Psicólogo Gustavo Ekroth
La necesidad de ayudar (como todas las cosas en la vida) dentro de ciertos límites puede ser algo muy bueno, pero fuera de los parámetros normales, puede convertirse en algo sumamente perjudicial, tanto para el que ayuda como pare el que es ayudado.
La ayuda que no es desinteresada puede tener al menos tres efectos negativos sobre la actitud y el comportamiento de quien supuestamente debería aceptar la ayuda:
1. Alteración de los tiempos personales normales, para la toma de decisiones y puesta en práctica de las decisiones tomadas.
2. Confusión mental, inacción, o toma de decisiones erradas, producto de las presiones externas.
3. Distanciamiento afectivo-emocional y/o físico, entre ayudado y ayudador.
El que ayuda de forma compulsiva a veces deja de lado su propios problemas para entrometerse en vidas ajenas. Según la caracterología psicológica del Eneagrama de Richard Riso quien propone la existencia de nueve tipos básicos de personalidad humana, el tipo 2 correspondería al Ayudador, el cual tiene a su vez tres versiones, el perfil sano, el perfil promedio y el perfil malsano. En su versión sana este tipo de personalidad es la persona desprendida, desinteresada, altruista, empática, compasiva, generosa y capaz de brindar amor incondicional. Algunos ejemplos de este tipo de personalidad serían la Madre Teresa, Mahatma Gandhi, o el estereotipo de la madre judía, en su versión promedio se trataría de personas que se hacen demasiado íntimas, envolventes y posesivas, con cierto aire de superioridad.
Pasando ya a una versión malsana de este tipo de personalidad, debemos pensar en seres manipuladores, que funcionan en beneficio propio, hacen sentir culpables a quienes ayudan y se sienten con derecho a obtener lo que quieren de estos, y de no conseguirlo se transforman en víctimas-mártires.
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