XIMENA AGUIAR
El paseo es como un zapping al aire libre. La publicidad es omnipresente y de vez en cuando algo capta la atención: animales descomunales, recetas de cocina en vivo o culturas indígenas. Al elegir una propuesta se descubre el trabajo que hay detrás.
En un día entre semana, con buen clima, como ayer, unas 20.000 personas visitaron la Expo Prado. Algunos conocen a los dueños de los animales que participan de las competencias por razas, pero la mayoría va como espectador. La exposición zoológica se superpone entonces a las ferias de artesanías, las plazas de comida, la presentación de países y culturas, la publicidad de empresas públicas y privadas y los espectáculos musicales.
La variedad convoca a mucha gente, pero también genera una cierta desorientación. Algunos otean en las entradas de los stand intentando adivinar qué se les presentará y si valdrá la pena. Si hay cola, preguntan qué hay allí que convoque la atención. "Es el stand del Ministerio de Ganadería". Y se suman a la espera.
Hay niños que a medida que pasean por los stand se van llenando de publicidad: globo azul de la DGI, bandita de postres "Conamigos", sumado a molinillos de viento y palitos helados. Otros visten botas de cuero y boinas, y siguen atentos los premios de las razas.
Un grupo de 4° año de la escuela 146 escucha las sucesivas explicaciones de las guías y posa al terminar cada recorrido en un stand, pero lo que más les gustó fue ver cómo ordeñaban a una vaca. "Me sirve para relacionarlo con las actividades productivas del país. Ellos lo ven en foto, pero acá lo ven en vivo", contó su maestra.
Los hombres salen de un stand con una flauta indonesia, de otro con vinos o dulces, de otros con jugos de frutas tropicales. Es difícil saber de antemano qué se va a encontrar.
DE TODO. "A la gran mayoría le llama la atención las piolitas que están colgadas en la entrada", cuenta Fabiana Barreto, que atiende al público en el stand de Venezuela, que fue elegido como el mejor de la Expo Prado. "Están puestas en honor a un escultor venezolano, Jesús Soto, que murió hace tres años. A veces preguntan, a veces no. Pero se entretienen, entran riéndose", contó.
Muchos recorren el interior del stand prácticamente sin detenerse. Los menos, se detienen a profundizar en los textos que acompañan la exposición o buscan interactuar con los venezolanos presentes en la parte de turismo o de venta de libros, y se sorprenden al saber que se venden a precios desde $ 20. "Los que más preguntan son las personas mayores, se interesan más, se quedan, se ponen a leer", dijo Barreto.
El stand de Indonesia es más bien una feria temática de artesanías y adornos en los que se repiten los motivos inspirados en la naturaleza. En el último puesto, atiende una mujer con rasgos occidentales, que busca divulgar parte de la cultura del país a quienes se interesan por algún producto, y que resulta ser secretaria del consulado de Indonesia en Uruguay. "Algunos preguntan si hay algún simbolismo. En general se busca alabar a la naturaleza animal y vegetal, porque son politeístas". El lema en la bandera indonesia "dice `Unidad en la diversidad`, lo que ellos realmente practican". Pero la mayoría sólo consulta los precios. Es que hay muchas otras cosas por hacer.
DE ACÁ. Los toros están echados, quietos, aunque de vez en cuando algún niño intente acariciarlos. Cualquier movimiento de entrada o salida hacia el ruedo concita la atención de los visitantes. Los peones encargados del cuidado de los ejemplares que van a concursar dicen que a veces les preguntan por las edades, el peso, los premios, y por como los crían, aunque algunos datos están escritos en un cartel junto a cada animal. La atracción mayor es un ternero de pocos días.
En los galpones, la disposición de este año ayuda a que las recorridas sean más ágiles, sobre todo cuando sobre el fin de semana de clausura se reúnan hasta 80.000 o 90.000 personas en un día, si el tiempo acompaña.
La carpa "Secretos y sabores" es una de las más visitadas. Allí se vende comida armenia o árabe, se cocina un plato en vivo frente a una fila de espectadores, y se venden productos alimenticios de todo el país.
Un stand puede costar entre $ 26.000 y $ 40.000, por lo que en algunos se agrupan hasta cuatro empresas distintas.
Uno de los puestos fue contratado por la Intendencia de Maldonado. En él, un hombre vende pasteles fritos, una mujer ofrece empanadas, y hay productos de mujeres rurales y de alumnos de una escuela de gastronomía. Es la primera vez que vienen, y aunque las ventas fueron buenas no colmaron sus expectativas. "Yo trabajo en domas y eventos folclóricos. Según la cantidad de gente son las ventas, pero acá no tiene relación. Hay mucha competencia y no toda la gente entra", contó el vendedor de pasteles.
De todos modos, "sirve como propaganda. En mi caso, el Prado es un lugar simbólico. Aquí me contacté con una sociedad nativista que me propuso empezar a trabajar en sus eventos, y próximamente en la fecha de Patrimonio", añadió.
En el puesto de tés y dulces Del Naranjal, consideraron que las ventas son buenas si se apunta a una alta calidad y un precio acorde. Pero lo importante también es presentarse. Sus productos todavía no se venden en Montevideo y es esta la ocasión para darse a conocer. La dificultad reside en que lo mismo intentan los casi 500 stands comerciales que ocupan la exposición.
El público puede elegir alguna de las actividades, pero por la presencia de la gente circulando por las calles internas parece que aspiran a pasar por todas. Algunos grupos de liceales o de jubilados parecen prácticamente no darle importancia a la oferta, y simplemente elegir ese lugar para conversar entre ellos. También hay lugar para familias, interesados por las culturas de otros países o por la del propio. Intentando ambientar, de los parlantes ubicados en toda la Expo se escucha rock internacional, entre los resultados de cada ronda. En los escenarios prima el folclore y en la noche, la cumbia.
Fabián: "Este año estuvo más entretenido; recorrimos horas"
Venimos por los niños, a ver los animales, que a ellos les encantan", contó Mariana Albernaz (21), aupando a uno de sus dos hijos. "Estuvo mejor que otros años, también había muchos camiones y tractores, que les gustan. De los stands, me gustaron los de China, Indonesia y Venezuela", añadió. "Estamos desde las 9 de la mañana. Da para estar todo el día", dijo Fabián Lima (30), mientras se retiraban cerca de las 16 horas. "Otros años capaz que en dos horas lo recorrías todo. Este año estuvo más entretenido, estuvimos varias horas y nos vamos sin recorrer algunos lugares, porque en algunos se junta mucha gente y a veces no se puede entrar", añadió.
Federico: "Antes tenía contacto con el campo; acá veo algo"
Vengo todos los años, es una tradición, una costumbre. Por hacer algo distinto, me interesa, pero no hay nada que me interese en especial", contó Jimena Noble (25), que visita la Expo todos los años. "También sirve para mostrar lo que son otros países, el comercio que puede haber, la creatividad que puede tener otra gente, para imitarlos y crecer nosotros tanto en lo económico y lo comercial como en el agro, que es el corazón de esto", añadió Federico Llambí (23). "Yo soy de afuera, de Flores, y el agro me ha tocado mucho. Vengo para ver los animales. Antes tenía mucho contacto con el campo, ahora ya no. Por lo menos acá veo algo".
Giselle: "A veces apuesto a los animales y cada tanto emboco"
A veces apuesto a ver cuál va a ganar, y cada tanto le emboco", contó Giselle, que estudia 4° de liceo, y ya sabe que quiere estudiar agronomía, mientras miraba la competencia de una raza de bovinos. Con sus amigas Paula y Manuela se turnan para anotar los resultados de cada ronda. Manuela vive en un campo en Soriano, y vino con sus padres a ver cómo les va a los animales que entraron en la competencia, "para saber como nos va y comparar. A veces un toro en el campo parece precioso y cuando llegamos acá hay otros mejores", explicó. Manuela, su prima, quiere ver también "las ovejas Corriedale, porque mi padre antes criaba", contó.
Las cifras
268.000 Son las personas que entraron a la Expo Prado en la primera semana, contando entradas pagas, invitados y visitas de escolares.
495 Es el número de stands comerciales que tienen un lugar en la Expo Prado organizada por la Asociación Rural del Uruguay
Visitantes, precios y opciones
En la primera semana ingresaron al Prado 268.000 personas. Esta cifra incluye las entradas vendidas y también visitas guiadas de escolares, excursiones y delegaciones, según datos aportados por la organización del evento.
Ayer fueron al paseo unas 20.000 personas.
En Plaza Prado, desde el miércoles 10 -comienzo de la exposición- hasta anoche inclusive, ingresaron 37.000 personas (también sumando entradas e invitaciones).
Hay ocho países presentes con pabellones en la exposición: Chile, Venezuela, Argentina, Brasil, México, China, Indonesia y España.
En cuanto a stands comerciales en general hay 495.
Los restaurantes y lugares donde se puede comer ascienden a 36, pero también hay otros sitios donde se venden productos alimenticios, entre ellos miel, arándanos y licores.
La exposición está abierta de 9 a 21 horas hasta el próximo domingo 21.
Las entradas generales cuestan $ 90, los menores de 12 años y los mayores de 65 años pagan $ 45 de lunes a viernes y los menores de 6 años ingresan gratis.
Por todo el evento se paga $ 540 y los estudiantes agropecuarios $ 270.
Mañana a las 18 y 30 horas actúa El Cuarteto en el Ruedo Central.
Para ingresar a Plaza Prado hay que pagar $ 150, con derecho a una consumición.