Montevideo se recuesta en el pasado, como su gente

"Para muchos turistas, hay básicamente dos razones para visitar Uruguay: la playera y sociable Punta del Este y la pintoresca e histórica Colonia del Sacramento. Mientras, Montevideo, la tranquila capital bancaria del Río de la Plata, ofrece una ecléctica mezcla de arquitectura y cultura, pero es muchas veces relegada al estatus de escala".

Con esas palabras, el periodista del New York Times, Daniel Altman, definió a la capital del Uruguay, en un extenso artículo difundido el miércoles 11.

Para Altman, esto sucede quizás porque la ciudad no exactamente atrapa. Como los uruguayos, "la capital se recuesta en el pasado y se va revelando poco a poco", sostuvo. "Hay mucho de lo viejo, y una pequeña, pero creciente dosis de lo nuevo", escribió.

Montevideo es, para el cronista, una ciudad donde el pasado "vive con estilo". Recordó que en 1870 el estándar de vida, era, en promedio, mayor que en los Estados Unidos. Aseguró que eso se nota al caminar por la Ciudad Vieja y descubrir "tesoros arquitectónicos" de fines del siglo XIX y principios del XX como el Palacio Taranco, al que calificó como "maravilloso".

El Mercado del Puerto y sus numerosas parrilladas con mostradores; el Palacio Salvo, "que se asimila a un cohete imaginado por Julio Verne"; el chivito del Manchester; la feria de Tristán Narvaja, "una alocada feria" donde se venden hasta tarántulas, son algunas de las curiosidades que llamaron la atención del cronista durante su recorrido.

Tampoco escaparon a su mirada los carritos con basura y los "sarcásticos" graffitis, frecuentes en la ciudad, con leyendas como "No a las multinacionales" o que simplemente rezan "¡Dinero gratis!".

Pero el paseo no terminó allí. "Si el apenas-podría-considerarse-como-bullicioso centro de Montevideo es demasiado, uno se puede encaminar hacia la orilla del río, al que los locales se refieren como mar". En Pocitos y Punta Carretas, aseguró haber encontrado algunos de los mejores restoranes de la ciudad, como Da Pentella y La Perdiz.

En cambio en Carrasco, el barrio de la "clase alta", recomendó ir a conocer el "colosal Hotel Carrasco", que "sobrelleva una muy necesitada reforma".

Para Altman, no es sólo la distancia geográfica que separa al barrio del resto de la ciudad: en su crónica no dejó de resaltar las quejas de aquellos que consideran que "la clase media desaparece", o de los que, por el contrario, consideran que "la calidad de vida no parece ser mucho mejor en otros países".

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