Pasta base: cambiaron los códigos para encontrar las bocas de venta

Drogas. La distribución se sigue concentrando en los barrios periféricos

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EDUARDO BARRENECHE

Cambiaron los códigos de la pasta base. No se usan más los championes colgados los cables de UTE. En allanamientos, los vecinos se ponen cada vez más violentos con la Policía y los narcos apuestan a laboratorios locales.

Ya había caído la noche en el Marconi. Un oficial y un cabo del Departamento de Orden Público caminaban de particular por la calle Juan Acosta.

Un hombre desaliñado de unos 40 años estaba frente a la puerta de una casa antigua con las ventanas cerradas y la puerta abierta. Otro, de barba, se encontraba a unos metros sentando en el cordón. Ambos fingían esperar algo.

Los policías cruzaron la calle y se dirigieron hacia la casa vigilada por los dos sujetos. Desde la puerta, los policías observaron la balanza de precisión ubicada encima de una mesa y a otros tres individuos pesando drogas. No podían hacer nada. La ley prohíbe procedimientos dentro de inmuebles en horarios nocturnos.

Al otro día, ambos concurrieron a la casa munidos de una autorización policial. De la droga no quedaban rastros. Es que los traficantes minoristas cambian todos los días de tácticas para comercializar la "pasta" o "la lata" -se utiliza una especie de pipa para fumarla.

Según fuentes de la Brigada Antidrogas y del Departamento de Orden Público, los championes colgados en los cables de luz ya no indican la existencia de una "boca" en esa cuadra. Agregaron que el "negocio" evolucionó y los traficantes apuestan ahora al "boca a boca" de los adictos.

Los policías han detectado que los narcos que recién comienzan siguen utilizando los championes. Pero enseguida los delincuentes se enteran que estos son llamadores de policías y no solo de adictos.

Según la Policía, la mayor cantidad de "bocas" de venta de pasta base se encuentra en los barrios periféricos de Montevideo -Marconi, Cerro Norte, 40 Semanas y Borro. Sin embargo, también fueron allanadas "bocas" en Pocitos y Carrasco Norte.

En los asentamientos ubicados en estos barrios, la Policía es el enemigo. Los dueños de las bocas cuentan con una red de "amigos" que avisan el ingreso de la Policía para que el narco pueda desembarazarse de la droga antes de que los policías allanen su casa.

Sin embargo, luego que el traficante minorista es detenido, suele ocurrir una lucha entre sus familiares y vecinos por la distribución de drogas en el barrio. La mayoría de las veces otro familiar ocupa el lugar del narco encarcelado hasta que también es procesado.

En caso de que la cadena se corte, los traficantes mayoristas intentan cobrar a punta de pistola a la familia la deuda generada por el narco capturado.

En el 2010, el Departamento de Orden Público desbarató a unas 250 "bocas" y fueron remitidos a la cárcel cerca de 300 traficantes. En algunas oportunidades, debieron realizar hasta 10 allanamientos en una misma vivienda, lo cual prueba que la familia trata de continuar el "negocio". Los traficantes mayoristas de pasta base también están cambiando de estrategia. En 2010, durante la "Operación Tetras", la Policía constató que, además de ingresar pasta base desde Argentina, estaban elaborando cocaína para transportar a Europa a través de "mulas". Para confeccionar la cocaína, le agregaban precursores químicos a la pasta base.

Según datos de la Junta de Drogas, en 2004 fueron incautados 29 kilos de pasta base mientras que en 2010 ese número creció a 200 kilos.

"Tizas" y "chasquis", un negocio rentable

Los traficantes mayoristas venden a los propietarios de las "bocas" una "tiza" (10 gramos de pasta base) a unos $ 1.500, según policías de Orden Público y la Brigada Antidrogas. Esa "tiza" es subdividida en unos 100 "chasquis" (dosis cuyo efecto dura solo unos minutos). Cada "chasqui" cuesta entre $ 40 y $ 50. Dependiendo del tamaño de cada dosis, los dueños de las "bocas" obtienen ganancias que rondan el 300%. Ese es uno de los factores por los cuales familias enteras de barrios carenciados se involucran en este "negocio".

Según las fuentes, los adictos llegan a comprar hasta 10 "chasquis" en un día. El precio que pagan por esa droga equivalen a 18 boletos comunes del transporte urbano en Montevideo, tres kilos de asado o 30 litros de leche común.

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