijeron versiones procedentes de la capital argentina tras su captura.
Cuando los tribunales ordenaron su arresto, en agosto de 1996, el jefe y fundador de la colonia Dignidad anunció que no se entregaría a los agentes que lo buscaban y un coro de sus adeptos celebró la actitud "de un anciano tan querido y valioso".
Sus abogados defensores insistieron en que los cargos de violación y corrupcion de niños que se le imputan en los tribunales son falsos, como parte de una confabulación. Sin embargo las acusaciones de perversión lo persiguen.
"La primera acusación la presentó hace más de 40 años su amigo de infancia Willy Georg, que le denunció en Alemania como agresor sodomítico de su hijo", recordaba su ex colaborador Heinz Kunz, en mayo de 1997.
Kunz, miembro de Dignidad hasta 1988, cuando se dedicó al comercio en la ciudad de Los Angeles (sur de Chile), figuró entre los fundadores de la colonia, que desde su instalación en 1961 florece en un area andina al interior de Parral, 350 km al sur de Santiago.
Schaefer "tuvo una niñez dificil y de la época de posguerra (en la que participó como soldado de sanidad del Ejército de Adolf Hitler) se recuerda su extraña relación con un artista circense", citó Kunz.
Tras la derrota nazi a manos de los aliados, Schaefer recorrió las calles de Sieburg y Bonn como predicador bautista, hasta aparecer como creador (1957) de la "Misión Social Privada", de protección a huérfanos víctimas de la conflagración.
Una treintena de denuncias por actos de sodomia con los niños recogidos por la organizacion de Schaefer, archivadas en tribunales de la región de Renania, echaron por tierra el proyecto.
En 1960, con el patrocinio de la embajada chilena en la derrotada Alemania, Schaefer se embarcó a Chile, tanto para burlar a la justicia de su país como para repetir la empresa humanitaria de socorro a los desvalidos.
La Misión pasó a llamarse Sociedad Educacional y Benefactora Dignidad.
Como presidente de la organización apareció el ahora fallecido Hermann Schmidt, un ex piloto de la fuerza aérea del Tercer Reich, "pero el jefe omnipotente y cruel era y es Paul Schaefer", afirmó a la AFP el chileno Manuel Rodríguez, que en su juventud figuró brevemente entre los admiradores de Dignidad.
Rodríguez refugió en su casa a Wolfgang Muller, un muchacho que escapó de la colonia en marzo de 1966 y entregó el primer relato sobre lo que ocurría en el interior del asentamiento bajo la férula del ex cabo enfermero.
Muller denunció que fue ultrajado por Schaefer, pero el juez del caso lo condenó a él y no al violador.
Cuando su suerte judicial era incierta en el caso de Wolfgang Muller, Schaefer huyó por primera vez a Argentina, protegido con documentacion falsa y una cirugía facial realizada en el hospital de la colonia.
Muller, hoy residente en Hamburgo, consignó que Schaefer dormía casi todos las noches con un niño distinto.
Una sucesión de magistrados, incluídos algunos de poderes especiales, investigaron en los años siguientes denuncias contra la colonia alemana como centro de torturas y ejecución de opositores a la dictadura del general Augusto Pinochet (1973-1990).
En las denuncias en Siegburg de hace casi medio siglo, las víctimas infantiles relataron el los manoseos a sus genitales cada día en el momento del baño con el lider germano. Décadas después los niños campesinos chilenos hicieron relatos similares ante la justicia.
Pero Hernán Escobar, un chileno que se sumó a la colonia hace más de 30 años niega veracidad a las denuncias. "Schaefer ama a los niños", dijo a la AFP.
AFP