Obispos consideran juntar firmas para derogar ley sobre el aborto

| El titular de la Iglesia Católica se preguntó cómo algunos parlamentarios pueden hablar de su compromiso con los derechos humanos cuando no son capaces de proteger "el primer derecho que tiene un ser humano, que es el derecho a nacer"

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ALVARO J. AMORETTI

El arzobispo de Montevideo, Nicolás Cotugno, dijo que le provoca "una enorme rebeldía" saber que tras Semana Santa el Senado comenzará a tratar el proyecto de ley que despenaliza el aborto, advirtió que si en el Parlamento están los votos para que esta iniciativa resulte aprobada "hay niños que van a morir despedazados, succionados por una aspiradora y tirados a la basura", y aunque sostuvo que le tranquiliza el hecho de que el presidente Jorge Batlle haya anunciado que vetará la ley si la misma resultara aprobada, reconoció que para el caso de que el veto fuera levantado los obispos uruguayos han considerado incluso la posibilidad de reunir firmas para procurar la derogación de la norma a través de un referéndum.

El que sigue es un resumen del diálogo que El País mantuvo con monseñor Cotugno en su despacho del Arzobispado de Montevideo.

—¿Qué siente cuando, en medio de la Semana Santa, se anuncia que el próximo martes el Senado comenzará a analizar el proyecto de ley que despenaliza el aborto en el Uruguay?

—Siento una enorme rebeldía.

—¿Por qué?

—Porque más allá de que soy un hombre de fe, soy un ser humano, un ser racional, y como tal trato de moverme de acuerdo a las coordenadas de la razón. Y me rebela que el Senado empiece a considerar este proyecto —porque no encuentro ninguna justificación racional, no como religioso sino como simple ser humano— para que una madre o un padre maten a su hijo. Sinceramente, no me entra en la cabeza que alguien pueda hacer algo así. Y tampoco puedo entender que haya gente que no sienta el deber de proteger y amparar a estas pobres criaturas, que están indefensas. Porque ellos también tienen derechos humanos, ¿no?

—¿Tuvo oportunidad de leer el proyecto a estudio del Parlamento

—No lo analicé, pero sé perfectamente lo que dice. Después de todo, todos estos proyectos dicen lo mismo.

—¿Qué dicen?

—Que se debe otorgar a la mujer la potestad de interrumpir su embarazo hasta cumplido el tercer mes de gestación. Todos proponen lo mismo. Y se olvidan que a los tres meses hay un feto totalmente formado, que tiene vida, que no tiene voz pero que tiene el derecho a la vida, y que si pudiera hablar nos pediría que le dejáramos vivir. Pero lo que dicen estos proyectos es que esa mujer, que es madre, tiene el derecho de matar al hijo que lleva dentro. ¿Y los valores de los que tanto hablamos? ¿Y los derechos humanos de ese niño por nacer? ¿Es que todo eso no interesa?

—¿Le sorprende que haya legisladores tradicionalmente comprometidos con la causa de los derechos humanos que, sin embargo, hayan anunciado que votarán la despenalización del aborto?

—La verdad es que me sorprende. No me gusta juzgar a nadie, pero no los entiendo. ¿Cómo se puede hablar de derechos humanos cuando uno no es capaz de proteger el primer derecho que tiene un ser humano, que es el derecho a nacer, el derecho a la vida? ¿Por qué personas que han tenido un protagonismo importante, y que han visto afectados sus derechos a la libertad e incluso a la vida, no tienen esa misma sensibilidad para defender el derecho de un niño por nacer? ¿Por qué esas personas que hablan de derechos humanos son capaces de negarle a un niño el primer derecho, que es el de nacer? ¿Alguien lo entiende? Yo no. No puedo entender por qué algunos pensamos que esto está mal y otros piensan que esto está bien. Lo que sé es que si en el Parlamento están los votos, hay niños que van a morir despedazados, succionados por una aspiradora del vientre de su madre y tirados a la basura. Y sé que soy crudo, pero que los que defienden este proyecto sepan que eso es lo que va a suceder. Eso es un aborto.

—¿Qué señal cree que estaría emitiendo el Senado si este proyecto de despenalización del aborto resultara finalmente aprobado?

—Una señal terrible. La señal de que no hay valores. La señal de que estamos regidos por la ley de la selva, que hace que se imponga siempre la voluntad del más fuerte, y que el león, que es el más fuerte, se coma al cabrito.

—¿Y quién es el león en esta historia?

—El que tiene la mayoría de los votos en el Parlamento. Ese es el más fuerte, aunque no necesariamente es el que tiene la razón. Si están los votos en el Parlamento, la ley que despenaliza el aborto será una realidad. Pero para mí seguirá siendo incomprensible.

—¿Cree que estarán los votos en el Senado para aprobar el proyecto?

—No lo sé. Sólo espero que cada legislador vote de acuerdo con su conciencia. Eso es lo que espero y lo que quiero pensar.

—¿Quiere decir que existe la posibilidad de que haya legisladores que en este tema no voten de acuerdo con su conciencia sino en función de presiones o respondiendo a otros intereses?

—Yo no quiero pensar que ningún legislador levante la mano por presiones ideológicas, religiosas o partidarias. Y tampoco quisiera pensar que algún legislador levantara la mano por intereses económicos.

—¿Existe la posibilidad de que haya intereses económicos presionando a algunos legisladores para que levanten su mano y aprueben la despenalización del aborto?

—Todo es posible en este mundo. Y si no pensemos en qué es lo que hay detrás del aborto. ¿No hay acaso multinacionales de la industria farmacéutica que tienen intereses en estos temas? Me parece que esto no es novedad para nadie, ¿no?

—¿Y usted cree que esos intereses económicos operan también en el Uruguay para promover este tipo de leyes de despenalización del aborto?

—Y... la verdad es que no sé dónde no operan. Están en todo el mundo. Hay una globalización del pecado.

—El Vaticano, ¿está siguiendo con atención lo que sucede con este proyecto de ley de despenalización del aborto en el Uruguay?

—El nuncio apostólico, que es la persona que representa al Papa en Uruguay, está informado de todo lo que está sucediendo.

—¿Ha expresado el Vaticano al gobierno uruguayo su preocupación por este proyecto de ley?

—El nuncio apostólico es el nexo que existe entre el Vaticano y el Estado uruguayo. Y a ese nivel, que es un nivel diplomático, se pueden hacer acciones, intervenciones, diálogos y encuentros. Y se sabe en Uruguay cuál es la postura oficial del Vaticano en este asunto.

—¿Le tranquiliza saber que el presidente Jorge Batlle ha anunciado públicamente que vetará este proyecto de ley si finalmente resultara aprobado por el Parlamento?

—Sí, me tranquiliza y me provoca una gran alegría. Porque viene de un gobernante que no es católico, y porque ha reiterado esa voluntad a los obispos y, hasta donde sé, también al propio Papa Juan Pablo II en el encuentro que mantuvieron recientemente. Y también el embajador uruguayo ante el Vaticano ha reafirmado esta postura del gobierno uruguayo respecto del tema, lo que es muy importante. Y no me alegra porque sea una decisión que me está dando la razón a mí, sino simplemente porque con esta decisión del gobierno uruguayo muchos niños tendrán el derecho de nacer en este país.

—¿Y qué hará la Iglesia si el proyecto resulta aprobado y el veto presidencial fuera levantado? ¿Han pensado en reunir firmas para propiciar una consulta popular sobre el tema?

—Y... la verdad es que hemos estado barajando esa posibilidad. No hemos resuelto nada, pero la posibilidad ha estado sobre la mesa.

—En todo caso, no es una alternativa que hayan descartado.

—No, no se ha aprobado pero tampoco se ha descartado nada. El tema debería, en todo caso, ser analizado más a fondo. Porque un referéndum es siempre un arma de doble filo.

—¿En qué sentido?

—Bueno, uno no va a poner las manos en el fuego para que se le quemen, ¿no?

—¿Eso quiere decir que los obispos han considerado la posibilidad de convocar a un referéndum pero les preocupa que la mayoría de la población vote, en una eventual consulta, a favor de despenalizar el aborto?

—Para serle sincero, sí. Pero si tenemos alguna señal de que por el camino del referéndum se puede derogar una ley de estas características, recorreríamos ese sendero.

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