Ordenando el barrio

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Los comerciantes de más de una docena de calles del barrio de Malasaña, en Madrid, prestaron sus persianas a unos cien dibujantes que llegaron desde otros lugares de España y de ciudades de Europa como Bruselas y Milán. El objetivo fue combatir las pintadas incívicas y la degradación en el barrio madrileño cuyos habitantes están preocupados por su aspecto de dejadez. La propuesta atrajo a muchos visitantes que se acercaron con sus cámaras para fotografiar y ver el proceso de creación de las obras.

Comerciantes entregan sus persianas a 100 dibujantes

El olor a pintura invadía el martes las calles del barrio madrileño de Malasaña. Desde las diez de la mañana más de cien artistas preparaban los pinceles y los sprays para plasmar sus dibujos en alguna de las 140 persianas que 72 comerciantes de la zona cedieron de forma gratuita para convertir el barrio en una galería de arte al aire libre.

"Una de las cosas que más preocupa a los habitantes de la zona es el aspecto de dejadez del vecindario", explica Diego uno de los padres de la iniciativa. "Nos dimos cuenta de que muchos propietarios contrataban a grafiteros para evitar otras pintadas en sus cierres y pensamos que podía ser una buena idea para evitar las firmas incívicas que ensucian el barrio". Cada uno pone algo de su parte: los comerciantes las persianas y los artistas el talento y la pintura.

El dúo de grafiteros Totemjau escoge una persiana en la calle de San Vicente Ferrer, 23. El objetivo de estos artistas de Móstoles es "llevar el arte urbano a la gente desde una perspectiva urbana y reivindicativa". A primera hora su dibujo es solo un garabato, horas más tarde una niña salta a la cuerda frente a un tanque con un alambrado de espinos como soga.

La participación en `Persianas libres` no estuvo limitada a los grafiteros sino que se abrió también a ilustradores, diseñadores, pintores y artistas nuevos.

ARTE EN LA CALLE. Vicente Chumilla se define como un "pintor convencional". El ángel negro que dibujó ayer en la persiana de un estanco de la calle de San Andrés es su primera intervención urbana: "Ha sido una experiencia buenísima", asegura. Chumilla señala que ha elegido una imagen llamativa porque el arte en la calle "tiene que atraer más la atención. El mensaje ha de llegar más rápido".

El pincel también gana la partida en el cierre de la mercería Magino en la calle de la Corredera Alta de San Pablo. Los jóvenes pintores reconocen entre risas que utilizan el pincel porque no saben utilizar el spray "y porque el acabado es más fino", añaden.

Se han apuntado a la iniciativa por la oportunidad de expresarse a lo grande aunque no se acostumbran a tener espectadores a su alrededor. En Espíritu Santo, tres amigas prueban tímidamente a pintar una de las persianas. Para dos de ellas, estudiantes de Bellas Artes, es una manera de iniciarse "con tranquilidad y sin miedo" en el arte en la calle.

El barrio de Malasaña es un barrio muy castigado por las pintadas. El restaurante Sandos, en una de las esquinas de la plaza del Dos de Mayo, tiene pintadas no solo en las persianas sino también en la fachada. La última (en grandes letras negras) es del sábado por la noche. El gerente del establecimiento decidió ceder sus tres persianas a los artistas "porque ya están todas llenas de pintadas y prefiero un grafiti bonito, a ver si lo respetan". Cuenta que cada dos o tres meses los operarios de limpieza del Ayuntamiento borran las pintadas de la fachada pero que al poco tiempo "vuelve a estar igual".

CON RESPETO. Entre los grafiteros hay un código ético: "Si pintas, tienes que respetar la obra del que ha pintado antes", nos confirma Scamez que ha creado para uno de los cierres de la calle de Velarde un monstruo verde "cabreado".

Muchos de los locales de la zona han optado ya por esta fórmula del "si no puedes con tu enemigo únete a él" y han contratado a grafiteros para que decoren sus persianas con pintadas que por ahora, continúan intactas.

Raperos, una niña que se lava los pies, monstruos azules atontados, muñecos de inspiración manga, firmas y hasta operarios de limpieza limpiando una pintada son algunos de los 140 dibujos que desde el martes decoran los cierres del barrio. Para las creaciones los artistas utilizaron plantillas, esparcidos, fotografías o bocetos aunque también los hubo que prefirieron improvisar o pintar a ritmo de hip-hop.

La mayoría de vecinos que ayer paseaban por el barrio se mostraba a favor de la propuesta porque cuenta con el consentimiento de los comercios y saca al grafiti "de la clandestinidad".

De Madrid a Barcelona

Un portavoz del colectivo Somos Malasaña anunció que ofrecerán a los comerciantes la posibilidad de renovar los dibujos de sus persianas cada 80 días, con otros dibujos, para hacer del barrio un "lienzo rotatorio". Esta iniciativa `Persianas Libres` que tuvo lugar el martes en Malasaña, nació en el barrio de Guinardó de Barcelona el 30 de julio de 2009. Joan, que participó en la iniciativa de Guinardó y que el martes repitió la experiencia en Malasaña, destacó el "buen ambiente y el apoyo" frente al rechazo que los murales suscitaron en Barcelona. Desde el pasado mes de diciembre el Instituto de Paisaje Urbano del Ayuntamiento de Barcelona multa a los comerciantes que decoren con pintadas sus persianas. La decisión se basa en que la Ordenanza municipal establece que las sanciones "son para la conducta de alterar la fachada", lo que permite multar tanto a grafiteros como a comerciantes.

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