México resiste entre dos fuegos

 20120212 800x487

La violencia del narcotráfico tiende a estabilizarse por primera vez en México. La guerra entre el cartel de Sinaloa y el de los Zetas causa la mayoría de las muertes.

Durante los cinco días empleados en la realización de este reportaje, más de 100 personas perdieron la vida en México en incidentes relacionados con la narcoviolencia. Estimaciones de prensa cifran en 960 los muertos el pasado enero, uno de los meses más violentos en los últimos tiempos. El dato agranda la tragedia que vive este país, donde la crónica roja sobre asesinatos, decapitaciones, balaceras, sicarios, fosas, secuestros y víctimas desamparadas llena las páginas de los diarios del mundo desde hace años. Una espiral de violencia sin precedentes que parece alimentarse a sí misma hasta alcanzar proporciones de epidemia.

Sin embargo, los últimos datos sobre la crisis de seguridad sugieren que el enfermo, aún muy grave, comienza a dar síntomas de que resiste y de que quizá como dice Alejandro Hope, investigador del Instituto Mexicano para la Competitividad y del think tank México Evalúa, `el país haya alcanzado el punto máximo de contagio`.

En 2011 el número de homicidios entre enero y septiembre, según cifras oficiales, alcanzó los 16.603, elevando a 47.515 el total de muertos durante lo que va del sexenio del presidente Felipe Calderón. Una cantidad intolerable en términos absolutos, pero que podría esconder una tendencia en términos relativos: la tasa de asesinatos vinculados al narcotráfico creció el año pasado el 11%, frente a un incremento del 70% para el mismo periodo de 2010 con respecto a 2009, del 63% de 2008 a 2009, y del 110% de 2007 a 2008. Además, ciudades famosas por su violencia como Juárez o Tijuana experimentaron espectaculares caídas.

Hope apunta algunas razones para explicar `el fin del crecimiento explosivo de la violencia`, como son la mayor capacidad del gobierno -el presupuesto de seguridad casi se ha duplicado y el número de policías federales se multiplicó por seis- y mejor información sobre los grupos criminales gracias a la mayor implicación de las agencias de EE.UU.; nuevos equilibrios en el mundo mafioso tras el debilitamiento de varios carteles, así como una estabilización de los precios de las drogas por la caída del consumo en el vecino del Norte.

Alejandra Sota, portavoz del gobierno federal, añade otra de carácter más político: `La movilización de la sociedad civil que ha presionado a los gobernadores de los Estados para que busquen mayor cooperación con las autoridades federales`. `Ya no se puede decir que la violencia es una responsabilidad exclusiva del gobierno federal. Esta no es la guerra de Calderón, es la lucha por la seguridad de los ciudadanos y requiere el esfuerzo de todos`.

2011 deja otra conclusión. El cartel de Sinaloa, predominante en el Oeste del país, y los Zetas, en el Este, quedan como únicas organizaciones con capacidad para exportar droga al Norte, con infraestructura a nivel nacional y conexiones en EE.UU. y Sudamérica. La guerra entre ellos por la hegemonía en el negocio genera una orgía de violencia -baste recordar el hallazgo de decenas de cadáveres a plena luz del día en Boca del Río-Veracruz el pasado septiembre o en el centro de Guadalajara en noviembre-, y de su resultado, según Eduardo Guerrero, experto en narcoviolencia, `dependerá en buena parte la evolución de la inseguridad en este semestre`.

LUCHA ENTRE CARTELES. Ambas organizaciones son muy diferentes. El cartel de Sinaloa tiene una estructura de clan familiar, se ha dotado de una imagen empresarial y es considerado más sutil en el uso de la violencia -frecuentemente filtrando a las autoridades el paradero de sus rivales- que los Zetas, un grupo de origen militar, disciplinado y brutal en sus acciones, que opera con un sistema de franquicias que permite a las células locales un alto grado de autonomía.

La consultora estadounidense Stratfor anticipa en su último informe que la guerra entre ambas organizaciones aumentará la violencia este año en los Estados de Jalisco, Guerrero y Michoacán y que `la única manera de que el gobierno mexicano pueda reducir la violencia a un nivel aceptable es permitir que uno de los carteles llegue a dominar en todo el país o que Sinaloa y los Zetas alcancen una tregua`, lo que juzga improbable.

Eduardo Guerrero afirma que la estrategia actual del gobierno consiste, por un lado, en concentrarse en los Zetas, a los que ve más dañinos, `lo que tiene el efecto perverso de convertir a los de Sinaloa en cómplices estratégicos de las autoridades`, y por otro en golpear a las mafias locales y a los remanentes de los antiguos carteles, `deteniendo a sus gestores financieros o responsables de armas, pero no a sus capos, para evitar que su caída genere más violencia`.

La nebulosa de organizaciones criminales crecidas a la sombra del narcotráfico, empeñadas en dotarse de una reputación de violencia, es la otra parte de la ecuación de inseguridad en México. Esa red de pequeños grupos mafiosos muy especializados no tiene capacidad para trasegar con drogas, pero sí para crear caos mediante la extorsión y el secuestro. `Se da el caso`, asegura Guerrero, `de gente que no espera a ser extorsionada sino que sale a buscar protección`. Hope apunta que esas bandas fueron las responsables del pánico en Acapulco el pasado verano, `una amenaza terrible para sus habitantes, pero no para la existencia del Estado mexicano`.

POR UN VACÍO DE PODER. El historiador colombiano Marco Palacios, profesor en El Colegio de México, subraya que `el negocio de las drogas no implica una espiral de violencia necesariamente si está centralizado`, como ilustran los casos de Turquía o Tailandia, por donde circula una enorme cantidad de estupefacientes. En su opinión, el narcotráfico se aprovechó del vacío de poder que se produjo al acabar la pax priísta y debilitarse el poder central con la transición democrática tras el fin de la hegemonía del PRI.

Palacios se pregunta también cómo saldrá el Ejército mexicano de este trance. Actualmente hay 45.000 soldados desplegados en esta lucha, una cuarta parte de su fuerza. `Ahora es más consciente de su poder, tiene más recursos y conoce mucho mejor el país. Contra su tradición, corre el riesgo de sudamericanizarse`, advierte.

México camina hacia las elecciones presidenciales de julio y no hay experto que descarte en este tiempo demostraciones de fuerza del crimen organizado, o que señale que la estabilización de la violencia no significa caída. Pero al menos al enfermo no le ha subido más la fiebre y el virus comienza a estar controlado.

La subjetiva percepción de inseguridad

En Colombia la tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes es casi el doble que la de México. Sin embargo, acabo de pasar unos meses allí y el mensaje que parecen sugerir el gobierno y la prensa es que toda va bien. En cambio, llego a México y a los tres días ya estoy intoxicado por la violencia`, cuenta el historiador Marco Palacios e investigador de El Colegio de México para destacar cuán subjetiva es la percepción de la inseguridad y la responsabilidad de los medios.

Dos encuestas publicadas esta semana ilustran la complejidad y las contradicciones en el sentir de los mexicanos sobre su vulnerabilidad ante la violencia. El índice del Instituto Nacional de Estadística y Geografía referido a enero apunta un ligerísimo aumento (inferior al 2%) de quienes sienten que su seguridad personal ha mejorado respecto al mismo mes de 2011 y que la gran mayoría cree que las cosas seguirán igual. Pero cuando a los encuestados se les pregunta por la seguridad en general del país, el 11,6% considera que está mejor que hace un año.

El sondeo de la consultoría Parametría subraya que el 59% de la gente se siente menos segura que nunca en su barrio; un 79% piensa que su Estado no es seguro -en agosto de 2011 opinaban así el 93% de los consultados-, y el 90% que México no lo es. Pese a ello, en los últimos 11 meses disminuyó 17 puntos la opinión de quienes creen que el narco va ganando la guerra.

Los carteles principales

Cartel de Sinaloa. Dirigido por Joaquín El Chapo Guzmán, el capo de capos, desde su espectacular fuga del penal de Puente Grande en 2001. Está presente en al menos 16 de los 32 Estados mexicanos, y tiene conexiones con EE.UU. y Centroamérica. En su guerra contra los Zetas mantiene alianzas con los restos del cartel del Golfo, Los Caballeros Templarios de Michoacán y el cartel de Jalisco Nueva Generación. En 2011 ha perdido a una decena de sus líderes.

Los Zetas. Fundado por desertores de las fuerzas especiales del Ejército se unieron en 1999 al cartel del Golfo. En 2008 declara la guerra a sus antiguos socios en Tamaulipas y otros Estados. Desde entonces su crecimiento es espectacular. Operan en 17 Estados con fuerte presencia en el corredor del golfo de México. Dirigidos por el exmilitar Heriberto Lazcano, El Lazca, son famosos por ensañarse con sus víctimas. En 2011 perdieron a 17 jefes.

Los Caballeros Templarios. Herederos de la Familia Michoacana, nacen hace 11 meses y dominan en cinco Estados. Como sus antecesores, además de narcos pretenden ser un movimiento sectario-religioso con influencia política. Son dirigidos por Servando Gómez Martínez, La Tuta, maestro de escuela.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar