BALNEARIO KIYÚ | JOSÉ LUIS ÁLVAREZ
Hace 20 años, cuando festejaron sus Bodas de Oro, Angelita Borgogno y José Francisco Ibarra se mudaron al balneario Kiyú desde Rincón del Pino. Esta semana cumplieron 70 años de casados: las Bodas de Platino.
La celebración fue doble para esta pareja, una de las más queridas de Kiyú, porque José Francisco cumplió sus 95 de edad. "Él es más viejo que yo", dice sonriendo Angelita, que está orgullosa de sus 94. "Recién en agosto cumplo los 95", dice corrigiendo al cronista, cuando advierte que entre ambos suman 190 años de vida.
Rememoran con total nitidez su niñez. Ella vivía en Paso Antolín, cerca de Tarariras, en el departamento de Colonia. Él es maragato, de Rincón del Pino.
¿Cómo se conocieron? "Yo trabajaba como empleada doméstica en Montevideo y mis patrones solían visitar a un matrimonio amigo que tenía estancia en San José. Me traían con ellos y en uno de esos viajes nos conocimos", cuenta Angelita. José Francisco asiente y agrega: "Ahí estuvo la mano de Dios, porque antes las parejas se conocían en los bailes y yo nunca tuve tiempo de ir a bailes" entre las tareas de alambrador y tropero.
Años difíciles. "Menos tiempo quedaba después de casados, con mucho sacrificio compramos un campito, donde pudimos criar a los hijos, mientras, al mismo tiempo, él seguía trabajando como peón de estancia", cuenta ella.
Los hijos, las tareas en el pequeño tambo, su labor como modista consumían las horas de Angelita, que a veces enfrentaba sola la vida diaria, mientras José Francisco demoraba 10 o 12 días en volver de alguna tropeada.
"Como en todo matrimonio, no todo han sido rosas en tantos años, pero la comprensión entre los dos ha sido fundamental. Yo tengo mi manera de pensar, pero respeto lo que piensen los demás. Lo hice toda la vida con mi marido y lo hago hoy con mis seis nietos y mis seis bisnietos", dice Angelita.
Hoy los matrimonios no duran tanto. "Falta entendimiento entre los muchachos, por lo menos eso me parece a mí -afirma José- y todavía es peor cuando llegan los hijos y los padres son muy jóvenes y no pueden hacer frente a la situación". De la cocina, incluso de los asados, se encarga Angelita.
A veces las caminatas diarias, se hacen por las blancas arenas del balneario, aún en plena temporada, "pero sin levantar la vista" aclara con picardía el abuelo.
La profunda fe religiosa de ambos parece ser también parte de esa enorme tranquilidad que rodea sus existencias. José tomó su primera comunión a los 51 años. En su niñez, cuando se estaba preparando para la comunión guardando ayuno, "un hermano mayor me tentó con unos salchichones caseros".
Muchos años después le confesó a Lila, su hija mayor, catequista en Kiyú, que quería arreglar esa cuenta pendiente que tenía con la fe.
Recetas de vida
Una caminata diaria de unas 10 cuadras, parece ser uno de los principales secretos de tan saludable existencia para estos bisabuelos. José no renuncia a su vaso diario de vi-no, y ambos reconocen que controlan la sal en las comidas...y muy pocas cosas más. La siesta diaria, "ordenada por el médico", también forma parte de la receta de vida de estos abuelos maragatos.